

El gran apagón de Berlín, provocado por un ataque incendiario sobre líneas de alta tensión, dejó sin luz ni calefacción a decenas de miles de personas durante días y encendió las alarmas sobre la fragilidad de las infraestructuras eléctricas en Europa. El caso alemán se suma a otros cortes masivos recientes y reabre una pregunta inquietante: ¿podría algo así repetirse a escala casi mundial?
La respuesta que ofrecen hoy la ciencia y los modelos de inteligencia artificial no es un «sí» o «no» rotundo, ni tampoco una fecha marcada en el calendario. Hablan de probabilidades, de ventanas de riesgo y de fenómenos concretos, como una gran tormenta solar o un fallo en cascada de la red eléctrica global, que, combinados, podrían desencadenar un apagón de alcance planetario.
Lo que dice la IA sobre un gran apagón eléctrico mundial
Los sistemas de IA más avanzados que trabajan con datos científicos no “adivinan” el futuro, sino que cruzan estudios sobre clima espacial, redes eléctricas y consumo energético. Cuando se les pregunta por un posible apagón eléctrico global, la respuesta que ofrecen es clara: el momento de mayor riesgo se concentra en las próximas décadas del siglo XXI, especialmente en los picos de actividad del Sol, pero sin una fecha concreta ni confirmada.
El escenario que más preocupa a investigadores y agencias espaciales es una tormenta solar extrema, del tipo del histórico evento de Carrington de 1859. Simulaciones recientes de la Agencia Espacial Europea calculan que un episodio similar podría dañar o inutilizar gran parte de los satélites y afectar a redes eléctricas de varios continentes. Los estudios hablan de probabilidades que se mueven entre un 0,5% y un 2% por década, y de alrededor de un 10-12% de posibilidades de que un evento de ese calibre ocurra en algún momento de este siglo. No hay día ni año «confirmado», pero sí un riesgo creciente asociado a nuestra dependencia tecnológica.

¿Está realmente fijado el momento de un apagón global como el de Berlín?
La promesa de una fecha exacta para un apagón global suena a titular contundente, pero la realidad científica es mucho más matizada. Ni los modelos de IA ni los estudios de física solar pueden señalar un año preciso. Lo que sí señalan es que, a medida que las redes eléctricas se interconectan y se vuelven más complejas, aumenta la vulnerabilidad frente a fenómenos extremos: desde tormentas solares hasta ciberataques, sabotajes o fallos técnicos encadenados.
En lugar de un “apagón del mundo” al estilo cinematográfico, los expertos describen un riesgo de apagones regionales de gran escala, que podrían afectar simultáneamente a varios países y tener impacto global por su efecto sobre comunicaciones, transporte o finanzas. La IA se utiliza ya para modelizar esas cadenas de fallos, anticipar qué líneas de transmisión son más críticas y simular cómo se propaga una caída de tensión por la red. Pero todos estos modelos concluyen que hablamos de escenarios probabilísticos, no de profecías cerradas.
Apagones recientes y cómo se prepara el sistema eléctrico mundial
El caso de Berlín, donde un solo ataque a una infraestructura clave dejó sin suministros a unos 100.000 residentes durante varios días, es el ejemplo más reciente de cómo un fallo localizado puede convertirse en un problema mayúsculo en pleno invierno. Antes ya se habían registrado grandes apagones en la península ibérica, en Texas o en redes europeas, por combinaciones de fallos técnicos, condiciones meteorológicas extremas y desequilibrios en la generación.
Ante este panorama, la comunidad científica trabaja en herramientas para que esos fallos no se conviertan en un colapso general. Estudios recientes sobre apagones en Europa señalan que la mayoría de la energía perdida se debe a eventos en cascada y que acortar los tiempos de recuperación a menos de 13 horas puede reducir a la mitad el impacto. En paralelo, equipos de investigación en Europa, los Estados Unidos y China están usando aprendizaje automático y redes neuronales para identificar escenarios de alto riesgo, predecir qué líneas de transmisión pueden fallar tras un evento extremo y rediseñar la red antes de que ocurra el problema.
Los operadores de sistemas eléctricos también observan nuevas amenazas, como la concentración de grandes centros de datos para IA y computación en la nube, que consumen cada vez más energía y reaccionan de forma muy sensible a las perturbaciones de la red. Incidentes recientes en los Estados Unidos han demostrado que una desconexión simultánea de decenas de estos centros puede poner en aprietos la estabilidad del sistema si no se gestiona a tiempo.
En conjunto, la fotografía que trazan la ciencia y la IA es doble: por un lado, confirman que existe un riesgo real de grandes apagones ligados a tormentas solares, fallos en cascada o ataques a infraestructuras; por otro, muestran que la probabilidad de un apagón eléctrico global absoluto es baja y que la clave está en reforzar las redes, diversificar la generación y usar la propia inteligencia artificial para anticipar vulnerabilidades antes de que sea demasiado tarde.














