La frase circula en discursos políticos, redes sociales y debates académicos. Se graba en muros, se imprime en camisetas, se invoca cada vez que alguien quiere reivindicar el derecho a disentir. El problema es que casi nunca aparece con el nombre correcto. La cita no proviene de Voltaire: se originó en una biografía de Evelyn Beatrice Hall publicada en 1906, más de un siglo después de la muerte del filósofo.
Hall fue una escritora y traductora británica, nacida en 1868, que publicó varias obras antes de que apareciera el libro que le daría la fama: The Friends of Voltaire (1906), una biografía del ilustrado francés que alcanzó notable éxito. En ese libro, sin embargo, escribió una frase que la historia le robaría sin piedad.
Evelyn Beatrice Hall, la autora de la frase más atribuida a Voltaire
En The Friends of Voltaire, Hall escribió “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” como una ilustración de las creencias de Voltaire. No era una cita directa del filósofo. Era su propia síntesis, redactada para capturar una actitud.
El contexto era concreto: Hall describía un episodio protagonizado por el filósofo Claude-Adrien Helvétius, quien en 1758 publicó una obra polémica titulada De l’esprit. El libro fue condenado en el Parlamento de París y por el Colegio de la Sorbona. Voltaire no era admirador del texto, pero consideraba que las críticas eran injustas. Fue en ese momento cuando Hall escribió la frase entre comillas como síntesis de la actitud de Voltaire -no como cita textual suya-, lo que con el tiempo llevó a atribuírsela erróneamente al propio filósofo.
¿Cómo se convirtió una paráfrasis en la cita más famosa de Voltaire?
La frase se popularizó de forma masiva cuando fue atribuida a Voltaire como una “Cita Destacada” en el Reader’s Digest en junio de 1934. En respuesta a esa atribución errónea, Hall declaró en el Saturday Review del 11 de mayo de 1935 que no había pretendido implicar que Voltaire usara esas palabras literalmente y que se sorprendería si aparecieran en alguna de sus obras.
La propia autora, en vida, desmintió la atribución. Pero el desmentido llegó demasiado tarde para competir con la velocidad de la divulgación. A través del tiempo, la frase se ha atribuido a personajes de lo más diverso, en su mayoría masculinos, y casi todo el mundo cree que fue dicha por Voltaire. Pocas veces se recuerda que fue acuñada por una mujer.
Una escritora en la sombra del filósofo que biografió
En el contexto inmediato del texto original, Hall precedía la síntesis con una frase que describía la postura de Voltaire: que defendería hasta la muerte la libre expresión de opiniones, por considerarla la única salvaguarda contra la tiranía. Más tarde, en el prólogo a la edición de 1929, Hall aclaró que la frase no eran las palabras directas de Voltaire sino su resumen interpretativo de la determinación del filósofo de proteger los derechos de publicación de Helvétius.
La frase expresa de forma popular una tesis ilustrada: la libertad de expresión es condición de todas las demás libertades. Si se silencia a alguien, se impide que la verdad se contraste y se bloquea cualquier propuesta diferente. Lo paradójico es que esa idea, cuya autoría pertenece a una mujer, lleva décadas circulando con el nombre de un hombre. Hall murió en 1956. Su obra The Friends of Voltaire seguía imprimiéndose casi cien años después de su publicación, en 2003. La frase, en cambio, sigue siendo de otro.
El libro original de 1906 está en dominio público y puede leerse de forma gratuita en Project Gutenberg y en Internet Archive.