El gobierno de Javier Milei dejó en claro que la reversión del déficit fiscal iba a ser uno de los ejes clave del plan de estabilización macroeconómica. Para la actual gestión, no hay dudas de que la política del superávit fiscal “es permanente”.
El Presidente señaló en reiteradas ocasiones que, mientras el orden fiscal lo permita, avanzaría en la eliminación o baja de impuestos. Incluso prometió, en 2025, reordenar el sistema tributario, con el objetivo de reducir el 90% de los tributos nacionales vigentes; una meta que aún no se ha concretado.
Hoy por hoy, la reforma tributaria integral, cuyo objetivo radica en simplificar el sistema, reducir impuestos distorsivos y fomentar la inversión, quedó en stand-by. Uno de los motivos es no poner en riesgo la recaudación tributaria, que registró caídas reales interanuales durante los últimos siete meses, a lo que se suma la dificultad de alcanzar consenso con las provincias para abarcar los impuestos coparticipables.
En este contexto, Osvaldo Giordano, economista y titular del IERAL de la Fundación Mediterránea, insiste en que la mejor solución es implementar un “súper IVA”, una iniciativa que propone unificar el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el impuesto sobre los Ingresos Brutos y las tasas municipales.
El primer titular de la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES) durante la “gestión Milei” explica en una entrevista exclusiva con El Cronista qué ventajas tiene el “súper IVA” y en qué beneficia a los contribuyentes, así como también analiza por qué la recaudación cayó en los últimos meses y si puede verse comprometido el margen para seguir reduciendo el gasto.
—¿Por qué el “súper IVA” es la mejor solución para unificar los impuestos “buenos” con los “malos”?
—El punto de partida es tomar conciencia de lo negativo que son el impuesto a los Ingresos Brutos y las tasas municipales, que son un Ingresos Brutos a escala municipal. Hay muchas razones: opera en cascada, las normas son complejas y diferentes en cada jurisdicción; existen miles de alícuotas y distintas maneras de administrar el impuesto, entre otras cuestiones. Para un contribuyente que opera en varias jurisdicciones —algo común hoy con el comercio electrónico— el peso administrativo es enorme.
Además, es un impuesto que se evade mucho (Ingresos Brutos) y, sobre todo, discrimina la producción nacional. Un producto importado paga poco de estos impuestos, mientras que uno nacional paga varias veces en cada etapa de su elaboración. Y lo mismo cuando exportás. Argentina es un caso raro: exportamos impuestos. Todos los países promueven la exportación; en el nuestro, exportamos impuestos porque quien vende un producto desde Argentina tiene que incluir estos dos impuestos (Ingresos Brutos y tasas municipales) dentro del costo y no hay forma de evitarlo.
Ingresos Brutos es un impuesto que, si se pretende eliminarlo como resultado de la baja del gasto público, es, a mi juicio, un camino imposible o, como mínimo, que llevará mucho tiempo. Es una fuente muy importante en el financiamiento tanto del Estado provincial como del municipal. En lugar de pensar en una estrategia que, a todas luces, suena poco probable, ¿por qué no intentar que los “buenos impuestos” —el IVA— sustituyan a los “malos impuestos”, como los Ingresos Brutos y las tasas municipales?
—¿En qué beneficiaría al contribuyente? Ya sea un trabajador en relación de dependencia, un autónomo o una empresa.
—Primero, en transparencia. El IVA es explícito en la factura. En cambio, nadie sabe cuánto de Ingresos Brutos hay en el precio de un producto. Segundo, al reducir la burocracia, disminuyen los costos y, eventualmente, eso se traduce en precios más bajos. Al ser más controlable que Ingresos Brutos, también bajaría la evasión. Por lo tanto, también deberíamos tener una baja sobre los productos que hoy pagan el impuesto.
Pero lo más importante es que ganamos competitividad. Hoy estamos perdiendo muchos empleos y salarios. ¿Por qué? Porque cuando exportamos, tenemos que hacer un esfuerzo adicional para compensar los impuestos incluidos en el costo. Y cuando producimos internamente para competir contra un producto importado, tenemos esa desventaja de que el que produce tiene que incluir ese costo que el producto importado no tiene.
Algunos economistas dicen que el IVA quedaría muy alto (por ejemplo, al 28%), pero es un argumento débil: hoy ya pagás ese porcentaje, solo que está oculto. Sería el IVA más alto del mundo, como pasa en Brasil, donde la discusión está bastante más avanzada (reforma tributaria), pero se pasa por alto que hoy pagás el 21% de IVA. Cuando comprás cualquier producto, dentro de su precio tenés Ingresos Brutos en dimensiones que es imposible conocer, y también la tasa municipal.
Es mejor tener un impuesto explícito, aunque sea tan alto como el IVA, que tener estos tres que son igual de altos pero además muy ineficientes y poco transparentes.
—Había mencionado el caso del Monotributo Unificado en Córdoba como referencia. ¿Qué similitudes tiene con el “súper IVA”?
—Lo empezamos a trabajar en Córdoba en 2017 (cuando era ministro de Finanzas durante la gestión de Juan Schiaretti). El Monotributo Unificado es un “mini súper IVA” para pequeños contribuyentes. Logramos que, en lugar de lidiar con tres niveles de Estado (el monotributo a nivel nacional, los Ingresos Brutos a nivel provincial y las tasas municipales), el contribuyente pague una sola cuota. Hoy, en casi todo el país, o en buena parte de él, está funcionando con gobiernos muy distintos.
Después hay otra experiencia más general: la de Brasil (reforma tributaria), donde se meten con todos los contribuyentes. Los problemas no son exactamente los mismos, pero sí muy parecidos. Es decir, ellos tienen impuestos municipales y estaduales (equivalentes a los provinciales) y están en un proceso de unificación.
—¿Los gobernadores han mostrado interés en esta iniciativa?
—Vengo difundiendo esto desde hace tiempo. Me llamó la atención la claridad con la que (Martín) Llaryora lo expuso; interpretó correctamente las ventajas. Hay un temor de que las provincias más pequeñas no puedan sostenerse solo con el IVA. Es cierto, pero son provincias relativamente pequeñas. Esta reforma debería ir junto con algún mecanismo de transferencia complementaria de recursos para algunas provincias que, por la débil estructura productiva que tienen hoy, con el IVA solo no podrían sostener el funcionamiento del Estado.
Es algo relativamente chico y manejable, y resolvés el problema para el grueso del país: Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, CABA, Mendoza y Neuquén, entre otras provincias.
—En la práctica, ¿cómo se distribuiría la recaudación del “súper IVA”? ¿En función de lo que produce cada jurisdicción?
—ARCA sabe cuáles son los puntos de venta, es decir, de dónde se hace la venta (factura electrónica). Obviamente, hay que profundizar en el diseño y, para ello, necesitamos mucha información que solo el organismo tiene.
Es totalmente factible saber cuál es la jurisdicción donde se produjo la transacción. Si en una misma jurisdicción hay un comprador y un vendedor, el 100% queda en esa provincia.
Si hay un comprador de una jurisdicción y un vendedor de otra, lo que planteamos es que sea mitad y mitad. Es decir, que la mitad del IVA generado por esa transacción vaya a la jurisdicción del vendedor y la otra mitad a la del comprador. Son temas que hay que calibrar con la información que tiene ARCA, pero lo importante es que hoy hay una disponibilidad de información que te permitiría apuntar a que el IVA quede en el lugar donde se generó el valor agregado.
—Recientemente, el ministro de Economía, Luis Caputo, descartó implementar una reforma tributaria integral. ¿Cree que es inviable en la práctica?
—Me genera optimismo, aunque reconozco que es sumamente complejo —la experiencia de Brasil lo demuestra, ya que les llevó casi una década instrumentarla—. En Argentina, el principal condicionante es la coparticipación. Existe la idea generalizada de que no se puede modificar ningún impuesto sin el acuerdo de todas las provincias, y con una sola que se oponga alcanza para frenar todo. Eso es absolutamente falso. La Constitución no exige unanimidad sino una mayoría de provincias.
—Los gobernadores no estaban de acuerdo con la modificación de las alícuotas de Ganancias que planteó el Gobierno en la reforma laboral (paquete fiscal). ¿Qué análisis hace sobre eso?
—Si tu reforma impulsada por la Nación es sacarle financiamiento a las provincias, lo más probable es que te pase lo que pasó con Ganancias. Ahora, si tu reforma es un acuerdo con las provincias para ir hacia un esquema donde los buenos impuestos sustituyan a los “malos impuestos”, ahí tenés un margen de negociación diferente y podés sumar distintas provincias que lo ven atractivo: por ejemplo, provincias de alto valor agregado (minería e hidrocarburos).
La idea de que “vamos a ir bajando los impuestos gradualmente”, a medida que crezca la economía y se contenga el gasto público, no alcanza.
—¿Qué está viendo en términos de recaudación, considerando que acumula siete meses de caídas reales interanuales?
—Creo que es el reflejo de que hace casi un año que la actividad económica está estancada. La producción creció mucho luego de la caída a mediados de 2024, pero en 2025 estuvo bastante estable y eso naturalmente repercute en la recaudación de los principales impuestos. Ahí hay un condimento que excede lo tributario: cómo evoluciona la economía.
Ahora, lo tributario incide en la economía. Es decir, parte de por qué la economía no crece más rápido se debe a que tenemos estos “malos impuestos”. Entonces, el desafío es cómo eliminar estos “malos impuestos” para impulsar la economía y que eso repercuta en una mayor recaudación.
Por eso soy tan escéptico del planteo de decir “no podemos avanzar en la baja de impuestos o en la eliminación de malos impuestos hasta tanto no crezca la economía”, porque probablemente la conclusión sea que la economía no va a crecer con estos “malos impuestos”.
—Caputo habló de fomentar el empleo e invertir “los dólares del colchón”. ¿Alcanza con la reactivación en un contexto donde el Gobierno tiene que cumplir una meta de superávit del 1,5% del PBI y el margen para ajustar el gasto luce cada vez más acotado?
—La Ley de Inocencia Fiscal suma, pero es insuficiente porque los “malos impuestos” son un lastre demasiado grande. Es difícil competir y crecer cuando tenés Ingresos Brutos, tasas municipales, impuesto al cheque y sellos metidos en los costos. No podemos esperar a que la economía crezca para bajar impuestos si son esos mismos impuestos los que impiden el crecimiento.
Me parece imprescindible, para que sea un círculo virtuoso, fortalecer los buenos impuestos y eliminar los malos. Que la economía se mueva permite una mayor recaudación y eso da espacio para seguir reduciendo el gasto público, aunque ya estamos en una etapa donde es más difícil seguir recortando.