En España, el emprendimiento se ha convertido en una opción cada vez más apreciada entre las salidas profesionales posibles. Son los jóvenes, sobre todo, quienes impulsan esta idea que prioriza la independencia laboral y la creación de proyectos propios.
Sin embargo, son muchos los autónomos que argumentan que el camino del emprendimiento se encuentra plagado de riesgos, sacrificios y desafíos. A su vez, todos los emprendedores que cuentan sus experiencias comparten algo en común: las ganas y el esfuerzo por sacar adelante un proyecto.
Este es el caso de Alejandro Fernández Mancebo (54 años) y Diego Fernández Herrero (26 años), padre e hijo, quienes decidieron emprender juntos. Durante un viaje por Estados Unidos tuvieron la idea de trasladar hasta Valladolid un modelo de negocio bajo un “concepto muy americano”.
Desde entonces, padre e hijo han reinventado la empresa que Alejandro tenía desde 1999 y abierto en otra ubicación lo que es hoy Servi Moto Center (SMC), su negocio soñado. En la actualidad, SMC es un conjunto de distintos modelos de negocio. Por un lado, un concesionario de motos, un taller multimarca, una pequeña boutique con ropa para conducir sobre dos ruedas y cascos y, lo que es principalmente la idea más disruptiva, una hamburguesería.
El emprendimiento americano exportado por un padre y su hijo
“Tenemos mucha familia en San Diego, en California (EE. UU.), y mi tío Glen nos estuvo enseñando toda la concesión de Harley Davidson que hay. Rescatamos un montón de ideas y allí se estila mucho el concesionario, el taller y que luego haya una hamburguesería, una cervecería o una sala de tatuajes incluso”, explicó Diego en charla con El Español.
La familia Fernández ha estado ligada al mundo de las motos durante años. Alejandro trabajó en el taller de su hermano mayor “ahorrando mucho” hasta que pudo abrir las puertas de SMC en 1999. Hoy, su pequeño emprendimiento se ha expandido y ofrece varios servicios más que el taller. “Siempre tuvo la ilusión de poder llegar a competir en moto y montar un taller. Desde bien pequeño le preguntaban qué quería ser y decía que mecánico y piloto”, apunta su hijo.
Por su parte, Diego también ha estado “siempre involucrado en el mundo de la moto y la competición”. Dejó los estudios con el “objetivo principal” de trabajar junto a su padre, pero en ese momento le dijo que no le necesitaba y que antes “tendría que conocer el mundo”.
Tras cinco años de trabajo por el mundo, “de todo, desde la obra, camarero o repartidor”, Alejandro “rescató” a su hijo de Murcia porque ya era buen momento para que se incorporara a la empresa. Con la idea que descubrieron en San Diego, padre e hijo comenzaron una búsqueda para expandir SMC, hasta que encontraron el terreno en la calle Francisco Umbral.
Las mayores dificultades de emprender, según padre e hijo
Diego es el encargado de gestionar SMC Burger, el restaurante que abrieron en el complejo. Esta pata del negocio era la que más respeto les daba porque nunca habían estado involucrados en la gestión de un establecimiento hostelero.
El modelo de SMC se “engloba en un todo”. Luego, a nivel hostelero, funcionan con un “triple enfoque”. Este es un modelo de negocio estandarizado, pero lejos de lo habitual hoy en España. “Estamos funcionando como un bar de polígono, para todos los empleados de la zona, pero con el gancho para nuestros clientes de una mejor atención”, explicó Diego.
De esta manera, en lo que uno de sus clientes ha dejado la moto para pasar el mantenimiento, “puede pasar aquí (a SMC Burger) y desayunar tranquilo, sin que haga falta que se vaya a su casa”. Además de para empleados y clientes, también funcionan como un restaurante convencional, con “reserva los fines de semana”.
SMC nació así bajo una nueva idea con el objetivo de que sea un proyecto “a futuro y largo plazo”. “Mi padre podía perfectamente haber aguantado en su antiguo taller unos años, jubilarse y ya luego ver si decidía yo montar algo, pero lo impulsé yo este cambio para que ya sea algo nuestro”, concluye el joven emprendedor.