Una fórmula para medir hasta qué punto puede ser acertado el pronóstico de Luis Caputo sobre los próximos 18 meses que serían los mejores de la historia argentina, es ser más conservador y observar lo que puede venir en el corto plazo: desde ahora, en los primeros seis meses de los prometidos 18. El segundo y el tercer trimestre, donde será decisivo que se verifique, como mínimo, menos inflación y más reactivación de lo observado en el arranque del año.
Que se recomponga la confianza y se despejen interrogantes políticos que pongan en duda la continuidad del rumbo económico según los resultados electorales el año que viene. Todas las encuestas publicadas y comentadas por los principales consultores del mercado coinciden en que a la hora de explicar la caída del oficialismo en la consideración pública, pesa más el malhumor social por las dificultades económicas en la vida cotidiana que las desventuras de Manuel Adorni y otros papelones incluso más cuestionables al calor del poder.
Ningún pronóstico es dramático hacia adelante, tampoco hay muchos tan optimistas como los del Gobierno. Nadie avizora este año una crisis cambiaria como la que se dio en 2025. Sin embargo, hasta ahora el panorama no termina de convencer porque el modelo derrama muy desparejo. La aceleración de la inflación en los últimos 6 meses más la caída en la recaudación encendieron luces de alerta. Y la guerra terminó de complicar.
El panorama es gris, según sintetiza el economista Pablo Goldín, director de la consultora Melconian- Santángelo. Ni blanco ni negro, en todo caso de entusiasmo en los sectores que siguen ganadores, y depresión en los que cada vez están más complicados. “En los próximos seis meses, se va a definir si pasamos a gris claro o vamos hacia gris oscuro”, explica Goldín.
Un test de seis meses interesante de realizar y seguir sobre el plan y el elenco económico. Tampoco dramatizar, por aquel viejo chiste del médico que hace años me contaron en Wall Street para entender al mundo económico y financiero. Es el caso del doctor que a su paciente le da 6 meses de vida, pero cuando se entera de que no le va a poder pagar sus honorarios, le da 6 meses más.
Veamos entonces qué puede ayudar y qué puede complicar la vida económica de los próximos 6 meses, el primer tercio de los gloriosos 18 anunciados por el Ministro de Economía. En primer lugar, no hay duda de que el devenir de la guerra en Medio Oriente resulta determinante, y, en este punto, son más las incertidumbres que las certezas. Las novedades del fin de semana no hacen más que agravar el estado de cosas. Y para la economía, lo incierto es peor que lo malo.
En ese contexto mundial, claramente es muy importante el paquete financiero que anunció Luis Caputo en su gira por la asamblea del FMI. Si efectivamente se logra un ingreso extra de 10.000 millones este año, más las divisas del campo, energía y minería; se garantiza calma para el dólar y el riesgo país, imprescindible para que la economía reactive.
El problema sigue siendo para la mayoría del padrón electoral, también desde luego para quienes votaron al Presidente en 2023 y lo respaldaron finalmente en 2025. No se avizora un futuro de recomposición salarial. Tampoco de aumento de la demanda de trabajo en los conurbanos industriales de las grandes ciudades. Los sueldos seguirán perdiendo contra la inflación, que se mantiene indomable.
Aun con la correcta restricción monetaria y fiscal, los precios suben por el impacto inexorable de la guerra, más la actualización de tarifas, servicios privados, inflación reprimida, y eventualmente la presión sobre la oferta si se avanza por más crédito y plata en la calle para consumir. Y si se deja correr al dólar para salir del atraso cambiario, tal vez la inflación se va al 5% mensual. Peor humor social y más incertidumbre política sobre la continuidad de Milei y el modelo de 2028 en adelante.
Los interrogantes políticos juegan y mucho. ¿Logra Milei (o lo que él representa) reelegir en 2027? También aquí podría aplicarse una regla simple para ir orejeando cómo se presenta el escenario para el año próximo. La formuló el politólogo Sergio Berensztein. Lo definitivo será saber si irán juntas o separadas las ofertas electorales de las dos coaliciones que vienen históricamente compitiendo en la Argentina de 1983 a la fecha: la más numerosa, el Anti-Peronismo; y la menos numerosa, el Peronismo. La primera siempre ganó en caso de que la sociedad encontrara un candidato atractivo y unificador que en ese momento la interpretara: Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa, Mauricio Macri, Javier Milei. Y siempre perdió contra el PJ cuando la realidad resultó a la inversa.
Mirando 2027, lo que representa Mauricio Macri más los votos radicales y de la coalición cívica que votaron a Milei en el balotaje contra Sergio Massa, ¿tendrán un solo candidato o esa oferta irá dividida? Le cabe la misma pregunta al voto peronista y de izquierda. ¿Habrá un Frente de Todos, o Frente Amplio o Frejuli, o ese sector opositor donde asoman varios candidatos tendrá ofertas dispersas?
También la economía puede terminar de ordenar a la política. Si lo que viene son los mejores 18 meses de la historia, nadie se le va a animar a Milei en el centro derecha, y la oposición irá toda dividida a las presidenciales del año próximo. El espejo invertido de lo que ocurrió con Cristina en 2011, cuando sacó 54% de los votos y fue reelecta. Si en los próximos seis meses se pone en duda el oráculo oficial porque ni baja la inflación, ni aumenta la actividad, las reservas no crecen, y se agravan los disgustos políticos, habrá que reactivar las consultas y recalcular decisiones. Nunca confundir los pronósticos con los deseos y, sobre todo, saber que algún médico siempre está dispuesto a dar 6 meses más.