Del corralito al cepo: una historia de ahorristas atrapados

Son pocos los ahorristas del 2001 que todavía lo tienen. Pero Pablo es de los que lo aguantó hasta el final. En el diario, la semana pasada, amortiguó unas cuantas gastadas. Al menos voy a recibir dólares, se ufanaba en la redacción semi-vacía de los viernes ante un grupete de pesificados a fuerza de inconsistencia. Defiende su elección casi como un acto de resistencia: Me querían encajar los pesos a toda costa. Y no quería darles el gusto, explicaba.


El Boden 2012 se extingue en pocos días. Es un símbolo de aquella época triste y lamentable pero también de estos tiempos en que los argentinos volvemos a sentirnos acorralados. Quizás por eso resulte irritante la pretensión oficial de convertir este último pago en una suerte de gesta de emancipación nacional. Sin deuda somos más libres, dicen en Economía. Y los argentinos miramos extrañados del otro lado del cerco verde que nos separa no sólo de los dólares sino del derecho a disponer de nuestro ahorro como mejor nos parezca.


Paradojas mediante, las restricciones de esta era K tardía convirtieron al Boden 2012 el bono de los ahorristas atrapados en una puerta de salida al cepo cambiario en la medida en que ofreció a muchos la posibilidad de asegurarse dólares en el corto plazo sin someterse al escrutinio arbitrario de la AFIP. Así, el Boden fue la mejor inversión de este año, con un salto superior al 40% y un dólar implícito que ya merodea las cercanías de los $ 7.


Y ahí está también la ironía de que haya sido el Boden 2012, el título que resume a la Argentina del 2001 que buscamos dejar atrás, el que en buena medida haya contribuido a impulsar el corralito verde: fue la urgencia por asegurarse los dólares para hacer frente a este vencimiento (en un momento de arcas menguantes) que engendró este entuerto cambiario y terminó reflotando algunos de los miedos que proliferaban una década atrás.


Queda ahora por ver qué nos depara el escenario post-Boden, con el que mucho se especuló en el último tiempo. Una revisión de las restricciones más enojosas hoy parece menos probable que la profundización de un esquema que ya echó raíces, pese a esta Argentina que se enfría a toda velocidad sin que se enteren los precios.


Aunque con cierta resignación, da la impresión de que Pablo está contento de clausurar una etapa. Pero sonríe con un poco de amargura: Mi viejo tiene el Boden 2013. A él todavía le falta.