Empresarios e inversores anhelaban, desde hace algunas semanas, que Javier Milei les cumpliera un deseo: volver a hacer foco en la economía para conseguir que las desavenencias internas pasen a un segundo plano. En realidad, la aspiración real de los hombres de negocios era que la gestión recupere algún tipo de orden y retome el sendero reformista que tuvo como hito la aprobación de la ley de Modernización Laboral. Ese ímpetu desapareció cuando el caso Adorni monopolizó el debate público, y se diluyó aún más cuando las peleas entre las distintas tribus libertarias complicaron la labor del gabinete y el Congreso.
El ruego silencioso del círculo rojo parece haber sido escuchado. Ayer el Presidente aprovechó el escenario de la Bolsa de Cereales para anunciar medidas largamente esperadas por el mundo empresario: una baja de retenciones para el campo y también para sectores industriales. No fue un acto aislado. Llegó como corolario de un día de novedades positivas, que arrancó con la mejora de la actividad económica que comunicó el Indec, de 3,5% contra febrero y 5,5% contra marzo de 2025. Y siguió con el comunicado del FMI informando la aprobación de la revisión pendiente y el giro del desembolso de u$s 1000 millones.
Menos visible, pero como para no pasar por alto, la Universidad Di Tella había avisado una mejora del Índice de Confianza correspondiente a mayo, y Luis Caputo le prometió a un grupo de contadores ajustar normas de la Ley de Inocencia Fiscal e incluso prorrogar la presentación de DDJJ de Ganancias Simplificadas.
Milei y su equipo mostraron ayer que están dispuestos a asumir un riesgo fiscal, aunque controlado. Esperan que la señal hacia el resto de la economía lo justifique. Por lo menos el día previo se aseguraron que el Congreso acepte votar (media sanción por ahora) una norma que recorta el gasto en subsidios energéticos. De repente, parece que la toma de decisiones sobre el programa se activó de un día para el otro. Se vienen días de recalcular. Para la economía y, tal vez, también para la política. No hay que olvidar que el campo vota cada vez que siembra y cosecha.