

Hay un ejercicio simple, gratuito y al alcance de casi cualquiera que sobresale cuando se trata de cuidar el corazón: el trote. Salir a correr a ritmo suave estimula el sistema cardiovascular de una forma difícil de igualar con actividades más livianas, y sin necesidad de máquinas ni de largas distancias.
Esto no significa que caminar o pedalear no sirvan —ambos cuidan el corazón—, pero el trote concentra un estímulo mayor en menos tiempo. Y la evidencia es contundente: incluso dosis pequeñas se asocian a una reducción notable del riesgo de morir de forma prematura.
Qué le pasa al corazón y a la circulación cuando trotás
Al trotar, el corazón debe bombear más sangre en cada latido. Con la práctica regular, sus cavidades se dilatan y sus paredes se engrosan ligeramente, lo que lo vuelve más eficiente y reduce la frecuencia cardíaca en reposo y, con el tiempo, la presión arterial. El resultado es un órgano que rinde más con menos esfuerzo.
En el sistema vascular, el trote aumenta el calibre de arterias y capilares y mejora el flujo de sangre hacia músculos y pulmones. El trabajo de las pantorrillas actúa como una bomba natural que impulsa el retorno venoso, alivia la pesadez en las piernas y contrarresta los efectos del sedentarismo; además, ayuda a frenar la acumulación de grasa en las paredes arteriales.

Cuánto trote hace falta para ver beneficios
La buena noticia es que no hay que correr maratones. Un metaanálisis que reunió seis grandes estudios con más de 232.000 adultos seguidos durante años halló que quienes corren registran menor mortalidad, un patrón asociado a una mayor esperanza de vida. Y lo más llamativo: correr más no multiplica necesariamente esas ventajas.
Los datos muestran que con muy pocos minutos semanales ya aparece el efecto protector. Estas son las cifras que respaldan al trote como ejercicio cardiovascular:
- Correr se asocia con una reducción del 27% en la mortalidad por todas las causas, del 30% en la cardiovascular y del 23% en la mortalidad por cáncer, frente a no correr.
- El beneficio aparece incluso con menos de 50 minutos por semana y a ritmos lentos.
- La OMS recomienda 75 a 150 minutos de actividad vigorosa semanal (o 150 a 300 de moderada); el trote entra en la franja vigorosa.
- Correr más no reduce la mortalidad de forma proporcional: pesa más la constancia que el volumen.
Cómo empezar a trotar sin lastimarte
- Alternar caminata y trote suave las primeras semanas, subiendo la intensidad de a poco.
- Hacer un calentamiento previo y usar calzado adecuado para amortiguar el impacto.
- Elegir superficies blandas (parque o pista) para cuidar rodillas y tobillos.
- Ante sedentarismo prolongado, sobrepeso o antecedentes cardíacos, consultar al médico antes de empezar.
Para arrancar esta misma semana alcanza con tres salidas de 15 a 20 minutos, combinando caminata y trote, y sumar tiempo a medida que el cuerpo se adapta: con esa base ya se cruza el umbral que la evidencia vincula a un corazón más sano.









