El endeudamiento de las familias bonaerenses preocupa cada vez más ya que dejó de funcionar principalmente como una herramienta para financiar compras extraordinarias y pasó a ocupar un lugar mucho más preocupante: cubrir gastos básicos que los ingresos corrientes ya no alcanzan a sostener. Alimentos, alquiler, servicios y salud aparecen entre los principales destinos de los préstamos tomados durante el último año en la provincia que comanda Axel Kicillof.
La radiografía surge de un relevamiento de la Defensoría del Pueblo realizado en 97 partidos bonaerenses y expone una situación delicada para la administración de Axel Kicillof: seis de cada diez hogares que recurrieron al crédito utilizaron ese dinero para comprar comida.
En concreto, el 56,9% destinó los préstamos a gastos de alimentación. Le siguieron los desembolsos relacionados con la vivienda, mencionados por el 30% de los consultados; el pago de servicios como luz y gas, con 29,5%; y los gastos de salud, con 28,5%. El dato muestra hasta qué punto el crédito comenzó a utilizarse como un complemento de los ingresos familiares.
En rigor, ya no se trata solamente de adelantar consumo o financiar un bien durable: para miles de hogares bonaerenses, endeudarse se convirtió en una alternativa para completar el presupuesto mensual.
La situación representa otro desafío para el gobierno provincial, en un territorio donde la pérdida de capacidad de compra golpea especialmente a los sectores que dependen de ingresos fijos. La extensión del fenómeno a alimentos, vivienda y servicios demuestra que el problema atraviesa el funcionamiento cotidiano de los hogares y no queda limitado a consumos postergables.
Más de la mitad recurrió a préstamos informales
La composición de la deuda agrega otro elemento de vulnerabilidad. El 51,9% de los hogares que buscó financiamiento utilizó créditos o préstamos no bancarios o informales, ya fuera como única alternativa o combinándolos con instrumentos tradicionales.
Dentro de ese universo, el 11,3% recurrió exclusivamente a mecanismos no bancarios, mientras que otro 40,6% combinó créditos del sistema financiero con alternativas informales. En contraste, el 48,1% consiguió financiarse únicamente mediante préstamos bancarios.
El dato es especialmente relevante porque el financiamiento informal suele ofrecer menos garantías para el consumidor y puede incorporar costos superiores, condiciones menos transparentes y mayores dificultades ante eventuales incumplimientos.
El riesgo se vuelve mayor cuando esos préstamos no se utilizan para una inversión o una compra excepcional, sino para financiar comida, alquileres, tarifas o medicamentos.
Además, cuatro de cada diez hogares recurrieron simultáneamente a más de una fuente de financiamiento, una señal de que un único crédito ya no resulta suficiente para resolver las necesidades económicas de una parte de las familias.
La acumulación de préstamos muestra una dinámica particularmente delicada: nuevos compromisos financieros se utilizan para sostener gastos corrientes mientras una parte de los ingresos futuros queda comprometida en cuotas, intereses y cancelaciones.
Provincia de Buenos Aires: ocho de cada diez personas tienen problemas para pagar los préstamos
El problema tampoco termina cuando se obtiene el préstamo. Entre los hogares que tomaron deuda durante el último año, el 73,5% todavía mantiene obligaciones pendientes. Para una proporción importante, además, esas deudas consumen una parte extraordinariamente elevada de sus ingresos.
El relevamiento determinó que para el 40% de los hogares endeudados las cuotas representan más de la mitad del ingreso mensual. Eso reduce todavía más el dinero disponible para alimentación, servicios, transporte y otros gastos esenciales, y puede alimentar un círculo en el que se necesita nuevo financiamiento para afrontar compromisos cotidianos.
La capacidad de pago también aparece fuertemente deteriorada. Ocho de cada diez hogares endeudados afirmaron tener dificultades para afrontar sus compromisos. Dentro de ese grupo, el 31,7% ya acumula atrasos y un 4,8% llegó incluso a una instancia judicial.
Tampoco se trata, de acuerdo con los datos, de un episodio transitorio. El 84,1% de los hogares con dificultades asegura que la situación se prolonga desde hace más de seis meses, lo que muestra un problema persistente antes que un desajuste puntual.
La situación se vuelve todavía más severa entre los hogares monomarentales. En aquellos donde una mujer concentra las principales responsabilidades económicas y de cuidado, el 82,1% de quienes tomaron créditos continúa endeudado, por encima del promedio general. Además, el 59,2% de ese segmento recurrió a mecanismos no bancarios o informales.
Para la gestión bonaerense, los datos describen un escenario incómodo: el endeudamiento avanza justamente sobre los consumos más elementales y compromete cada vez más los ingresos futuros de las familias. El problema no pasa solamente por cuántos hogares acceden al crédito, sino por el motivo por el que necesitan hacerlo.
Cuando casi seis de cada diez familias endeudadas tienen que pedir dinero para comprar alimentos y cuatro de cada diez destinan más de la mitad de sus ingresos a cancelar obligaciones, la discusión deja de ser estrictamente financiera. Se transforma en un indicador del deterioro de las condiciones económicas que atraviesan los hogares bonaerenses y en otro frente que presiona a la administración de Kicillof.