Argentina no tiene un problema de atraso cambiario, el verdadero drama de esta nación es la hibernación ideológica, una que nubla el albedrío, que no deja pensar con claridad y que, por lo tanto, empaña el bosque del hacia dónde vamos.
Todavía muchos economistas y analistas no terminan de entender que este modelo libertario no es un experimento improvisado ni una transición coyuntural: por el contrario, es un cambio estructural profundo basado en la expansión explosiva de tres complejos exportadores centrales, agricultura, energía y minería.
Este proceso ya está en plena marcha y continuará intensificándose con el correr del tiempo, generando riqueza para la mayoría de los argentinos. La consecuencia macroeconómica es directa y contundente: una apreciación sistemática y convencida del peso frente al dólar.
Y la razón es muy simple: este esquema está desarrollando una máquina permanente de generación de divisas, cosa que Argentina se olvidó de hacer desde 1920. Meses atrás pululaban pronósticos de un dólar a “5000” al día de hoy, cuando en realidad ya no se puede ni sostener el “1400”, dinámica que lejos está de haber culminado.
Por lo tanto, el equilibrio general al que apunta este modelo libertario es radicalmente distinto al que Argentina se acostumbró a tolerar durante las últimas ocho nefastas décadas de cerradura, devaluación y de un proteccionismo que generó unos muy pocos empresarios ricos y millones de consumidores pobres.

El modelo que se está extinguiendo estaba sostenido por prebendas, proteccionismo y empresas estructuralmente ineficientes, que necesitaban un tipo de cambio artificialmente alto para poder competir, producto de baja productividad, limitada inversión, escaso desarrollo tecnológico y una muy diezmada capacidad de crecimiento.
Ese sistema permitió que unos pocos favorecidos amigos del poder “cazaran en el zoológico”, consolidando rentas oligopólicas financiadas por millones de consumidores empobrecidos. Las consecuencias de esa forma de producir hicieron que una nación próspera como la Argentina hace cien años atrás se convirtiera en una máquina sistemática de generar pobres.
Las razones de esto son muy sencillas de comprender: no se puede pretender crecer a largo plazo sobre la base de un sistema microeconómicamente ineficiente que, para sobrevivir, requiere de un país que literalmente funcione al revés y que en su inconsistencia condene en la pobreza a la mayoría de sus ciudadanos.
Pero también existe otro tipo de empresario local en antítesis al rentista prebendario: ese que sobrevivió a pesar del país, en un entorno históricamente anti empresa. Estos actores difícilmente desaparezcan. Se van a adaptar, se van a volver competitivos y van a crecer en el nuevo ecosistema que proponen los libertarios.
Quienes probablemente pierdan son los especuladores: los que se estoquean esperando un colapso cambiario, los que apostaron a la devaluación del peso y a la derrota libertaria, los que en consecuencia se posicionaron largos en dólar y duration deseando un escenario armagedónico que nunca llegó.
En este contexto, la dinámica cambiaria es muy clara y cruel para los que se equivocaron de vereda: el dólar se está cayendo como un piano y esto recién empieza. Esta realidad responde al masivo posicionamiento previo a las elecciones de octubre 2025 construido sobre la hipótesis de una derrota electoral y una posterior devaluación caótica.
Nada de eso ocurrió. Hoy estamos viendo el desarme de esas posiciones, combinado con flujos externos que empiezan a armar carry nuevamente. El resultado es una presión adicional hacia la apreciación del tipo de cambio. De esta manera, esperar un salto devaluatorio bajo este modelo es un severo error conceptual.
Todas las fuerzas internas del esquema libertario apuntan a una apreciación persistente del peso basado en un modelo que de prebendario localista muta a exportador diversificado en tres dimensiones: agricultura, minería y energía. Y esto ni siquiera incorpora todavía el impacto de una cosecha que promete ser muy buena y que ya se nos viene encima.

La pregunta relevante entonces pasa a ser otra: ¿cuánto acelerará el BCRA la compra de dólares? Recordemos que esa es la principal preocupación de Wall Street: dados los vencimientos que dejó plantado el peronismo, Argentina necesita una montaña de dólares para hacer frente a dichos pagos.
De esta manera, todo indica que se abrirá una ventana en la cual el BCRA podrá adquirir una cantidad significativa de divisas durante la liquidación del campo, fortaleciendo el frente externo y permitiendo al gobierno seguir acumulando reservas y complaciendo los requerimientos de Wall Street para finalmente rolear deuda y no depender en exclusividad del stock de reservas, como lo hace cualquier país normal, cosa que hoy no somos todavía.
No es casual que el principal escollo que observa Wall Street sea justamente la capacidad de Argentina para recomponer reservas frente a los severos compromisos heredados del peronismo.
Por ahora, la estrategia oficial viene funcionando: compras cotidianas, monetización contenida y ausencia de presiones inflacionarias relevantes, señal de que la emisión está siendo absorbida por incrementos en la demanda de dinero.
Este punto es clave. No se está viendo un salto inflacionario asociado a la acumulación de reservas vía emisión de pesos. Y hacia adelante, el panorama es todavía más favorable: todo indica que la actividad económica entrará en una fase de recuperación marcada durante los próximos meses de 2026.
Ese rebote incrementará la demanda de dinero, habilitando una aceleración potencial en la compra de reservas sin consecuencias inflacionarias.
En síntesis, el país está transitando un cambio total de modelo, abandonando uno que no hizo otra cosa que empobrecernos y girando hacia lo que nunca debiéramos haber dejado en primera instancia: un modelo basado en nuestras ventajas comparativas ahora, incluso, complementando al campo con dos gigantes adicionales como minería y energía.
Exportaciones estructuralmente crecientes, apreciación real del tipo de cambio y un proceso gradual pero sostenido de recomposición de reservas. Muy lejos del viejo equilibrio basado en atraso productivo, endeudamiento, emisión, proteccionismo y rentas cautivas. Este es el nuevo marco, el que alguna vez hizo de la Argentina una de las naciones más prósperas del planeta. Ignorarlo es seguir analizando la Argentina con la prebendaria miopía del pasado.
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