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En los últimos días se acumularon señales contradictorias sobre el rumbo de la economía argentina. Mientras el frente financiero muestra una mejora cada vez más visible, la actividad real todavía no logra exhibir un rebote contundente y aparecen datos sectoriales que obligan a moderar el entusiasmo.

El dato más resonante vino del mercado de deuda. La Ciudad de Buenos Aires logró colocar deuda a una tasa que implicó un riesgo país cercano a los 300 puntos básicos, muy por debajo de los 514 puntos que actualmente marca el EMBI para la Argentina. Esto es así porque la tasa de los bonos a 10 años del Tesoro de los Estados Unidos marcó ayer un nivel de 435 puntos y la Ciudad pagó 7,35%.

El mensaje del mercado fue claro: los inversores empiezan a diferenciar cada vez más entre determinados emisores locales y el riesgo soberano nacional.

No fue un hecho aislado. En paralelo, continúa una verdadera avalancha de emisiones privadas. Empresas de distintos sectores aprovecharon la reapertura del crédito para buscar financiamiento en dólares y en pesos, algo que hasta hace pocos meses parecía prácticamente vedado. El mercado local empieza lentamente a recuperar profundidad y acceso al financiamiento.

A eso se sumó la mejora en la calificación crediticia de la Argentina por parte de Fitch Ratings , junto con un informe de Moody’s Ratings que destacó los avances en materia fiscal, monetaria y de acumulación de reservas. Aunque ambas calificadoras siguen manteniendo prudencia respecto de la sostenibilidad política y social del programa económico, el cambio de tono resulta significativo frente al escepticismo dominante de apenas unos meses atrás.

En ese contexto, también llamaron la atención las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien aseguró que el Gobierno no tiene apuro por volver al mercado internacional porque los vencimientos de deuda ya se encuentran cubiertos hasta fines de 2027. La afirmación buscó transmitir fortaleza financiera y reforzar la idea de que el programa económico no depende de un regreso inmediato al crédito externo.

La ventana para salir al mercado está abierta y para muchos analistas, muchos de ellos afines a las ideas económicas del gobierno, Caputo debería aprovecharla. Pero en Economía descartan la opción. ¿Cuál sería la tasa que hoy debería pagar? Algo por debajo de la Ciudad, seguro. La referencia. Por los cerca de u$s 4000 millones que aportarán el Banco Mundial y el BID, y que se desembolsarán posiblemente en junio, se pagará una tasa cercana al 6%.

Otro dato en principio positivo, es la inflación esperada para abril. El consenso del mercado apunta al 2,5%. Pero causó cierto asombro el pronóstico de los economistas del BBVA, que sentenciaron esto: “Nuestros modelos de machine learning nos están dando una estimación para la inflación de abril en 3.0% +/- 0.2 pp.”

Demora del optimismo

Del otro lado de la economía empiezan a aparecer señales menos alentadoras. O mejor dicho, se demoran las alentadoras. La producción automotriz volvió a mostrar caídas en abril, lo mismo que los despachos de cemento registraron una nueva baja y varios indicadores vinculados a la construcción y al consumo siguen sin consolidar una recuperación sostenida.

Los nueve meses consecutivos de caída real de la recaudación son una luz amarilla permanente en el tablero. Obliga al gobierno a bajar gastos para mantenerse sobre la línea de flotación en términos fiscales.

Incluso el crédito al sector privado, uno de los canales que normalmente anticipan las fases expansivas de la economía, permanece prácticamente estancado en términos reales. A pesar de la desaceleración inflacionaria y de la mayor estabilidad cambiaria, todavía no aparece una expansión fuerte del financiamiento bancario hacia empresas y familias.

La sensación es que la estabilización financiera avanza más rápido que la recuperación productiva. El Gobierno logró ordenar variables macroeconómicas que durante años funcionaron como una bomba de tiempo —déficit fiscal, emisión monetaria y brecha cambiaria—, pero todavía enfrenta el desafío de traducir esa mejora en una recuperación palpable de la actividad y del ingreso.

¿Será el Super Rigi? Caputo, el miércoles por la noche, habló de que ya se nota un cambio de tendencia, pero que será más firme a partir de mayo o junio.

El mercado financiero parece apostar a que ese rebote llegará más temprano que tarde. Los datos reales, en cambio, todavía piden cautela. La gran incógnita es si la economía está atravesando simplemente una pausa antes de despegar o si la recuperación será bastante más lenta y heterogénea de lo que hoy descuentan los activos financieros.