El clima social entró en una zona de turbulencias para la gestión de Javier Milei. Según el último Estudio de Opinión Nacional de Reale Dalla Torre (RDT) correspondiente a agosto de 2026, el Gobierno atraviesa su momento de mayor fragilidad desde el inicio del mandato.
El dato central no es solo la caída en la imagen presidencial, sino el agotamiento de un activo que, hasta ahora, parecía inagotable: la paciencia social bajo la promesa del sacrificio.
El fin del “escudo” de la herencia
El informe marca que el argumento de la “culpa es del pasado” llegó a un punto de inflexión. Por primera vez en la serie histórica, la mayoría de los encuestados (38,7%) atribuye los problemas de la economía al gobierno actual, superando al 27,1% que todavía lo vincula a la herencia kirchnerista.
Este desplazamiento de la responsabilidad coincide con un deterioro sensible del ánimo social. La adhesión al rumbo económico tocó su punto más bajo (28,9%) y la imagen positiva de Milei retrocedió al 35%, su peor registro del año, con una negativa que ya trepa al 56,4%.
El “sacrificio” también perdió su mística —o “aura”, si nos ceñimos al argot juvenil que hoy impera en plazas y redes sociales—: hoy son más los que creen que el esfuerzo “no va a servir para nada” (42,5%) fren4te a quienes aún sostienen que “valdrá la pena” (37,6%).
Los descontentos no cruzan a la otra vereda: el refugio en el “blanco”
A pesar del crecimiento del enojo, el informe arroja un dato que le da un respiro táctico a la Casa Rosada: el desencantado de Milei no se está mudando a la vereda de Axel Kicillof. Existe una suerte de “frontera psicológica” que impide el trasvase directo de votos entre los polos de la grieta.
¿A dónde van los que se bajan del barco libertario? El estudio es claro: se refugian en el voto en blanco o en la apatía. En un eventual escenario de balotaje, el voto en blanco y los indecisos suman un preocupante 29,4%, una “bolsa de descontento” que no encuentra representación en la oferta electoral actual.
El dato que altera el equilibrio: el “voto útil” de la izquierda
Sin embargo, el equilibrio de fuerzas sufrió un sismo en agosto por un movimiento lateral. Por primera vez, el bloque peronista alcanzó a Milei en intención de voto para una primera vuelta (29,5% contra 29,2%).
Este salto de 6,5 puntos del peronismo no proviene de los arrepentidos de Milei, sino de un proceso de concentración del voto opositor. Un dato crucial lo explica: el votante de izquierda está empezando a volcarse al peronismo para “no desperdiciar su voto”.
La intención de voto de la izquierda (Bregman) cayó del 6,4% al 4,7% en solo un mes. Este trasvase sugiere que el electorado de centro-izquierda comenzó a priorizar el pragmatismo del “voto útil” para frenar al oficialismo, lo que consolida un piso peronista mucho más competitivo.
Consumo y grieta: la nueva división social
El informe de RDT introduce una variable de segmentación novedosa: el acceso al consumo como predictor del voto. La división ya no es solo ideológica, sino material.
- El “país Shein/Temu”: Milei arrasa entre quienes aún tienen acceso al consumo global. El 70,6% de quienes compraron en plataformas del exterior votan al Presidente.
- El “país excluido”: Kicillof domina en el segmento que quedó fuera del mercado. Entre el 30,3% del electorado que no pudo comprar ni una prenda de ropa en los últimos seis meses, el gobernador bonaerense se impone 43,3% a 18,3%.
Con estos números, el Índice de Reelegibilidad de Milei bajó de 72 a 69 puntos. Si bien hoy el Presidente todavía lograría la reelección en un balotaje (50,7% de los votos válidos frente a Kicillof), la ventaja se ha vuelto marginal.