En Argentina, se estima que cada año se diagnostican alrededor de 130 mil nuevos casos de cáncer y que la enfermedad causa poco más de 60 mil muertes. También que entre 1 de cada 3 o 4 personas va a cursarla en algún momento de su vida, que el cáncer de mama afectará a 1 de cada 8 mujeres y que el de próstata afectará a 1 de cada 7 hombres.
Son cifras que impactan, pero que cuentan solo una parte de la historia. Casi el 50% de los tumores pueden prevenirse con una vida saludable y, cuando la enfermedad se detecta de manera temprana, 3 de cada 4 casos van a encontrar la sanación.
Hasta hace poco tiempo, el panorama era muy distinto. El avance de la ciencia es una de las principales razones por las que el cáncer ha dejado de ser sinónimo de muerte. También lo es el desarrollo de la tecnología, si retomamos aquella definición que la describe como “ciencia aplicada”.
Detrás de los tratamientos que hoy permiten obtener mejores resultados hay un proceso indispensable: la investigación clínica. A través de ella se prueban y evalúan nuevos tratamientos, fármacos o procedimientos en seres humanos para determinar su nivel de seguridad y eficacia.
En nuestro país, esta actividad ha crecido exponencialmente en los últimos años. La cantidad de estudios autorizados por la ANMAT pasó de 161 en 2019 a 290 en 2025. De esta manera, el año pasado hubo 1.188 estudios activos ya que a los autorizados se le sumaron los que ya se estaban realizando. Este crecimiento va de la mano de la participación de los efectores de salud, 700 de los cuales albergaron estos estudios.
Más allá de las cifras, vale la pena detenerse en lo que este crecimiento significa para quienes atraviesan un cáncer.
En 2025 hubo 1188 estudios clínicos activos ya que a los autorizados se le sumaron los que ya se estaban realizando. Este crecimiento va de la mano de la participación de los efectores de salud, 700 de los cuales albergaron estos estudios.
Estrategias diagnósticas
La investigación clínica es el único camino donde se puede obtener mayor conocimiento acerca de determinadas estrategias no sólo terapéuticas sino también diagnósticas y que hacen cambiar el estándar de cuidado de hoy. En el Instituto Alexander Fleming, donde FUCA desarrolla parte de sus actividades, hay múltiples casos de personas que accedieron a tratamientos innovadores que todavía no están disponibles en la atención habitual. El impacto en la gran mayoría de ellos ha sido importante.
Estos tratamientos en evaluación se apoyan en el conocimiento disponible y, a la vez, permiten obtener información que puede cambiar la forma de abordar la enfermedad en el futuro.
Sin embargo, la posibilidad de participar en un estudio suele despertar dudas. Es lógico que algo nuevo genere temor. Muchas veces, el paciente comienza la conversación diciendo que se va a investigar “con él”. La respuesta es siempre la misma: se va a investigar “para él” y para los demás pacientes que tengan la misma enfermedad.
La posibilidad de participar en un estudio suele despertar dudas. Es lógico que algo nuevo genere temor. Muchas veces, el paciente comienza la conversación diciendo que se va a investigar “con él”. La respuesta es siempre la misma: se va a investigar “para él” y para los demás pacientes.
Fases de tratamiento
Todos los estudios, tanto los de fases tempranas como los de fases 2, 3 y 4, tienen un fundamento biológico. En la fase 1 se monitorean las toxicidades que pudiesen aparecer para que nunca suceda un evento adverso que ponga en peligro la vida de la persona. En la fase 2 se evalúa la eficacia del fármaco, conociendo ya esas toxicidades. En la fase 3 se compara la nueva intervención con el tratamiento que se utiliza como estándar en ese momento.
Por eso hablamos de oportunidades. En los últimos 15 años, la investigación clínica ha crecido en Argentina y Latinoamérica. Nuestro país participa en estudios clínicos pivotales en lo que hace a los cambios en la oncología clínica moderna y está a la par del resto del mundo en la evaluación de cambios en los tratamientos.
Además, este desarrollo no se limita a Buenos Aires. La investigación clínica tiene un muy buen nivel en numerosos centros del país. Su expansión ha democratizado el acceso y permite que más pacientes lleguen a instituciones donde se realizan estudios que buscan mejorar sus posibilidades frente al cáncer.
Nuestro país participa en estudios clínicos pivotales en lo que hace a los cambios en la oncología clínica moderna y está a la par del resto del mundo en la evaluación de cambios en los tratamientos.
Esto no significa que no haya aspectos por mejorar. Es necesario seguir impulsando estudios promovidos por la comunidad científica independiente, que complementen la labor de la industria. También hay una oportunidad de mejora en los plazos de evaluación de los proyectos y de los comités de ética.
El resultado de un estudio clínico de hoy puede convertirse en el tratamiento estándar de mañana. Por lo tanto, la mejoría en la asistencia y en los resultados se apoya en estudios clínicos.
Participar en un estudio es siempre la mejor opción, pero esa decisión debe estar acompañada de un consentimiento informado, auténtico y completo. El paciente debe comprender plenamente qué implica su participación.