Durante décadas, la alimentación humana ha sido objeto de estudio por su impacto en la salud, y uno de los campos que más atención ha recibido es el de los cánceres asociados a factores nutricionales. Hoy, con tasas de incidencia que siguen siendo altas en muchos países desarrollados, comprender cómo determinados alimentos pueden influir en la aparición de tumores es una prioridad para médicos y especialistas.
En septiembre de 2017, en una charla en el marco del Día Mundial de la Investigación en Cáncer, el virólogo y Premio Nobel de Medicina Harald zur Hausen (1936-2023) planteó una advertencia que resonó entre expertos y público general: para él, ciertos productos de la dieta moderna podrían ser factores de riesgo para el cáncer colorrectal.
Estas declaraciones formaron parte de su intervención en un evento en Madrid organizado por instituciones científicas en el que también discutió la prevención y la detección temprana de la enfermedad.
Un Nobel con mirada sobre la dieta y el cáncer
Harald zur Hausen, galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 2008 por demostrar que el virus del papiloma humano puede causar cáncer de cuello uterino, dedicó buena parte de su carrera a estudiar cómo infecciones y otros factores externos podrían desencadenar tumores.
En el contexto de la conferencia de 2017, el científico alemán subrayó que no solo las infecciones son relevantes en el desarrollo de cáncer, sino también componentes de la alimentación humana. En esa ocasión afirmó con firmeza que “el consumo de carne vacuna es un factor de riesgo elevado para el cáncer del colon”.
Este planteamiento se basaba en observaciones epidemiológicas que muestran tasas más altas de la enfermedad en países con alto consumo de carne de vacuno, como Japón o Corea del Sur, y tasas significativamente menores en regiones como India, donde este alimento se consume poco por motivos culturales y religiosos.
Además de la carne, zur Hausen advirtió sobre la importancia de considerar otros productos derivados del ganado en el riesgo oncológico. Señaló que la leche de vaca también podría estar implicada en procesos que favorecen la aparición de tumores o enfermedades degenerativas como la esclerosis múltiple o el párkinson, aunque en ese punto subrayó que se requerían más estudios científicos sólidos para confirmar la relación.
Para el investigador, su advertencia no debía interpretarse como una condena radical de ciertos alimentos, sino como un llamamiento a la prevención y a la investigación.
“Los datos epidemiológicos sugieren la importancia de seguir investigando tanto en las infecciones como en la alimentación, que pueden estar relacionadas con otros cánceres o patologías que aún desconocemos”, dijo en ese evento, destacando la necesidad de profundizar en estos factores potenciales.
Evidencia científica detrás de la advertencia
La advertencia de zur Hausen en 2017 no surgió de la nada, sino que se apoya en un cuerpo creciente de estudios epidemiológicos y revisiones científicas sobre el vínculo entre la carne roja y el cáncer colorrectal.
Numerosas investigaciones han mostrado que el consumo regular de carne roja y procesada está asociado con un aumento del riesgo de desarrollar cáncer de colon y recto, posiblemente debido a compuestos que se generan durante la cocción a altas temperaturas o a otros mecanismos biológicos complejos.
El Instituto Internacional de Investigación sobre el Cáncer, parte de la OMS, ha clasificado las carnes procesadas como carcinógenas para los humanos y la carne roja como probablemente carcinógena, lo que respalda la idea de que estos alimentos pueden desempeñar un papel en el desarrollo de tumores colorrectales.
Por otra parte, estudios más específicos han explorado la hipótesis de que factores infecciosos presentes en la carne de vacuno y los productos lácteos podrían contribuir a la carcinogénesis. Investigaciones lideradas por grupos científicos, incluida la coautoría de zur Hausen en trabajos previos, identificaron moléculas de ADN circular en carne y leche de bovino que podrían interactuar con células humanas y favorecer procesos cancerígenos, aunque este campo aún requiere confirmación adicional.
No obstante, los expertos enfatizan que no se trata de demonizar completamente la carne en la dieta, sino más bien de moderar su consumo y de incluir en la alimentación diaria una mayor proporción de alimentos vegetales, frutas, verduras y fuentes alternativas de proteínas, siguiendo recomendaciones de múltiples organismos de salud pública.
Relevancia para la prevención y salud pública
La intervención de Harald zur Hausen hace casi una década sigue siendo relevante hoy, especialmente en sociedades donde la dieta occidental con altas cantidades de carne roja y procesada prevalece. El cáncer colorrectal es una de las formas más comunes de cáncer a nivel mundial y representa un importante desafío de salud pública, con varios factores de riesgo conocidos que incluyen la edad, la genética, el sedentarismo y la alimentación.
Para muchos especialistas, la clave está en la prevención activa: identificar los hábitos que pueden incrementar el riesgo de cáncer y promover cambios que reduzcan esa probabilidad.
Esto incluye, tal como sugieren los estudios y las recomendaciones de organizaciones internacionales, moderar la ingesta de carnes rojas y procesadas, mantener un peso corporal saludable, hacer ejercicio regularmente y optar por dietas ricas en productos vegetales.
La advertencia de zur Hausen, hecha en el marco del Día Mundial de la Investigación en Cáncer, fue un recordatorio potente de que la ciencia no solo se ocupa de curar, sino también de prevenir. En sus palabras, la comprensión de los factores de riesgo relacionados con la alimentación podría ofrecer nuevas oportunidades para reducir la incidencia de cáncer y mejorar la salud de generaciones futuras.
Su mensaje, aún vigente, invita a la sociedad a replantear hábitos diarios y a los sistemas de salud a fortalecer las campañas de prevención, un enfoque que podría tener un impacto significativo en la lucha contra una de las enfermedades más temidas del mundo.