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Durante décadas, los científicos pensaron que el futuro de los bandicuts rayados orientales estaba prácticamente sentenciado. La especie había desaparecido de Australia continental y apenas sobrevivían unos pocos ejemplares aislados, afectados por problemas genéticos que impedían su reproducción y adaptación. Sin embargo, un programa de rescate biológico logró lo que parecía imposible: devolver a este pequeño mamífero a la naturaleza y abrir una nueva esperanza para miles de especies amenazadas por el cambio climático y la pérdida de hábitat.

El reciente regreso de 100 bandicuts a la isla Phillip, cerca de Melbourne, marcó un antes y un después en la conservación animal. Los ejemplares fueron criados bajo un sistema de rescate genético considerado pionero a nivel mundial, diseñado para fortalecer la diversidad genética de la especie y aumentar sus probabilidades reales de supervivencia en estado salvaje.

¿Qué son los bandicuts y por qué su regreso impacta al mundo?

Los bandicuts son pequeños marsupiales nocturnos conocidos por su capacidad para transformar los ecosistemas donde habitan. Aunque su tamaño es reducido, cumplen una función ambiental gigantesca: remueven enormes cantidades de tierra mientras buscan alimento, ayudando a mejorar la absorción de agua, dispersar semillas y reciclar nutrientes esenciales para los suelos.

Los expertos calculan que un solo bandicut puede mover cerca de tres toneladas de tierra al año. Esa actividad natural fortalece la resistencia de los ecosistemas frente a fenómenos extremos como inundaciones y sequías, dos de los problemas ambientales que más golpean actualmente a diferentes regiones del planeta.

Por eso, la reaparición de esta especie no solo representa una victoria científica, sino también una posible herramienta natural contra los efectos del calentamiento global.

¿Cómo lograron rescatar a un mamífero que estaba extinto en estado salvaje?

El proceso tomó más de 20 años y requirió una estrategia genética nunca antes aplicada con este nivel de éxito. A finales de los años 80 apenas quedaban alrededor de 60 bandicuts vivos. Muchos fueron encontrados en vertederos, autos abandonados y zonas degradadas.

Aunque inicialmente fueron llevados a programas de reproducción, los intentos de liberarlos nuevamente fracasaban debido a la endogamia. Las nuevas generaciones desarrollaban deformaciones en la mandíbula que les impedían alimentarse correctamente y sobrevivir en la naturaleza.

Para evitar la desaparición definitiva, investigadores de la Fundación Odonata y Cesar Australia cruzaron poblaciones continentales con ejemplares provenientes de Tasmania, separados genéticamente durante más de 10.000 años.

El resultado fue una población mucho más fuerte, saludable y resistente. Además, los científicos seleccionaron machos de mayor tamaño para mejorar las capacidades físicas de las nuevas crías y aumentar sus posibilidades de adaptación.

¿Por qué los científicos dicen que este animal podría salvar ecosistemas enteros?

La recuperación de los bandicuts abrió una nueva puerta para la conservación global. Los investigadores aseguran que el mismo modelo genético podría aplicarse en otras especies que hoy están al borde de la extinción.

El programa no solo busca aumentar la cantidad de animales vivos, sino crear poblaciones realmente capaces de sobrevivir fuera de refugios protegidos. Para lograrlo, los ejemplares fueron distribuidos en distintas zonas de Australia mediante un sistema conocido como “500 en 5”, diseñado para evitar que una sola catástrofe natural vuelva a exterminar toda la especie.

Los científicos consideran que este método podría convertirse en un modelo internacional para recuperar animales afectados por incendios forestales, sequías extremas y destrucción ambiental.

¿Qué papel tuvo Amazon en el rescate de los bandicuts?

La recuperación de esta especie también contó con apoyo económico internacional. El Fondo Climático Right Now de Amazon destinó cerca de 1,79 millones de dólares para proyectos de restauración de especies amenazadas en Australia, incluyendo la liberación masiva de bandicuts.

La compañía señaló que esta inversión hace parte de su meta global para reducir el impacto climático y alcanzar emisiones netas cero antes de 2040. Sin embargo, la empresa también ha recibido críticas por rechazar algunas propuestas de accionistas relacionadas con mayor transparencia ambiental y reportes más detallados sobre emisiones de carbono.

Pese a la controversia, los fondos permitieron ampliar los programas de reproducción y monitoreo científico que hoy mantienen viva la esperanza de recuperar especies que parecían condenadas a desaparecer.

¿Qué otros animales podrían beneficiarse con esta tecnología genética?

Los investigadores creen que el éxito de los bandicuts podría replicarse en múltiples especies críticas de Australia y otros países. Entre los animales que ya hacen parte de programas de protección aparecen quolls orientales, bettongs orientales, ualabíes de roca y aves amenazadas por la destrucción de hábitat.

La expectativa científica es enorme porque el rescate genético podría convertirse en una de las herramientas más importantes de las próximas décadas para enfrentar la crisis mundial de biodiversidad.