La estabilización macroeconómica garantiza un piso de crecimiento para el PBI del 3%, explicado por los sectores exportadores y las inversiones, observaron desde el equipo de investigación del BBVA.
El Gobierno proyecta para el 2026 un crecimiento del PBI del 5%. La volatilidad internacional generada a partir de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán generó que los organismos internacionales advirtieron por una posible alza de la inflación y ralentización del crecimiento.
El FMI pidió a los países implementar medidas para mitigar el impacto del conflicto y junto al Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía acordaron el monitoreo de distintas variables como el tráfico marítimo, el costo de la energía o el precio de los alimentos.
Desde BBVA advirtieron que el impacto en Argentina será acotado. “Hasta el momento no se observa o proyecta deterioro significativo de los indicadores macroeconómicos de Argentina”, expresaron y estiman que los precios internacionales de los combustibles podrían implicar ingresos adicionales en la balanza comercial de entre u$s 1700 millones y u$s 2600 millones.
Sobre el impacto en inflación de la suba de los combustibles, estiman que podría agregar entre 1 y 2 puntos en la medición anual. Sin embargo, YPF anunció un “buffer” de precios por 45 días para contener el precio de la nafta en surtidores. La empresa de participación estatal representa al menos la mitad del mercado minorista de combustibles.
Estabilización
Para este año proyectan que se extienda el proceso de estabilización, con los ejes centrales en el mantenimiento del superávit fiscal, una política monetaria prudente y la normalización del régimen cambiario.
“Con ello, mantenemos un escenario de crecimiento del PIB en 3,0% en 2026 y 2027, inflación en descenso y continuidad del equilibrio fiscal”, plasmaron en el informe.
El crecimiento estará impulsado por los sectores exportadores y la inversión privada. “Una mayor maduración del sector energético, el estímulo del RIGI, la explotación minera y la actividad agropecuaria se perfilan como los motores del crecimiento económico. Por su parte, el consumo también ayudaría, en un marco en el que la desinflación propende a una mejora de los salarios reales”, agregaron.
En este sentido, proyectan un superávit comercial anual de u$s 10.900 millones, con exportaciones empujadas por el agro, la minería y la energía, mientras que las importaciones volverían a acelerarse por los bienes de capital e insumos intermedios, motorizados por la inversión.
“Esta dinámica es consistente con economías en normalización macroeconómica, donde las importaciones sostienen el nivel de actividad, por lo que el superávit tendería a moderarse gradualmente”, adelantaron.
Así y todo, esperan que se sostenga el déficit de cuenta corriente por los gastos en turismo y los pagos de intereses de deuda y dividendos. Para este año, proyectan que cierre en 1,9% del PBI, nivel de déficit que aprecian que sería financiable con acceso al mercado global de deuda.
“A estos flujos se sumaría inversión extranjera directa en energía, minería e infraestructura a través del RIGI”, sumaron.
Desafíos
Sin embargo, advierten que el foco se centrará en la sostenibilidad del programa económico, con un margen de ajuste del gasto más acotado, donde la acumulación de reservas se vuelve central, mientras que se observa un deterioro del mercado de trabajo que “gana prioridad entre las preocupaciones de la sociedad”.
El menor margen de ajuste responde a los niveles bajos de gasto de capital actual, por lo que el eje estará puesto en la mejora de la eficiencia del sector público y en mejorar la capacidad recaudatoria sin aumentar la presión tributaria. El Gobierno tiene esto en mente y su estrategia se centra en aumentar la recaudación a través de una mayor registración de la actividad y del mercado laboral, en un contexto de enfriamiento de este último. Para la mayor recaudación, el foco está puesto en que los ahorros se vuelquen al mercado formal y motoricen el crédito.
“La actividad general crece, la recuperación es heterogénea y se concentra en sectores intensivos en capital, con menor efecto multiplicador sobre el empleo”, observaron desde BBVA.
La heterogeneidad de la actividad se plasma en que sectores como la industria manufacturera, que representa el 20% del PBI, creció un 0,8% en 2025 tras caer un 8,8% en 2024. Una dinámica similar se observó en la construcción, mientras que el dinamismo se concentra en sectores con menor efecto multiplicador en el empleo y menos capacidad de traccionar al resto de los sectores de la economía.