

Las olas que rompen en las costas están siendo más grandes y potentes que en décadas anteriores, y científicos de diferentes partes del mundo advierten que esta tendencia podría intensificarse con el calentamiento global y el aumento del nivel del mar. El fenómeno se vincula con cambios en los patrones de viento y aumento de la energía del oleaje, lo que podría aumentar los riesgos en zonas costeras como Canarias y el Atlántico.
En España, episodios recientes de mar de fondo han provocado víctimas y daños materiales, lo que ha llevado a meteorólogos y expertos en clima a señalar que no se trata solo de temporales aislados sino de una señal de los efectos del cambio climático sobre los océanos.
Olas más grandes impulsadas por océanos más cálidos y nivel del mar elevado
El calentamiento de los océanos es una consecuencia directa del aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Estos gases hacen que los océanos absorban más del 90% del exceso de calor de la Tierra, lo que incrementa la energía disponible para generar olas.
Al mismo tiempo, la subida del nivel del mar por la expansión térmica del agua y el deshielo de glaciares y casquetes polares hace que las olas lleguen a la costa con más fuerza y menos pérdida de energía. Eso aumenta la erosión costera y el impacto sobre infraestructuras y personas.
Los patrones de viento también están cambiando por el calentamiento global, provocando borrascas más profundas y persistentes en el océano Atlántico. Estos sistemas generan vientos más fuertes y prolongados sobre grandes extensiones de mar, lo que contribuye a que las olas crezcan en altura, energía y longitud antes de azotar la costa.

¿Por qué las olas están creciendo?
La formación del oleaje depende de tres factores principales: la velocidad del viento, la distancia sobre la que sopla (fetch) y el tiempo que sopla ese viento. Cuando los océanos están más cálidos, pueden generar tormentas más potentes y persistentes, lo que favorece olas más grandes.
Además, los modelos climáticos muestran que en algunas zonas del Atlántico Sur y tropical ha habido un aumento sostenido de la altura significativa de las olas en las últimas décadas, lo que indica una tendencia hacia oleajes más intensos y frecuentes.
Aunque todavía es difícil atribuir cada ola gigante individual exclusivamente al cambio climático, ya que también influyen la topografía del fondo marino, patrones naturales como la oscilación del Atlántico o variabilidad climática interna, hay consenso en que la tendencia general es de aumento en la energía del oleaje a largo plazo.
¿Qué significa esto para las zonas costeras y la seguridad?
En regiones como las Islas Canarias, episodios de oleaje han causado muertes y accidentes, incluso en días con advertencias activadas. En diciembre pasado, varias personas fueron arrastradas por fuertes olas en piscinas naturales y zonas costeras, lo que ha impulsado la atención de las autoridades y científicos sobre un mar cada vez más “energético”.
El aumento del nivel del mar también eleva el punto desde el que las olas comienzan a impactar la costa. Esto significa que incluso olas de altura moderada pueden llegar más adentro de lo que solían hacerlo, incrementando el riesgo de inundaciones costeras y daños a infraestructuras como paseos marítimos, carreteras y edificios cercanos al mar.
Vientos más intensos y borrascas más profundas favorecen también periodos de mar de fondo más largos y persistentes, que pueden durar varios días y elevar el nivel medio del mar durante tormentas. Esto puede agravar la exposición de comunidades costeras y sistemas naturales como dunas y playas.
El papel del cambio climático y el futuro del oleaje
Aunque cada región puede experimentar tendencias distintas, los estudios climáticos coinciden en que el aumento de las temperaturas oceánicas y la subida global del nivel del mar son factores clave en la modificación del clima del oleaje en muchas partes del mundo.
Organismos internacionales como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) han señalado que el océano es uno de los indicadores más estables del calentamiento global, y sus cambios tienen impactos amplios sobre fenómenos meteorológicos y marinos, incluidos el comportamiento del oleaje y los niveles costeros.
A medida que el planeta sigue acumulando calor en los océanos, la energía disponible para tormentas y sistemas meteorológicos intensos también aumentará, lo que sugiere que las olas grandes podrían volverse más comunes y más peligrosas en muchas zonas costeras.














