En un escenario donde el Gobierno mantiene restringida la política fiscal y monetaria para llevar a la baja la inflación, el exministro de Economía Domingo Cavallo señaló cuál cree que es la única vía posible para reactivar la actividad
Según el economista, frente a la imposibilidad de estimular el consumo mediante emisión o gasto público, resulta imperioso impulsar la producción de bienes y servicios para lograr que aumenten “la inversión eficiente y la productividad”.
Si bien el exfuncionario respaldó una vez más el rumbo trazado por el presidente Javier Milei y el ministro Federico Sturzenegger en materia de desregulación y eliminación de impuestos distorsivos, fue nuevamente tajante respecto a la herramienta financiera que requiere la coyuntura.
“La eliminación completa de los controles de cambio y el libre movimiento de capitales es, probablemente, la política de liberalización y desregulación económica con mayor potencial”, sentenció Cavallo, tras argumentar que esta medida impulsaría la caída del riesgo país y traccionaría el crecimiento genuino en el corto plazo.
La urgencia por liberar el mercado cambiario radica en lo que el exministro definió como el "riesgo de empantanamiento" de la política de desinflación.
En su análisis, señala que las experiencias internacionales de las últimas décadas demuestran que el equilibrio fiscal, por sí solo, no garantiza un descenso rápido de los precios hacia un dígito anual.
“Si no se adoptan pronto medidas de reforma monetaria, es probable que el proceso de desinflación no converja rápidamente hacia tasas anuales de inflación de un dígito y, por el contrario, tienda a ralentizarse durante varios años”, diagnosticó.
Para sortear este escenario, Cavallo insistió en avanzar hacia un esquema bimonetario “a la peruana”. Al respecto, consideró llamativo que esta agenda “no ocupe un lugar central en las decisiones vinculadas al proceso de desinflación, pese a que Javier Milei subrayó con claridad la necesidad de una reforma monetaria durante su campaña presidencial”.
Según su visión, los únicos planes de estabilización exitosos, como el Plan Real en Brasil o la propia Convertibilidad, incluyeron reformas estructurales que actuaron como mecanismos eficaces de desindexación.
En el plano operativo, el ex titular del Palacio de Hacienda detalló que desarmar el esquema de controles implica eximir a los exportadores y a quienes ingresan financiamiento externo de la obligación de liquidar sus divisas en el mercado oficial.
En esta dinámica, las operaciones transaccionales se realizarían de forma libre y el tipo de cambio nominal surgiría exclusivamente de la interacción entre vendedores y compradores. La autoridad monetaria, en tanto, “podría comprar o vender divisas para acumular o desacumular reservas, pero no estaría obligado a hacerlo”, limitando su accionar a la política monetaria y no a las necesidades de importadores.
Según Cavallo, la normalización de los flujos internacionales traería aparejados beneficios directos para el frente financiero y la rentabilidad del sector corporativo. En esa línea, proyectó que, al desmoronarse el riesgo país, tanto el Tesoro como el sector privado podrían acceder al mercado de crédito a tasas moderadas.
A su vez, indicó, esta arquitectura financiera le pondría un límite a las tasas activas de interés en pesos, derivado de la competencia con los capitales externos, y permitiría que el dólar encuentre un nivel que disipe de raíz las expectativas de devaluaciones futuras.
Finalmente, el exministro remarcó que el contexto macroeconómico actual ofrece una ventana temporal que el equipo económico no debería desaprovechar para aplicar esta hoja de ruta. Y alertó que la transición hacia la libertad cambiaria podría resultar sumamente traumática si se mantienen las restricciones y la balanza comercial se deteriora.
“La fuerte liquidación actual de divisas de exportación provenientes del agro y del petróleo brinda una excelente oportunidad para eliminar todos los controles de cambio y aumentar rápidamente la acumulación de reservas netas”, concluyó.