

Doblar la lengua hasta formar una especie de “U” o “taquito” es una habilidad que algunas personas pueden realizar con facilidad y otras no consiguen aunque lo intenten. Durante años se la relacionó principalmente con la genética, pero su ejecución también involucra coordinación muscular, control motor y aprendizaje.
Según especialistas, la capacidad puede observarse como una manifestación de la coordinación motora fina y de la interacción entre el cerebro y los músculos que intervienen en el movimiento de la lengua. Sin embargo, los profesionales advierten que no debe utilizarse como una prueba aislada para determinar rasgos psicológicos.
Qué hay detrás de la capacidad de doblar la lengua
Para realizar este movimiento se necesita controlar con precisión diferentes músculos de la lengua y coordinar sus movimientos. Como ocurre con otras habilidades motoras, el sistema nervioso participa en la planificación y ejecución del gesto.
La posibilidad de adquirir o perfeccionar determinadas destrezas mediante la práctica también está relacionada con la plasticidad cerebral. La repetición puede fortalecer circuitos vinculados con una actividad, por lo que el aprendizaje puede tener un papel además de las características individuales que facilitan inicialmente el movimiento.

¿Doblar la lengua está relacionado con la personalidad?
Algunas observaciones asociaron esta destreza con características como curiosidad, flexibilidad, capacidad de adaptación o facilidad para incorporar nuevas habilidades. También se mencionan comportamientos vinculados con la exploración, la creatividad y la confianza para desenvolverse en determinados contextos.
Sin embargo, esta relación no significa que todas las personas capaces de doblar la lengua tengan esas características. La personalidad y las capacidades cognitivas dependen de una combinación mucho más amplia de factores biológicos, sociales, educativos y ambientales, por lo que no es correcto utilizar este gesto como un indicador definitivo.
Por qué la genética no explica todo
La predisposición genética puede facilitar determinados movimientos, pero la experiencia y la práctica también pueden influir en el desarrollo de habilidades motoras. En algunas personas, la repetición durante la infancia o posteriormente puede contribuir a mejorar el control necesario para realizar el pliegue.
Por ese motivo, psicólogos y profesionales vinculados con el lenguaje recomiendan interpretar esta capacidad con cautela. Doblar la lengua puede ser una muestra interesante de coordinación y control motor, pero no permite diagnosticar una condición, establecer el coeficiente intelectual ni definir la personalidad de alguien.
La habilidad puede practicarse como cualquier otro movimiento voluntario, aunque los resultados varían de una persona a otra. Si existen dificultades específicas relacionadas con el habla, la movilidad de la lengua o la motricidad oral, la evaluación adecuada debe quedar en manos de un profesional y no basarse en la capacidad de realizar este gesto.













