El Banco Central no suma reservas, el déficit externo crece y el riesgo país alto no le permite al Gobierno salir a tomar deuda al mercado para refinanciar sus vencimientos. La enumeración describe los principales riesgos que los analistas veían en el programa económico en 2025, debilidades potenciadas por la incertidumbre electoral.

El antídoto recomendado era garantizar gobernabilidad, instalar un régimen cambiario para favoreciera la acumulación de dólares y reforzar la solvencia macro. Con todo eso en la mano, el equipo económico iba a poder reabrir el crédito externo en Wall Street y despejar el horizonte de mediano plazo.

El equipo económico iba a poder reabrir el crédito externo en Wall Street.

Desde octubre hasta el presente, ese contexto de fragilidad empezó a cambiar. El Gobierno ganó las elecciones de medio término, el Congreso aprobó primer el Presupuesto de Javier Milei (con superávit fiscal), pagó u$s 4300 millones a bonistas en enero y el Central empezó un proceso de compra de divisas con resultados más que satisfactorios.

Pero contrariando a quienes afirman que el objetivo de todo programa de estabilización (empezando por el FMI) es reconstituir el crédito externo, el ministro Caputo planteó que la Argentina no tenía intenciones de volver a Wall Street. No en el actual contexto.

Caputo, formado en la arena financiera de los mercados emergentes, sufrió en carne propia en 2018 lo que puede pasar cuando cambia el viento externo. Toda su ingeniería de deuda (incluido el recordado bono a 100 años) sirvió de poco cuando una suba de tasas provocó una impiadosa salida de capitales que dejó a la Argentina otra vez en brazos del FMI.

Ayer el ministro (que conversó durante casi una hora con Guillermo Laborda y Florencia Barragán en El Cronista Stream) mostró que en esta ocasión la prudencia fue una buena consejera. El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán va camino a convertirse en un conflicto regional con efectos desestabilizantes sobre la economía global.

Si el Gobierno dependiera de inversores dispuestos a asumir riesgo emergente en estos tiempos, estaría en serios problemas. Por eso corresponde subrayar que este puede ser la primera vez que un shock externo encuentre a la Argentina no solo preparada para defenderse, sino con herramientas de política que le permitan aprovecharlo.

Caputo lanzó un título Bonar al 2027 para obtener u$s 2000 millones, destinados a cubrir parte del siguiente vencimiento grande de deuda, a mitad de año. Y trabaja con los agentes del mercado de capitales para conseguir que parte de los depósitos en dólares que hay en el sistema, y los u$s 170.000 millones que hay en el colchón, se vuelquen al circuito formal.

No son la solución definitiva, pero son recursos con los que en el pasado era improbable contar. El timing de la Ley de Inocencia Fiscal fue proverbial.

La gran línea de defensa, de todos modos, se llama Vaca Muerta. La gigantesca ola de inversión que generó hoy convirtió a la Argentina en exportadora de petróleo y gas, en el preciso momento en el que la guerra con Irán interrumpirá el suministro del sexto productor mundial y el de muchos de sus vecinos.

El superávit energético argentino puede ser crucial para países como China y de seguro aportará más dólares de lo imaginado.