

Europa ha encontrado en la basura la clave para su soberanía energética en el sector de las baterías eléctricas. En lugar de depender exclusivamente de minas lejanas y de importaciones controladas por China, el continente apuesta por la minería urbana.
De esta manera, busca reciclar baterías viejas para recuperar materiales críticos y fabricar nuevos componentes de alto rendimiento. Esta estrategia no solo reduce la dependencia externa, sino que promete ser más sostenible y competitiva en costos a largo plazo.

La alianza europea que recicla estas baterías
Dos empresas europeas lideran este avance: la alemana Cylib y la noruega Vianode. Ambas han forjado una alianza estratégica para transformar baterías desechadas en materia prima de calidad para vehículos eléctricos del futuro.
El proceso se centra en la “masa negra”, el polvo resultante de triturar baterías gastadas, donde el grafito puede representar hasta el 50% del contenido.
El grafito es el “héroe anónimo” de las baterías de iones de litio y que se convirtió en “oro” dentro de los restos de basura. Constituye entre el 10% y el 20% del peso de una celda y resulta esencial para el ánodo (polo negativo).
Europa dependía casi por completo de importaciones, especialmente de China, que impuso restricciones severas a sus exportaciones. Esta vulnerabilidad geopolítica ha convertido el reciclaje en una cuestión de supervivencia industrial.
Así reciclan las baterías en Europa
Cylib ha desarrollado una tecnología propia llamada OLiC, basada en agua, que recupera hasta el 90% de los metales críticos (litio, grafito, níquel, cobalto y manganeso) de baterías gastadas. Además, reduce las emisiones de carbono en un 80% comparado con la extracción minera tradicional.

Este enfoque ya ha demostrado su viabilidad. En 2025, Cylib logró junto a Syensqo producir hidróxido de litio de alta pureza directamente de la masa negra, procesando diferentes químicas de baterías en una misma línea.
El grafito recuperado por Cylib se entrega ahora a Vianode, que lo utiliza para crear ánodos sintéticos avanzados con un ambicioso objetivo: emitir solo 1 kg de CO₂ por kilo de grafito producido hacia 2030.
Como señaló la Dra. Lilian Schwich, cofundadora de Cylib, en el sitio oficial de la empresa: “Circular no significa hacer concesiones. Significa una ventaja competitiva para Europa”.
Entre la independencia energética y las dudas políticas
Este progreso tecnológico choca con un debate político intenso en Bruselas. La Comisión Europea evalúa retrasar o suavizar la prohibición de vender coches de combustión a partir de 2035, ante presiones de fabricantes como Volkswagen, Stellantis y Ford.
Argumentan que los consumidores no están dispuestos a pagar más por vehículos eléctricos y que la infraestructura de carga es insuficiente.
Sin embargo, marcas puramente eléctricas como Polestar advierten que cualquier retraso sería un error estratégico que beneficiaría a China. Michael Lohscheller, su CEO, lo resumió claramente: “La tecnología está lista, la infraestructura de carga está lista y los consumidores están listos. Entonces, ¿a qué estamos esperando?”.












