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Javier Milei quiere ganar en primera vuelta en 2027. Y todos los esfuerzos del oficialismo empezaron a orientarse en esa dirección. En la Casa Rosada ya no se habla solo de gobernabilidad, reformas u ordenar la economía como capítulos separados. Todo empieza a formar parte de una misma arquitectura y Diego Santilli juega un rol clave: llegar al año electoral con las reglas del juego modificadas, los gobernadores contenidos, el Congreso alineado y la oposición lo más dispersa posible.
Para borrar las PASO —y su efecto centrífugo— del cronograma electoral, el Gobierno está dispuesto a negociar una suspensión. Eso ya no es secreto. Para alinear a los gobernadores, también está abierto a conversar lugares, listas intercaladas o la reedición de las “colectoras” bajo un nuevo diseño de la Boleta Única Papel. También se ocuparon de que trascendiera. Suena a que La Libertad Avanza aprendió rápido los modos de la “casta” y ahora pretende usarlos en beneficio propio.
En rigor, el Gobierno no quiere cometer el mismo error que le costó la victoria al peronismo en 2023: la condición que le imponen a los gobernadores es que no adelanten las elecciones. Con algunos habrá acuerdos. “Con otros vamos a competir, porque no queda otra”, afirma ante El Cronista y sin pestañear un encumbrado referente federal del espacio. De momento, la orden es jugar con bajo perfil: a los dirigentes provinciales con chances de competir el año que viene les pidieron específicamente que no hagan olas, al menos, hasta septiembre.
No es un calendario caprichoso. Para esa fecha, en las puertas del último trimestre, el oficialismo planea tener encaminada la reforma política que incluye —aunque no se agota en— el destino de las primarias. También hay otros capítulos en juego: Ficha Limpia, el financiamiento de campañas, la continuidad de los partidos nacionales y el futuro de las bancas del Parlasur. Muchos de esos puntos son negociables, aclaran cerca de quienes siguen el trámite.
Todavía es temprano para hablar de candidaturas o campaña en términos formales. La Casa Rosada necesita los votos de los gobernadores para aprobar también otras leyes prioritarias en el Congreso. Zonas Frías, Propiedad Privada y la Ley General de Sociedades aparecen al tope de esa lista. Por eso la negociación electoral y la agenda legislativa ya caminan juntas. “La campaña son las reformas y las reformas son la campaña”, posteó desde la cuenta en X que se le atribuye al asesor Santiago Caputo. Fue una señal clara y concisa del camino de los próximos meses.
La frase también sintetiza a la perfección lo que se conversó puertas adentro del Salón Héroes de Malvinas, en Casa Rosada, el miércoles último, con el bloque completo de diputados y senadores violetas. El Gobierno necesita llegar lo suficientemente holgado a diciembre para transitar ese mes con una economía ordenada y entrar al año electoral por la puerta grande. Es el plan de Milei.
Santilli, los gobernadores y el ensayo de una fórmula bonaerense con PRO para 2027
Gran parte de la expectativa está puesta en Diego Santilli. Que el flamante jefe de Gabinete tiene buen diálogo con los jefes provinciales es vox populi. En la antesala del fin de Manuel Adorni ya había reactivado los contactos con ellos y los continuó después de su jura. Su alcance excede a los 13 mandatarios que lo acompañaron en la foto de aquel día.
Tampoco es secreto que Santilli quiere ser uno más de ellos a partir de 2027 y que la decisión de subirse a la silla eléctrica no es gratuita. A diferencia de 2023, hasta ahora el funcionario no se lanzó a recorrer el territorio ni activó sus equipos técnicos. El argumento que repiten cerca suyo es que no quiere herir “susceptibilidades”. En la traducción política, eso significa que todavía no conviene precipitar una candidatura que necesita antes ser bendecida, ordenada y convertida en síntesis.
Todo su juego desde su desembarco en el Ministerio del Interior giró en torno al equilibrio. Supo tejer una muy buena relación con “El Jefe”, Karina Milei, a sabiendas de que debe ganarse su visto bueno por sobre otros que también conocen el territorio bonaerense y tienen puesta la camiseta violeta desde antes. Pero también mantuvo sus buenos vínculos con el ala de Caputo. En el ecosistema libertario, esa doble pertenencia vale más que cualquier declaración pública.
Si bien el foco de atención en la jura de “El Colorado” se lo robó la presencia de Manuel Adorni y el triple abrazo con el Presidente, la nota política no estaba al frente del salón sino entre los invitados. Junto a Santilli asomó una larga lista de referentes del PRO que responden al jefe de Gabinete y al titular del partido en PBA, Cristian Ritondo, y que conforman la punta de lanza para el proyecto amarillo 2027. Hace tiempo que se autodenominan la “Santileta”.
Algunos de ellos ya habían llegado al Gobierno en segundas líneas del extinto Ministerio del Interior, como el actual asesor y exintendente de Olavarría Ezequiel Galli; José Luis Acevedo, subsecretario de Ciencia y Tecnología; y Joaquín Sánchez Charro, dirigente de General Alvarado a cargo de Coordinación y Trámites de Frontera. También se vio a Darío Kúbar, exintendente de General Rodríguez; Sebastián Abella, intendente de Campana y legisladores que responden al tándem amarillo en la provincia, como Rita Sallaberry y Julieta Quintero Chasman.
Si Santilli cumple con su meta de encolumnar la mayor cantidad de elecciones provinciales con las nacionales en octubre, tendrá serias chances de convertirse en el elegido para encabezar la fórmula de síntesis amarilla y violeta en la provincia de Buenos Aires. En sus conversaciones con los gobernadores les pide que no tomen una decisión hasta diciembre y que le den tiempo a la economía a mostrar sus “brotes verdes”. Ya con eso les recorta margen en caso de que quieran anticiparse demasiado en 2027.
La apuesta para concentrar el voto en la primera vuelta y abarcar la mayor cantidad de provincias tiene también otro propósito, según dejaron en claro los hermanos Milei en el encuentro de la última semana con sus legisladores: consolidar las mayorías en ambas cámaras del Congreso en una primera vuelta que disperse el voto opositor.
Hay un número que tienen en sus cálculos, aunque nadie lo presenta como definitivo. En el oficialismo afirman que pueden llegar a las 34 bancas propias en el Senado —hoy tienen 20 porque nadie considera a Luis Juez como propio— y superar las 130 en Diputados, donde hoy cuentan 95. Esa cifra tendría una consecuencia directa: ya no harían falta aliados para alcanzar el quórum. “Se abre otro panorama en el Congreso, con posibilidades mucho más amplias que solo bloquear con el tercio”, comentó uno de los participantes a El Cronista.
La frase explica la ambición de fondo. Durante su primera etapa, Milei aprendió a gobernar con minoría, veto, negociación quirúrgica y capacidad de bloqueo. El próximo objetivo es otro: pasar de resistir con un tercio a construir una mayoría propia o casi propia. Para eso necesita que la elección presidencial arrastre, que el voto opositor se divida y que la ingeniería provincial no le juegue en contra.
Por supuesto, durante las casi tres horas que se extendió el encuentro con el presidente Javier Milei, Karina Milei y otros referentes del espacio, también se conversaron muchas otras cosas. No tenían demasiada opción: a todos los asistentes los obligaron a dejar los celulares fuera del salón. Les anunciaron que volverán a visitar las provincias, aunque todavía no tienen en claro bajo qué formato.
Por lo pronto, este fin de semana la dupla de Karina Milei y Martín Menem aprovechó la inauguración de una nueva sucursal de la Escuela de Dirigentes de LLA para hacer pie en Misiones. “Nosotros nos diferenciamos de la política tradicional: no actuamos como manada. Hay que formarse para entender las ideas de la libertad y llevar el mensaje del modelo del presidente Milei”, convocó “El Jefe”, acompañada por el titular local del partido violeta, Adrián Núñez, y el diputado nacional Diego “Gato” Hartfield.
“Mi gran objetivo para este año es empezar a construir todo el camino para que el presidente Javier Gerardo Milei, mi hermano, sea reelecto en 2027”, completó Karina Milei. No descartan que el Presidente retome su agenda federal. Por lo pronto, este jueves dirá presente en Tucumán, por los actos del 9 de julio, y podrían sumar alguna actividad partidaria.
La economía como relato y como advertencia: cómo se construye el discurso de Milei 2027
En el cónclave del miércoles, también se respondieron muchas preguntas. Algunas estuvieron orientadas a unificar el relato frente al desfasaje entre la macro y la micro. Uno de los asistentes consultó si podían enfrentar una embestida legislativa similar a la de 2025 el año próximo. El Presidente los tranquilizó: les dijo que ellos eran el dique que LLA no tenía antes de diciembre. También mencionó otros factores, como el mayor poder de fuego para sostener al dólar.
Otro participante consultó entonces si la Argentina podía ser víctima de la “enfermedad holandesa”, en alusión al proceso bautizado así por The Economist en los años 70, por el cual el ingreso de divisas generado por un boom de sectores primarios puede derivar en la apreciación de la moneda local y en una abundancia de importados que acaben por destruir tejido industrial.
El mandatario contestó que mientras sigan creciendo las exportaciones se abrirán más las importaciones. Compartió un cálculo que no es nuevo: cree que los consumidores podrán adquirir productos más baratos —aunque provengan de afuera— y que el diferencial se volcará en otros consumos, para activar la microeconomía. Lo que no sea competitivo en la Argentina deberá reconvertirse, hacia un lugar o hacia otro.
La respuesta también ordena el relato económico que el Gobierno pretende llevar al año electoral. Milei no promete proteger a todos los sectores por igual. Promete precios más bajos, apertura, reconversión y una economía que, en su mirada, deberá premiar a quienes puedan competir bajo nuevas condiciones.
Ese razonamiento entusiasma a los convencidos, inquieta a los sectores productivos menos competitivos y abre una pregunta que todavía no tiene respuesta política cerrada: cuánto tiempo puede convivir el éxito de la macro con una micro que todavía no alcanza a todos.
Por último, Milei les dejó una imagen a su auditorio. Proyectó a la Argentina bajo la figura de Suiza, como un perfil productivo que no se caracteriza por la industria pesada, pero sí por el orden económico y por servicios de alto valor. “Suiza produce chocolate, relojes, provee servicios financieros y, de vez en cuando, saca un tenista”, bromeó. Y arrancó una risa nerviosa de su auditorio: todavía pueden cruzarse en el Mundial con la Argentina, en el mata-mata.
La escena sirve para entender el momento. Milei no solo busca convencer a sus legisladores de que el rumbo económico tiene lógica. También necesita darles un relato para defenderlo en los territorios, en el Congreso y en una campaña que, aunque nadie quiera nombrarla todavía, ya empezó a organizarse pensando en el día después del Mundial.