

Álvaro Espuelas Aranguren tiene 21 años y estudia Bioquímica en la Universidad de Navarra. Durante el curso académico se concentra en sus clases y exámenes, pero cuando llega el verano cambia los laboratorios por las carpas de boda. Trabaja como camarero en Mahercatering, una empresa especializada en celebraciones, donde atiende hasta siete eventos cada fin de semana.
El joven llegó a este empleo por la recomendación de un amigo que ya trabajaba allí desde hacía dos años. Su motivación era clara: aprovechar el tiempo libre y ganar experiencia en un sector que, aunque no tiene relación directa con sus estudios, le permite generar ingresos y desarrollar habilidades útiles para su futuro profesional.
Un estudiante universitario que camina 23 kilómetros por boda
Álvaro describe su trabajo con una comparación muy gráfica: “Un día de trabajo es equivalente a hacer una etapa del Camino de Santiago. Hago unos 23 kilómetros”. La cifra no es exagerada. Durante una boda, los camareros recorren constantemente el espacio del evento cargando bandejas, sirviendo bebidas y atendiendo a los invitados.
El trabajo en eventos de catering tiene una ventaja que valora especialmente: la flexibilidad. La empresa avisa cuando hay una boda programada y los empleados se apuntan en una lista según su disponibilidad. Los turnos se dividen en tres: el primero arranca a las 10:00 de la mañana para preparativos, el segundo a las 12:00 para el servicio de comida y el último a las 17:00 para la tarde y el cierre del evento.

¿Por qué tantos estudiantes trabajan en hostelería durante el verano?
La respuesta combina factores económicos y formativos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística recogidos por la Encuesta de Población Activa, casi 960.000 jóvenes en España estudian y trabajan al mismo tiempo. La cifra representa un 16% de los jóvenes españoles, por debajo de la media europea pero significativa en un contexto de altos costes de matrícula y alquiler.
El sector de la hostelería absorbe a muchos de estos jóvenes porque ofrece contratos temporales, horarios compatibles con el calendario académico y no exige titulación previa. Álvaro reconoce que “nunca está mal ganar experiencia en el sector de la hostelería”, un ámbito que puede abrir puertas laborales incluso fuera del ámbito de los estudios universitarios.
El precio de estudiar y los trabajos de verano
El coste de una carrera universitaria en España varía según la comunidad autónoma y el tipo de universidad. Los grados en universidades públicas oscilan entre 700 y 2500 euros por curso, mientras que en las privadas pueden superar los 10.000 euros anuales. A eso se suma el alquiler, que en ciudades universitarias como Pamplona, Madrid o Barcelona representa el mayor gasto mensual para los estudiantes.
Álvaro forma parte de un equipo de jóvenes de entre 18 y 24 años que trabajan juntos en las bodas, de acuerdo a una entrevista que le dio al Diario de Navarra. Destaca el buen ambiente: “Lo que más me gusta del trabajo es el ambiente. Nos lo pasamos muy bien, conocemos gente y nos reímos mucho”. Sin embargo, también admite el desgaste físico: “La espalda se puede resentir por el peso de la bandeja y la acumulación de esfuerzos”.












