En un tramo del discurso por el Día de la Bandera que dio este sábado a orillas del Río Paraná, el presidente Javier Milei afirmó: “Belgrano fue el primer intelectual liberal de la Argentina”. La referencia no generó demasiados contrapuntos en el debate público, quizás más enfocado en el escrutinio sobre la aparición del cuestionado Manuel Adorni y la asistencia de la vicepresidente, Victoria Villarruel, de relación quebrada con la Casa Rosada.

El contexto de esta importante fecha patria que nos congregó en la conmemoración del paso a la inmortalidad de uno de los próceres más destacados y menos discutidos de nuestra historia es muy particular: nos encuentra envueltos en un clima mundialista que saca a relucir nuestras emociones e identificaciones más profundas ante la aparición de la celeste y blanca.

Ese evento episódico, que se repite solo cada cuatro años, se choca con aspectos de la cotidianidad que se perciben poco novedosos. En ese registro se inscribe la operación ideológica que la política partidaria realiza sobre hechos, procesos, hitos y personajes de la historia nacional en pos de integrarlos a las controversias contemporáneas. A partir de esto, se vuelve imprescindible volcar algunos apuntes sobre aquella definición tan dura como controversial del Presidente de la Nación al referirse al creador de la bandera.

En efecto, las ideas económicas que inspiraron a los “hombres de mayo” se encontraban estrechamente vinculadas al liberalismo, pero no exclusivamente al liberalismo económico. El Zeitgeist que los atravesaba estaba profundamente influenciado por las ideas de la Revolución Francesa, donde las banderas de libertad, igualdad y fraternidad generaban una constelación de conceptos imbricados, esto es, imposibles de escindir de manera tan arbitraria.

Javier Milei encabezó el acto por el Día de la Bandera en Rosario y reivindicó a Manuel Belgrano como “el primer intelectual liberal de la Argentina”.

Por el contrario, Milei elige rescatar únicamente las ideas económicas de Belgrano, que, naturalmente, defendía el liberalismo en términos económicos como consecuencia del monopolio comercial que predominaba en todo el imperio español sobre las colonias. En el recorte que el primer mandatario hace al sesgar su figura como el “primer intelectual liberal”, menosprecia de manera alarmante los demás componentes ideológicos indiscutibles del ideal de mayo que, al mismo tiempo, colisionan sin reparos con el ideario libertario.

Ayuda escuchar con atención cada línea del Himno Nacional Argentino. Desde un primer momento queda puesto de manifiesto que el grito sagrado de libertad, no en vano repetido en tres oportunidades, ocupa un lugar de privilegio. Ese es apenas el comienzo. La misma centralidad adquiere la frase que cierra la primera estrofa: “ved en trono a la noble igualdad”.

Es esta una referencia conceptual tan potente que ha sido utilizada para bautizar uno de los textos más célebres de los economistas Pablo Gerchunoff y Lucas Llach, recientemente reeditado, en donde diseccionan la economía política argentina desde fines del siglo XIX, tensionada por las demandas populares de redistribución y la necesidad de cimentar un crecimiento económico sustentable.

Así como la libertad se asienta con especial vigor en la construcción de nuestra identidad nacional, también se erige como un estandarte ineludible la “pulsión igualitarista” que recorre de manera magistral en sus trabajos el sociólogo Juan Carlos Torre, en donde el “naides es más que naides” marcó a fuego la conformación más primigenia de la sociedad argentina.

Un gran ejemplo de eso lo marca la incorporación, relativamente virtuosa, de las grandes oleadas migratorias al territorio nacional, ocurridas entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, con oportunidades que habilitaban una rápida movilidad social ascendente para muchos. La combinación armónica entre igualdad y libertad está en nuestro ADN como nación.

La búsqueda por parte de líderes partidarios de enfocar a nuestros próceres y nuestra historia de forma tan sesgada, en donde los criterios del presente se imponen en las lecturas del pasado, se ha vuelto una moneda corriente, sobre todo en el periodo de gobiernos kirchneristas. No por repetitiva deja de ser una ejecución singular que refleja algún tipo de diagnóstico sobre nuestra autoevaluación como país. Mientras carecemos de una visión compartida en relación con el futuro, seguimos peleando respecto del pasado sin agregar valor.

La parcialidad, la reescritura y las omisiones que realiza Milei al contar nuestra historia, en general, y la de Belgrano, en particular, revelan una incomodidad profunda con un concepto fundamental como la igualdad. Esto se mimetiza con el disgusto que le genera al presidente la Constitución Nacional del ’94, que retoma los antecedentes de las constituyentes de 1949 y 1957 en la consagración de los derechos sociales en el artículo 14 bis. La preferencia por la Constitución de 1853-60 es otra de las cruzadas ideológicas que empiezan en Milei y terminan en otras mentes de La Libertad Avanza, como Santiago Caputo.

El fastidio del mundo libertario se replica también con la idea de fraternidad, usualmente enunciada como empatía en los tiempos actuales y vinculada a lazos de solidaridad, unión y asociación en pos de ciertos ideales o causas. La preferencia por la iniciativa individual, el desarrollo autónomo y la prevalencia del más apto según las reglas del mercado se imponen, sin ningún tipo de consideración alternativa, en la raíz del modelo mileísta.

En cierta forma, la ratificación de una visión ideologizada por parte del Presidente, como expuso en su discurso en Rosario, inquieta en varias dimensiones. Por un lado, resuena una falta de apego a la verdad histórica que es utilizada para desandar una operación política de incorporación sesgada de nuestro pasado en el debate actual, con un recorte antojadizo respecto del prócer más consensuado que tenemos.

Por otro lado, exterioriza un menosprecio por las instituciones al enarbolar una narrativa que desaira a nuestra Constitución Nacional, que es la cristalización jurídico-institucional de los valores, creencias y aspiraciones de esta sociedad. Las ideas de mayo no se manchan.