La preocupación que empezó a manifestar el equipo económico por el frente fiscal no es casual: puertas adentro, hizo un pedido al resto del gabinete para recortar tanto el gasto corriente como el de capital. La recaudación tributaria viene impactada por un nivel de actividad que no termina de recuperarse y por las bajas de impuestos aplicadas el año pasado. En enero ayudaron los ingresos percibidos por las concesiones de las centrales eléctricas, una salida que se repetirá a lo largo del año. Pero no es fácil hacer que las privatizaciones coincidan con los meses difíciles.

La contabilidad que usa la OPC, es importante remarcarlo, no es la misma que utiliza Hacienda.

Aunque la expectativa pública está puesta en el número de inflación de marzo, el resultado del Tesoro también será examinado con detenimiento. La Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) dio un primer anticipo de lo que fue el mes, en el que anotó una caída real de ingresos de 0,6% y una suba del gasto real de 2,9%. La cuenta no ofrece misterio: el resultado fue deficitario.

La contabilidad que usa la OPC, es importante remarcarlo, no es la misma que utiliza Hacienda. Mide el gasto devengado, o sea el que corresponde al período, y Hacienda toma como criterio el base caja. La diferencia es que con el sistema oficial un gasto de enero pagado en marzo sube las erogaciones de marzo. De la misma manera, un gasto de marzo postergado a abril, las disminuye. Sin hacer los rebalanceos que suele hacer Economía, la OPC midió en marzo un déficit primario de $ 0,7 billones y un financiero de $ 1,3 billones.

Para el Gobierno el superávit fiscal no es negociable. Por eso es posible que la planilla de marzo sea positiva gracias a alguna ingeniería de pagos. Los ingresos de capital se volverán relevantes (como los del FGS de la ANSeS) y la deuda flotante seguramente crecerá, a la espera de que en abril las retenciones de la cosecha nueva aparezcan como refuerzo.