El Brexit, una adaptación y no una ruptura

Dice el escritor español Javier Cercas que el tiempo pasado del que hay aun testigos no es el pasado sino que es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado; y agrega que estamos acostumbrados a pensar estúpidamente en que el presente es solo hoy cuando en verdad hay un pasado reciente que lo ha iniciado.

Esta idea es relevante para comprender una dimensión del reciente acuerdo económico y político entre la Unión Europea y el Reino Unido que permite que el Brexit devenga en un nuevo pacto positivo. Los británicos y los europeos continentales han anunciado un pacto que une su pasado (integración), que se apoya en el presente (dos modelos que se enfrentan por la mayor flexibilidad británica y la mayor rigidez europea) y que se adapta al futuro (una adaptación a la nueva economía).

Hace unos años, cuando el Brexit se anunció, muchos aseveraron que se trataba del inicio de la desglobalización. Lo mismo se creyó con el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos. Pero nada de eso ocurrió. Porque -como entiende Cercas- mirar el presente solo por una foto es creer que un eslabón es una cadena. Lo que está ocurriendo es un cambio en la matriz institucional de la economía mundial: la flexibilidad es un requisito, la autonomía un atributo, la adaptabilidad y hasta la anticipación son una virtud. Hoy el comercio internacional de servicios es más dinámico que el de bienes, los intangibles son el motor de la nueva economía (generan el doble de valor que los tangibles cada año en el planeta), el capital intelectual es la esencia de la economía mundial (contribuye al 45% del producto bruto global y al 70% en países desarrollados), la geografía es menos relevante que las coaliciones de valores e intereses, las empresas compiten en todas partes y la geopolítica influye crecientemente.

El Brexit no implicará un aislamiento insular sino una visión (Global Britain) de más amplitud internacional, a la que la Unión Europea se adapta a través de sus propias vías, por ejemplo celebrando sus pactos como éste y otros que logró hace poco con Japón o Canadá -la UE tiene pactos firmados con 70 países, con 30 de los cuales los ingleses ya han refrendado sus acuerdos para aplicarlos a su nueva autonomía-.

Por el nuevo acuerdo (que aún debe pasar por pasos institucionales para ser ratificado) los británicos logran salir de la unión y recuperar autonomía regulatoria para mejorar competitividad (se han quejado de la pesadez regulativa de Bruselas por años) mientras ambos mantendrán libre comercio reciproco (100.000 millones de dólares anuales) y libre tránsito de factores a través de sus fronteras (sin aranceles, cuotas ni cupos; en el acuerdo comercial mas amplio en este sentido que la Unión Europea haya celebrado hasta hoy).

El Reino Unido ha mantenido siempre una diferencia sustancial con el continente por el tipo de sistema regulatorio que se plasmó en el common law mas espontaneo en las islas y el legislativismo codificado continental. Ahora los británicos logran menos pesadez regulativa en su territorio y autonomía para pactar con otros mercados dinámicos del mundo acuerdos de nueva generación, mientras la Unión Europea mantiene su esencia más exigente en requisitos.

Los británicos y los europeos continentales han anunciado un pacto que une su pasado (integración), que se apoya en el presente (dos modelos que se enfrentan por la mayor flexibilidad británica y la mayor rigidez europea) y que se adapta al futuro (una adaptación a la nueva economía).

Dijo Yanaer Bar-yam (físico del MIT) que en general uno piensa que el futuro será como el pasado y eso obedece no solo a la visión sobre la vida sino a la estadística y la matemática usada suponiendo que las ecuaciones serán luego iguales que fueron antes; pero que ésto genera un problema a resolver cuando hay un cambio dramático en el comportamiento de los sistemas.

Asistimos a una nueva etapa del capitalismo global en la que la coincidencia en valores (modo en que se organiza la producción, se regula el comercio, se organiza el trabajo, se eligen aliados en función de confluencias metaeconómicas) importará más que la vecindad.

Existen en el mundo ya unos 310 acuerdos de apertura reciproca vigentes (en el año 2010 eran poco más de 200, y en el año 2000 apenas rondaban los 100). Y dentro de ellos se genera alrededor del 60% de todo el comercio trasfronterizo global. El pacto entre la UE y el RU sostiene una línea de acuerdos que ha solidificado una base del comercio internacional reduciendo el arancel promedio en frontera en todo el mundo desde 15,5% hace 25 años hasta 5,5% hoy.

Ahora bien: esta noticia tiene un trasfondo y éste consiste en que el antiguo ideal de un mundo integrado universalmente para todos y sin excepción no funcionó (y la “vieja Organización Mundial de Comercio lo padece); y, a cambio, los países han decidido elegir sus amigos, formar grupos y preferir aliados parecidos. El mundo amplía mercados a través de “clubes de socios en los que lo cualitativo crece en importancia.

Hay dos dimisiones de la nueva política economica internacional: los tipos de alianzas supraestatales cambian porque se adaptan a nuevos requisitos, pero la actitud sigue siendo bien global. Y como creía Winston Churchill la actitud es esa insignificancia que marca la diferencia.

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