Como empieza a aburrir el caso Adorni, y además faltan todavía algunas semanas para el Mundial, la zaga que vuelve a mantener entretenido e inquieto al mundo político y económico estas horas es si, finalmente, Javier Milei logrará o no la reelección el año que viene. En caso de que no pudiera continuar, qué chances tiene el peronismo de ganar y hasta dónde esa victoria resultaría una tragedia para el país y su economía. La cuestión está presente en las mesas de conversación del establishment y figura hoy como interrogante en todos los informes de los principales bancos de inversión del mundo.
Las desventuras del Jefe de Gabinete reavivaron el debate sobre el impacto del caso en la opinión pública, ya que la respuesta del Gobierno a todo el episodio no ha hecho más que agravar el cuadro, de por sí bastante penoso. Pero a la hora de apostar a favor o en contra de las chances de Javier Milei para lograr un segundo mandato, la historia desde 1983 a la fecha mostró que en el padrón electoral siempre influyó más la economía cotidiana que los disgustos o escándalos políticos que afectaban a los que estaban en el poder.
En todo caso no hay duda que toda la agenda política delante y detrás del Adorni-Gate --las internas feroces del oficialismo, las sospechas sobre los nombramientos en la Justicia, los insultos del Presidente a medio mundo y demás-- suma a un malhumor social que, según revelan todas las encuestas, se explica por la economía cotidiana: salarios que pierden contra la inflación, consumo, construcción y comercio que siguen débiles, y reclamos sectoriales con alto apoyo social a los que el Gobierno no puede responder porque el superávit fiscal es cada vez más finito.
También es cierto que todas las administraciones que lograron mantener bajo control al dólar reeligieron: Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner.
Y quienes llegaron al año electoral en medio de tensiones y corridas, o no terminaron mandato o no lograron otra oportunidad: Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa, Mauricio Macri y Alberto Fernández. Todo indica que Milei tiene altas probabilidades de evitar una crisis cambiaria, aunque está en duda que sólo con eso y bajando más la inflación sea suficiente. Porque todos los que lograron segundo mandato no solo mantuvieron dólar e inflación freezadas. Ganaron en medio de procesos de recuperación económica, que en el caso de los Kirchner vaciaron los stocks acumulados, pero derramaron rápidamente felicidad en sectores industriales, el campo y la clase media y media baja en las ciudades. Todo eso está hoy en discusión, con los ingresos de la mayoría cada vez menos disponibles después de pagar tarifas y gastos fijos. No está tan claro que el boom de anuncios de inversiones a largo plazo protegidas por el RIGI en energía y minería derrame lo suficiente y a tiempo para enfrentar el año electoral.
La historia reciente y una parte de la derivación del affaire Adorni pueden ayudar a develar el misterio. Interesa observar el comportamiento del Presidente y su entorno íntimo ante la crisis. Muy parecido a la reacción del matrimonio Kirchner en la pelea contra el campo a partir de 2008 con la tristemente célebre Resolución 125. Desde luego que se trata de casos absolutamente incomparables, pero lo que interesa es cómo responde el gobernante.
En aquel momento, igual que ahora, nadie entendía por qué los Kirchner no frenaban la disputa y sólo radicalizaban cada vez más sus posiciones, a pesar de que ministros y allegados intentaban explicarles que resultaba sencillo salir del problema y evitar perder cada vez más imagen en la sociedad.
Imposible salir del pozo sin dejar de cavar. Como un calco de aquel encierro, hoy como ayer el jefe de Estado denuncia que es víctima de un golpe, y que detrás de la conspiración están los empresarios afectados por el modelo con los periodistas corruptos que les dan difusión y engañan a la gente con el caso Adorni, sin mostrar las cosas buenas que hace el Gobierno. “No hay campo sin Clarín, pibe!” decía siempre Néstor Kirchner para explicar su enfrentamiento con los medios. Igual que Milei, no odiaba a los periodistas. En todo caso odiaba lo que decían e informaban los periodistas. Nada nuevo.
Para alivio de los Milei, del Gobierno y de quienes esperan que haya segundo mandato 2027-2031, la historia de los Kirchner con la 125 y la batalla contra el campo finalmente no terminó tan mal. Tuvieron un tropiezo electoral en 2009, pero Cristina fue reelecta por abrumadora mayoría en 2011, tres años después del momento en que parecía que todo se terminaba. Aquella madrugada en Olivos después del voto no positivo de Julio Cobos, cuando el matrimonio presidencial estuvo a punto de renunciar y volverse a Santa Cruz. Como repite también ahora el actual Presidente: “si no les gusta, me voy a mi casa y se terminó, ningún problema”.
¿Será que finalmente depende del bolsillo? En 2009 los Kirchner perdieron, pero impactó una violenta sequía en el campo que se sumó al disparate de la 125, y sobre todo golpearon los efectos devastadores a nivel mundial que desató la crisis financiera en EEUU y la caída de Lehman Brothers. La radicalización de los Kirchner, que se insinuaba de entrada, se agravó a partir de 2008 y nunca retrocedió. Se profundizó con Carta Abierta cuando perdieron en 2009, y todavía más tras la muerte de Néstor. Aun así, en 2011 Cristina arrasó con el 54% de los votos, no solo por su condición de viuda. La recuperación económica en 2010 fue brutal con Brasil como locomotora y un renovado boom de la soja. Sobraban reservas y Cristina las regaló a 4 pesos para asegurar el triunfo. El salario real y el poder adquisitivo subían al 20/30% anual. Todos los consumos de la clase media estaban subsidiados.
Será seguramente la economía, según la perciba más el padrón electoral que el mercado, lo que defina una vez más el futuro el año que viene. Incluso los desafíos que le aparecen al Presidente por el centro y la derecha. El regreso de Mauricio Macri, o el intento de inventar un nuevo peronista moderado que no espante al electorado independiente podrán tener chances de afectar o no al oficialismo, según cómo le resulte a la gente la economía de Milei.