La pelea contra la pandemia del coronavirus tiene, por ahora, resultados diversos en el mundo. En la Argentina, la decisión del presidente Alberto Fernández de poner a la población en cuarentena a sabiendas de que se iba a profundizar la grave crisis de la economía fue una jugada arriesgada pero, hasta ahora, vista la situación, acertada. Para sumar otro punto, desde la oposición, no hay críticas.

Sin embargo, el Gobierno sabe que aunque el tema sanitario transcurra con el mejor de los éxitos posibles, el desafío empieza a ser nuevamente la deshilachada economía, que con la cuarentena está quedando en una situación aún peor de la que estaba antes de la crisis del coronavirus.

Ayer, el Comité de Crisis integrado por el Gobierno, los sectores de la industria, el comercio y el sindicalismo analizó cómo flexibilizar por actividad productiva el aislamiento social, preventivo y obligatorio que rige desde el 20 de marzo pasado.

"Lo primero que tenemos que resolver es qué actividades se pueden levantar sin afectar la salud", expresó en declaraciones a la prensa el ministro de Trabajo, Claudio Moroni. "En la medida en que se puedan desarrollar algunas actividades sin afectar la salud de la población, las otras seguiremos tratando de ver, ahora hay que cuidar la salud", sostuvo el funcionario.

Está claro que hay dos cuestiones de fondo que atañen a la economía local más allá de la situación de empobrecimiento en la cual se arrastra, como puede, la Argentina. La primera está vinculada a cómo resolver una inflación que sigue siendo muy alta. La segunda es cómo reactivar la economía cuando, aunque se ponga mañana todo en marcha, ya existía un freno largo y previo al coronavirus.

Por eso en el Gobierno ya comienzan a pensar en un gradualismo para levantar la cuarentena ni bien los datos de salud marquen que la epidemia en la Argentina tenga signos de . Es decir, cuando el Gobierno reciba los primeros datos fehacientes de que el coronavirus representa un problema, pero que la situación es controlable.

Por otro lado, Moroni aclaró que "está todo puesto sobre la mesa, todo lo necesario y todo lo que pueda garantizar que no afecta la salud de los trabajadores ni la salud de la población, se va a hacer. Tenemos parada el 60% de la actividad productiva y estamos viendo las que puedan arrancar razonablemente", añadió.

La urgencia económica es grande porque la recaudación nacional cae y las provincias también tienen serios problemas fiscales. Algunas hicieron trascender que piensan emitir cuasimonedas, situación que no sólo habla de la gravedad en la que se encuentran, sino que hace recordar la crisis de 2001. Por eso la urgencia, porque mientras más se demore el arranque de la rueda, mayor será el estrés de la economía. No depende del Gobierno, depende del coronavirus.