La recaudación tributaria nacional lleva ocho meses consecutivos de caída interanual, y en el primer trimestre de 2026 registró una disminución del 7% en términos reales con respecto al 2025. Sin embargo, la caída no fue uniforme.
Los datos muestran retrocesos muy pronunciados en dos tributos con alto potencial distributivo: Bienes Personales (el principal impuesto a la riqueza de Argentina) y Derechos de Exportación (retenciones). En simultáneo, impuestos al consumo, como el que grava a los combustibles, ganan participación relativa.
ARCA.Dólares del colchón: la línea roja que puede hacerte perder los beneficios
abre en nueva pestañaEstas variaciones responden, en buena medida, a los cambios introducidos en los últimos dos años que, aunque no se enmarcan en una reforma tributaria integral, han ido modificando la estructura del sistema en un sentido regresivo.
Los tributos vinculados al comercio exterior explican gran parte de la caída de la recaudación. Los derechos de exportación acumulan una disminución interanual cercana al 38% en el primer trimestre de 2026, incluso en un contexto de auge de las exportaciones agroindustriales. Este resultado se explica principalmente por los cambios de política orientados a reducir alícuotas, en particular para productos como soja, trigo y maíz.
En paralelo, la recaudación del impuesto sobre los Bienes Personales mantiene una trayectoria descendente iniciada en 2024, año en que se desplomó. En el primer trimestre de 2026, la variación interanual fue del -9%, mientras que, en comparación con 2023, la caída alcanza el 81%.
Este resultado se explica por el “Paquete Fiscal” aprobado en 2024, que implicó un alivio significativo para el 1% de la población de mayor patrimonio declarado y debilitó todavía más el ya escaso aporte del tributo: su participación en la recaudación nacional pasó de representar casi el 1,5% en el primer trimestre de 2023 a apenas el 0,3% en igual período de 2026.
Cabe recordar, además, el Régimen Especial de Bienes Personales (REBP), que otorgó beneficios y estabilidad fiscal hasta 2038 a quienes optaron por adelantar el pago del tributo, lo que implica una reducción de la recaudación en los próximos años. El impuesto a las ganancias, en cambio, prácticamente mantuvo su recaudación con respecto al año anterior. A pesar del alza que experimentó en 2025 con la restitución para los asalariados de la cuarta categoría, el tributo ha quedado con una participación en la recaudación total más baja que en el período 2019-2023.
Este patrón de caída interanual en los tributos más progresivos no es neutral desde el punto de vista de la equidad del sistema. Por el contrario, profundiza una matriz de recaudación dependiente de los impuestos al consumo y de los recursos asociados a la seguridad social. En particular, el IVA continúa funcionando como el principal sostén del sistema y aporta la mitad de la recaudación nacional por impuestos.
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A esta dinámica se suma el aumento en la recaudación del impuesto a los combustibles, impulsada principalmente por la recomposición del gravamen, que había quedado rezagado tras varios períodos de postergación en su actualización. En este contexto, la recaudación de este tributo, que recae en los consumidores y no en las empresas, registró una variación interanual del 18% en el primer trimestre del año y lo más probable es que se potencie aún más en el segundo semestre por el aumento de precios internos de la nafta, como consecuencia de la guerra en Oriente Medio.
Otro dato saliente es el aumento en la participación del monotributo, que pasó del 0,4% al 0,8% de la recaudación total. Este incremento responde a dos factores. Por un lado, a cambios en el mercado laboral, con un aumento significativo en la cantidad de monotributistas en un contexto de deterioro del empleo asalariado registrado, y aumento de la precarización.
A las modificaciones introducidas en el Paquete Fiscal en 2024, que elevaron los umbrales de facturación y ampliaron el universo de contribuyentes alcanzados, permitiendo que actividades con niveles de ingreso más elevados continúen tributando bajo este esquema simplificado. De este modo, contribuyentes que en otro contexto hubieran tributado en el régimen general (particularmente en el impuesto a las Ganancias) permanecen en el Monotributo, con una carga efectiva menor, lo que en los hechos implica un alivio relativo para segmentos de mayores ingresos dentro de la estructura tributaria.
Los números de la recaudación del primer trimestre resultan preocupantes en dos aspectos. Por un lado, la caída de ingresos públicos de forma sostenida traerá como consecuencia una mayor reducción del gasto para sostener el superávit fiscal. Esto resulta particularmente sensible en términos de derechos, ya que el ajuste viene recayendo principalmente sobre el gasto social y la provisión de servicios públicos.
La dinámica opera tanto a nivel nacional como en las finanzas provinciales, que dependen de la coparticipación de impuestos. Pero en segundo lugar, un análisis de la composición de la recaudación muestra una estructura que se volvió más regresiva durante el último año, en gran medida como consecuencia de las modificaciones que realizó el Ejecutivo durante la primera mitad de su mandato.
Desde el Espacio de Trabajo Fiscal para la Equidad (ETFE) sostenemos que existe otro camino para avanzar en un sistema tributario más justo, basado en una distribución equitativa de la carga tributaria, donde quiénes más tienen, más contribuyan.