Todo jugó en contra en marzo en materia inflacionaria: aumentos por estacionalidad, shock externo por Medio Oriente, a lo que se suma la carne, un problema de oferta que demorará años en recomponerse. Pero que esos factores no tapen algunos problemas de diseño del plan oficial para noquear la inflación. Es hilar fino, pero cuando hay que bajar la inflación a un dígito, hay que hilar fino.
Una de las objeciones, a las que el staff del FMI destaca, es la falta de una política monetaria más transparente, clara. Puntualmente si la meta del BCRA es la de los agregados monetarios (M2 privado), ¿por qué no se especifica el ritmo de crecimiento de esos agregados monetarios? Sin metas no hay ancla.
Puede argumentarse que se desconoce la demanda de dinero y que las metas deben adaptarse constantemente, pero mejor que no tener metas claras es tenerlas y cuando no se cumplen, detallar los desvíos.
Este año vence el mandato de una leyenda de la banca central: Julio Velarde de Perú, quien en octubre cumple 20 años al frente de la entidad monetaria. Velarde suele evitar dar recetas, pero en distintas exposiciones, una de ellas, en el Coloquio de IDEA en Mar del Plata, dejó lineamientos : 1) Cortar la emisión para financiar al Tesoro algo que tienen estipulado en la Constitución y que en Argentina está claro que en la gestión Milei también no se discute, 2) Orden fiscal creíble: también innegociable en la gestión Milei; 3) Independencia del Banco Central: tarea por delante para Argentina; 4) Anclar expectativas; 5) Evitar “atajos” cambiarios, es decir no usar el tipo de cambio como ancla artificial; 6) Acumular reservas y 7) Consistencia en el tiempo: el arco político coincidir en el plan de estabilización.
Velarde marca el camino.