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En pleno auge de la economía “cordillerana” la minería argentina empieza a mostrar una transformación que excede a los proyectos extractivos y abre oportunidades para la industria nacional.

Con inversiones proyectadas por más de u$s 55.000 millones entre litio y cobre hacia la próxima década, el sector ya no se piensa únicamente como una fuente de exportaciones, sino como un motor capaz de generar empleo, proveedores y desarrollo productivo.

La clave de este proceso es que, las demandas de bienes y servicios se traslada a las provincias no mineras; incluso, por una cuestión de escala, sobrepasan las exigencias del “compre local” que imponen algunas jurisdicciones.

Ese fue el eje central del encuentro organizado por la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) donde empresarios, funcionarios y proveedores coincidieron en que el verdadero impacto económico dependerá de cuánto entramado industrial logre construirse alrededor de los proyectos.

Ni Rusia ni China: el país que tiene toneladas de oro y sus tierras valen millones de dólares (foto: archivo).

“El verdadero valor agregado aparece cuando alrededor de la minería se desarrolla una red competitiva de tecnología, ingeniería, servicios e innovación”, afirmó Franco Mignacco, director del Departamento Minero de la UIA.

La definición sintetizó uno de los cambios de enfoque que comenzó a instalarse dentro del sector empresario. La discusión ya no gira únicamente alrededor de cuántas toneladas de litio o cobre podrá exportar Argentina en los próximos años, sino sobre cuántas empresas locales podrán integrarse a la futura cadena minera y cuánto empleo industrial podrá generarse a partir de esa expansión.

En la apertura del encuentro, Martín Rappallini, presidente de la UIA, reforzó ese concepto y aseguró que la minería puede convertirse en uno de los grandes motores económicos del país; aun así advirtió que debe lograr consolidar cadenas de valor locales y generar consensos de largo plazo alrededor de la actividad.

“La minería necesita diálogo, productividad y seguridad jurídica”, dijo y remarcó que el desarrollo del sector no debería medirse únicamente por el volumen exportado, sino también por su capacidad de multiplicar empleo indirecto e inducido en las provincias.

Rappallini planteó incluso que el debate debe evolucionar desde la idea de “licencia social” hacia un “consenso social” más amplio sobre el impacto económico que puede generar la actividad minera en las economías regionales.

Informe UIA, CAEM y BID

El encuentro funcionó además como anticipo de un estudio elaborado por la UIA y la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), con apoyo del BID y la Unión Europea, que buscó proyectar cuánto demandará la minería argentina en bienes, servicios e infraestructura durante los próximos años.

Según explicó Francisco Noguera, del Departamento Minero de la UIA, el objetivo fue construir “un documento ordenador del diálogo” entre mineras y proveedores locales para detectar oportunidades, capacidades industriales y brechas productivas.

La radiografía presentada durante la jornada dejó una de las señales más contundentes del potencial económico del sector. Desde CAEM, el economista Nadab Rachman explicó que la minería argentina atraviesa una etapa de expansión que podría modificar la escala de demanda industrial en varias provincias.

En litio, la cámara estima que la producción continuará creciendo a partir de los proyectos ya en marcha, mientras que en cobre prevé una aceleración mucho más pronunciada desde 2028, cuando comiencen a entrar en construcción varios desarrollos casi en simultáneo.

Solo para los proyectos avanzados de cobre, estiman inversiones cercanas a los u$s 40.000 millones. En litio, calculan otros u$s 15.000 millones adicionales.

Pero el dato que más atención generó entre empresarios industriales fue otro: la dimensión de la futura demanda de proveedores.

Nueva ola industrial

Las proyecciones incluyen millones de horas de ingeniería, movimiento masivo de suelos, construcción de campamentos, montaje industrial, estructuras metálicas, piping, explosivos, módulos habitacionales, energía, servicios logísticos, mantenimiento técnico y automatización.

“La minería va a demandar prácticamente la construcción de ciudades en zonas remotas”, explicaron durante la presentación técnica.

En paralelo, el informe relevó capacidades industriales existentes en el país y detectó oferta local en 73 de los 91 rubros analizados. Allí aparecen empresas vinculadas a metalmecánica, construcción, químicos industriales, ingeniería, servicios de mantenimiento, geosintéticos, válvulas, bombas, estructuras metálicas y logística.

El dato reforzó una de las ideas que atravesó toda la jornada: la minería ya no se piensa exclusivamente desde las provincias cordilleranas. Sectores industriales de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires también buscan posicionarse dentro de la futura cadena minera.

“Argentina tiene minerales, pero todavía no es un país minero”, resumió uno de los empresarios presentes durante el panel industrial.

Desde Santa Fe, referentes industriales explicaron que el desafío pasa por “federalizar la minería” y preparar a las empresas argentinas para competir en un sector que demandará altos estándares de calidad, certificaciones internacionales y capacidad logística.

“La oportunidad existe, pero tenemos que estar a la altura”, señalaron.

El fenómeno empieza incluso a modificar estrategias productivas provinciales. En Santa Fe, por ejemplo, ya funciona una Mesa de Petróleo, Gas y Minería con más de 500 empresas participando y buscando insertarse en proyectos vinculados a litio, cobre y energía.

La lógica detrás de ese movimiento es clara: el crecimiento minero puede generar un fuerte efecto multiplicador sobre industrias que no necesariamente están ubicadas en zonas mineras, pero que cuentan con capacidades técnicas y productivas para abastecer al sector.

Los propios representantes de compañías mineras reconocieron que el crecimiento esperado obligará a ampliar la red de proveedores nacionales.

Oscar Orquera, superintendente de compras de Ganfeng Lithium, explicó que las futuras construcciones requerirán una combinación entre proveedores locales de las provincias mineras y empresas industriales del resto del país capaces de aportar escala, tecnología y capacidad operativa.

Si bien las empresas locales resuelven y aportán a la dinámica, la magnitud de los proyectos se transforma en “la gran oportunidad para la industria argentina”, sostuvo.

Según detalló, muchas provincias mineras todavía presentan limitaciones en materiales, servicios especializados y logística, especialmente en proyectos ubicados en zonas extremas de la puna.

Deon Hua/Unsplash

“Trabajar a 4000 metros de altura con temperaturas bajo cero y fuertes vientos no es sencillo”, explicó, al remarcar que la minería demandará proveedores cada vez más profesionalizados y preparados para operar en condiciones complejas.

En la misma línea, Lucas Bisonni, del proyecto cuprífero Taca Taca, advirtió que la futura construcción de minas generará una fuerte presión sobre tiempos de entrega, capacidad de abastecimiento y disponibilidad de servicios industriales.

Solo ese proyecto demandaría unos 4000 trabajadores durante la etapa de construcción y tendría una vida útil cercana a los 35 años.

“Cuando un proveedor demuestra que puede estar a la altura, aparecen oportunidades no solo en la construcción, sino también durante décadas de operación”, afirmó.

Sin embargo, tanto mineras como industriales coincidieron en que la oportunidad no será automática.

Uno de los principales desafíos mencionados durante el encuentro fue la necesidad de mejorar certificaciones, homologaciones, financiamiento y escalabilidad productiva para que más empresas argentinas puedan competir dentro de la cadena minera.

También advirtieron sobre el riesgo de que Argentina vuelva a quedar reducida al rol de simple exportador de materias primas sin desarrollo industrial asociado.

Por eso, uno de los conceptos más repetidos durante la jornada fue que el verdadero desafío no pasa solamente por abrir minas, sino por construir un ecosistema productivo alrededor de ellas.

“La minería puede convertirse en una plataforma de desarrollo industrial”, resumieron desde la UIA. Pero para eso —coincidieron empresarios y mineras— será necesario coordinar inversiones, capacitación, infraestructura y políticas que permitan que el nuevo ciclo minero derrame sobre el resto del entramado productivo argentino.