¿Cambiar el sistema electoral o administrar una elección en pandemia?

Según datos del International Foundation for Electoral Systems (IFES) durante 2021 hay 78 países que votarán, es decir, en contexto de pandemia. A ellos se suman los que en 2020 ya tuvieron que afrontar elecciones muy importantes en convivencia con el Covid-19. Sin ir más lejos, en América Latina se destacaron las elecciones presidenciales en Guyana, Bolivia y República Dominicana (todas ellas críticas, en las que los tres oficialismos salieron derrotados). También constituyó un hito histórico el Plebiscito Nacional de Chile, en donde se avaló por una gran mayoría el camino a una Reforma Constitucional. Hasta los Estados Unidos, en plena pandemia, mostró la elección presidencial más debatida, judicializada y conflictiva de su historia. Inclusive en Argentina se votó en pandemia en 2020, en ese sentido se destaca la elección municipal de la ciudad de Río Cuarto (Córdoba) donde votaron casi 68.000 ciudadanos.

Una conclusión que ha evidenciado 2020 es que, bajo medidas adecuadas de administración electoral, aún en contexto de pandemia se pueden realizar comicios sin mayores riesgos para la población. Más aún, los aspectos que pudieran señalarse como negativos en los mencionados procesos electorales fueron, principalmente, de índole política antes que de cuestiones sanitarias.

Ahora bien, este año hay elecciones en la Argentina que, a diferencia de otras democracias de la región que unifican la fecha de sus cargos subnacionales, cuenta con un federalismo electoral que habilita a que en varios distritos se puedan celebrar elecciones locales en fechas diferentes a las de los cargos nacionales. De modo que, al margen de las fechas legales vigentes del 8 de agosto para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y 24 de octubre para las generales (o de las fechas que se terminen fijando), habrá lugares del país donde la ciudadanía votará en fechas adicionales para sus cargos locales (como Misiones el 6 de Junio o Salta el 4 de julio) lo que implica que allí los votantes deberán concurrir a los centros de votación una vez más que en los demás distritos.

Precisamente en estos días se ha revitalizado el debate sobre las elecciones nacionales, lo que a priori se presenta como un dilema lógico y similar al enfrentado por las demás democracias durante esta pandemia. Si bien hubiera sido preferible tratar esta temática con mayor holgura temporal y en año no electoral, también es cierto que tanto el funcionamiento como el debate legislativo de 2020 tampoco fueron ajenos a los problemas que ha conllevado la pandemia, asimismo hubo otras agendas intensas y relevantes que favorecieron la postergación de su tratamiento.

Una dificultad que acarrea el debate sobre las elecciones en nuestro país es que transita sobre dos planos diferentes, lo cual genera que en ocasiones ambos planos se mezclen y en otras se confundan. Por un lado, se discuten cuestiones vinculadas a modificar el sistema electoral actual (derogación de las PASO, introducción de ley de lemas, etc.) y, por otra parte, se discuten temas relativos a la administración electoral en contexto de pandemia (modificación del calendario electoral, políticas sanitarias, etc.), es decir, medidas que requieren cambios normativos para favorecer la organización de la votación en contexto de pandemia.

El punto que más espacio ha ocupado, el de mantener o no las PASO, dista de ser novedoso, incluso Cambiemos siendo oficialismo también propuso su derogación para 2019. Sin embargo, la discusión actual sobre las primarias se ha visto inmersa en una suerte de laberinto. En el debate de las PASO se han mezclado argumentos basados en evidencia (como su capacidad de colaborar en ordenar la oferta electoral en el cuarto oscuro) con otros de tipo financiero (costos de implementarlas, como lo han esgrimido varios gobernadores) y políticos (suspenderlas para dar mayor tiempo a una posible recuperación económica, o bien para favorecer a ciertas lapiceras en las nominaciones). Este debate, donde ganaron terreno los factores políticos y financieros, conlleva una debilidad y es, precisamente, el de encontrarse completamente alejados del argumento sanitario, hecho que puede alentar desconfianza tanto en el electorado como en buena parte de las fuerzas políticas. Esto es sumamente negativo considerando que de por sí el contexto ya es bastante crítico.

En otro plano distinto se encuentra la discusión basada en modificar los calendarios electorales en función del contexto sanitario. Ese debate se da en mayor sintonía con lo que vino ocurriendo en los demás países que afrontaron comicios en pandemia (de hecho numerosos países modificaron sobre la marcha sus calendarios en 2020). El punto crítico es que, en Argentina, este debate se viene limitando al calendario y, al menos por ahora, poco se ha avanzado en centrar en la agenda de discusión otras modificaciones adicionales en materia de administración electoral que podrían facilitar la vida a quienes van a tener que ir a votar, a fiscalizar o a ser autoridades de mesa en un contexto de pandemia.

A modo de ejemplo, se podrían discutir medidas tendientes a disminuir las filas en los establecimientos de votación tales como: desdoblar en varios días o ampliar las horas de la jornada de votación, disponer excepcionalmente de lugares para votación anticipada o mecanismos de voto a distancia para pacientes de riesgo. También podría tomarse nota de lo hecho en Corea del Sur en sus comicios, al establecer un horario y medidas adecuadas para garantizar el voto de la parte de la ciudadanía que se encuentre diagnosticada en condiciones de contagiar Covid-19 el mismo día de la elección. Es cierto que algunas voces están pensando este punto, pero este tipo de temas distan mucho de ocupar el centro de la discusión.

Pensar medidas de administración electoral implica planificar medidas que mejoren concretamente la participación ciudadana en la jornada de votación. En cambio, discutir cambios en el sistema electoral obedece a otro tipo de discusión, porque implica modificar reglas de juego por razones políticas. En todo caso, ese debate debería darse en forma separada al que urge en contexto de pandemia, que es el de discutir modificaciones que van a requerir cambios normativos en cuestiones de administración electoral para favorecer el funcionamiento de las mesas el día de la votación.

Pese a tratarse de un fenómeno mundial que nos cambió la vida en apenas un año, la perspectiva comparada en materia de elecciones en pandemia ya nos brinda varias lecciones aprendidas de las que podemos extraer valiosas experiencias. Claramente no todas ellas son aplicables a nuestro contexto y prácticas sociales, pero la política tiene hoy su mira puesta casi exclusivamente en las PASO y en el calendario electoral. Quizás, y sólo quizás, esta vez en función del contexto amerite tratar de mirar un poco más allá.


* El autor es Director del Programa de Investigación "La administración Electoral en Argentina y América Latina" (IDICSO-USAL), Director del Grupo de Investigación "Elecciones, Reforma Política y Observación Electoral" de la Carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires y docente en las Carreras de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Pontifica Universidad Católica Argentina.


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