En un contexto de cambio constante y digitalización del consumo, son muchos los locales que han mantenido un modelo tradicional durante años, pero que han atravesado problemas económicos en el último tiempo y se han visto obligados a tomar medidas drásticas, como recortes, cambios de negocio o, en el peor de los casos, bajar las persianas.
En 1980 se inauguró el número 501 de la Avinguda Diagonal el restaurante Tramonti, un local que acompañó una oleada de gastronomía extranjera que se expandió por Barcelona durante la época posterior a la dictadura. Detrás del emprendimiento estuvo Giuliano Lombardo, chef italiano que decidió establecerse en una Barcelona de plena transformación.
Junto a su hermano, Franco Lombardo, dieron el mayor paso de su trayectoria empresarial familiar. El local pronto destacó por una propuesta culinaria que iba más allá de la simple novedad: pastas elaboradas con mimo, recetas tradicionales y un enfoque cercano que convertía cada visita en una experiencia personal. Con el tiempo, Ana, la hermana pequeña, también se incorporó al negocio.
La historia del restaurant que cerrará sus puertas para siempre luego de 46 años
La reputación del restaurante no solo se cimentó en los fogones. La ambientación cálida, el trato directo de sus propietarios y la sensación de estar en casa fueron elementos clave para fidelizar a generaciones de clientes. Lo que empezó como una apuesta arriesgada en una ciudad poco familiarizada con la cocina italiana terminó convirtiéndose en un referente consolidado.
Sin embargo, el ciclo del restaurant llega ahora a su fin. Tras el fallecimiento de Giuliano Lombardo a los 75 años, apenas ocho meses después de la muerte de su hermano Franco, la familia anunció la pérdida con un emotivo mensaje publicado en redes sociales: “Hoy se reúne Giuliano Lombardo con su hermano Franco en el cielo, dejándonos un gran vacío a ‘famiglia’ y amigos”.
Sin embargo, sin un relevo generacional consolidado para tomar las riendas, el restaurante bajó la persiana el 31 de diciembre de 2025. “Desde que se supo que cerraban para siempre, en una de estas extrañas pero emotivas reacciones populares, un buen número de barcelonistas han pasado por allí para despedirse. También lo hicimos en este restaurante que, desde que vivimos en Les Corts, teníamos ubicado entre nuestros rincones favoritos”, escribe Joan Safont en una publicación sobre este mítico sitio de la Ciudad Condal.