Cada vez que viaja, las exigencias de Javier Milei no son muchas en materia culinaria. Come carne, a lo sumo una hamburguesa. Pide Coca Cola regular, aunque ya dejó de agregarle azúcar por recomendaciones médicas. Y respecto del café batido que le gusta no reclama nada. Su hermana Karina, la secretaria general de la Presidencia, lleva en la cartera la única marca que toma el jefe de Estado: Dolca.
Algo así de simple y previsible quieren construir desde la conducción política del oficialismo para los próximos meses cuando termine el Mundial, ese regalo del cielo de distracción y buen ánimo que se insufla desde Estados Unidos de la mano del sueño de la Selección Argentina.
Esta semana, el cierre de una fábrica de indumentaria en Eldorado, Misiones, el reclamo de policías en Santa Cruz por bajos sueldos o la advertencia de la Academia de Ciencias sobre una fuga de cerebros entre investigadores reconocidos se transitaron con mucha suavidad gracias a la expectativa de que el equipo avance en cada instancia. Milei y su hermana, de hecho, hasta salieron en medios afines a exaltar los valores del equipo y arriesgaron: hablaron de darle la Casa Rosada a Lionel Messi y compañía para una celebración al regreso. Anulo mufa por mil.
A partir de ahora, según han escuchado algunos empresarios con llegada al oficialismo, se trata de trabajar para un camino lo más firme posible hacia la reelección. El flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, tiene orden de blindar un corpus de gobernadores para que acompañen en el Congreso y jueguen con la Casa Rosada en la estrategia electoral del año que viene. Para eso, necesita caja: la caída de la recaudación de los impuestos que se coparticipan genera tensión pero también abre una opción fácil para llegar a acuerdos. Es cuestión de números.
En materia económica, hay un combo en el que se destaca ahora la idea de acelerar la reactivación. Santilli, menciona en sus entrevistas el concepto “plan vial”, una forma camuflada de traducir al idioma libertario la idea de “obras”, que antes hacía el Estado y ahora se adjudican al sector privado, no importa si se trata de Cristóbal López o apellidos que refulgen entre los acusados de la causa de los cuadernos de las coimas durante el kirchnerismo, desde Panedile hasta Cartellone o Rovella Carranza.
En la desesperación por generar impacto en la calle desde una administración que se enfoca en ordenar la macro, también hay ruidos por la decisión de declarar de “interés público” una iniciativa privada para remodelar la estación de ómnibus de Retiro, abandonada a su suerte tras décadas de gestión de Néstor Otero, que sobrevivió a todos los gobiernos por décadas hasta que lo encontró la muerte el año pasado.
Ahora, el ministro de Economía, Luis Caputo, celebró que la propuesta del grupo Inverlat Investment, de Damián Pozzoli y Federico Salvai, entre otros -los dueños de Havanna- avance con la venia oficial antes del llamado a una licitación. Ante la queja de otros competidores que quieren pujar por el mismo filón y ahora tendrán un competidor con ventaja -la declaración de interés público les permite mejorar las ofertas de los demás- la respuesta oficial fue tajante: “Hubieran presentado ustedes la iniciativa privada”.
El martes el Indec dará a conocer la inflación, que es muy probable quiebre el piso del 2% hacia abajo, de acuerdo con los números que vienen anticipando las consultoras privadas. Con el riesgo país al borde también de romper los 400 puntos básicos, es el mix ideal para la comunicación oficial ahora de la mano del vocero Adrián Ravier, que trata de hacer pie en sus primeras conferencias y ganar seguridad.
Bajar el costo de vida y conseguir abaratar el financiamiento son pilares del modelo Milei. La pregunta de si es sostenible la forma de lograr esos resultados pasa a segundo plano en momentos de euforia y sin nadie que lidere la oposición con claridad. Pero de cara a las elecciones, ¿cuánto voto puede consolidar la baja de la inflación a niveles aún altos pero bajos respecto de la herencia si no se generan más ingresos de forma generalizada?
En los mercados, el universo que mira directamente el riesgo país, también observan en detalle los movimientos del Palacio de Hacienda. Esta semana también se darán a conocer los números del equilibrio fiscal. ¿Cuánto será la deuda flotante? ¿Cuánto más se puede estirar la deuda de más de u$s 200 millones con las productoras de gas, por ejemplo? ¿Qué pasa si la recaudación sigue bajando y las nuevas inversiones se incentivan con menos tributos?
Caputo presentó en estos días también el plan financiero para el tramo final del mandato de Milei. Es decir, cómo y de dónde va a sacar los recursos para cumplir con los pagos de la deuda. Entre banqueros y financistas circuló un reporte de Miguel Kiguel, de Econviews, con algunas observaciones. Para cubrir vencimientos por casi u$s 25.000 millones en 2027, se aspira a comprar casi u$s 5000 con el Banco Central.
“Nos parece algo cumplible, pero en un año donde va a haber presión en la demanda por la dolarización pre-electoral, no puede darse por hecho”, indica el trabajo, que concluye: “Creemos que es un programa financiero lógico y cumplible, pero que no está exento de riesgos. La política puede meter la cola y terminar aguando la fiesta”.
Por último, en esa especie de “plan descomprimir” que pareciera encabezar Santilli, es clave poder dejar atrás cualquier recuerdo de lo que fueron esos días de sorpresas cotidianas sobre el nivel de vida de Manuel Adorni, sus propiedades, sus jubiladas prestamistas, sus criptomonedas. Si bien es posible que su paso por tribunales reactive la presencia del tema en los medios, donde ya se ha vuelto parte de los sketches de humor -en una radio bromeaban con que se había comprado la Casa Histórica de Tucumán con un crédito de Mariquita Sánchez de Thompson- el objetivo es evitar nuevos conflictos.
En ese contexto, en las próximas horas es posible que se conozca públicamente que el grupo Werthein desista de la licitación por el predio de Tecnópolis, donde se había impuesto por sobre sus competidores. El hecho de que hubieran comprado el 50% de Foggia Group, la empresa de Marcelo Dionisio, pareja de Mara Gorini, mano derecha de Karina, había teñido de sospechas la operación.