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El acelerado retroceso del glaciar Thwaites, en la Antártida occidental, encendió las alarmas de la comunidad científica internacional. Conocido como el “glaciar del juicio final”, su colapso podría elevar el nivel del mar a cifras críticas y poner en riesgo a millones de personas en zonas costeras.

Este gigante de hielo, considerado el más ancho del planeta, pierde masa a un ritmo cada vez mayor desde hace más de ocho décadas. Solo entre los años noventa y la década de 2010, el volumen de hielo que se desprende hacia el océano se duplicó, contribuyendo ya con cerca del 8% del aumento global del mar.

Ante ese escenario, investigadores del Seabed Curtain Project plantearon una solución inédita: instalar una gigantesca cortina flexible anclada al lecho marino para bloquear el ingreso de agua cálida que acelera el deshielo en la Antártida. La iniciativa busca ganar tiempo mientras los gobiernos reducen emisiones contaminantes.

Cómo funcionaría el muro submarino

La propuesta contempla una estructura de aproximadamente 80 kilómetros de extensión y cerca de 150 metros de altura, fijada a más de 600 metros de profundidad frente al glaciar. Su objetivo es actuar como una barrera que impida el paso de corrientes oceánicas templadas hacia la base del hielo.

Este proyecto podría retrasar el deshielo durante varios años (Fuente: archivo).

Marianne Hagen, codirectora del proyecto, aseguró a IFLScience que “para mí, es algo obvio”, y sostuvo que no existe “excusa para no intentarlo”. Sin embargo, reconoció que el despliegue requerirá pruebas rigurosas debido a las extremas condiciones del entorno antártico.

Pruebas, costos y riesgos del proyecto

Antes de cualquier instalación definitiva, los científicos desarrollarán ensayos técnicos durante los próximos tres años para evaluar materiales, sistemas de anclaje y resistencia a temperaturas extremas. El muro no detendría completamente la pérdida de hielo, pero sí ralentizaría el proceso y el costo estimado del proyecto ronda los 80 mil millones de dólares.

Hagen advirtió que, aunque la cifra parece elevada, los daños por inundaciones y reconstrucción de ciudades costeras podrían ascender a billones de dólares. Según afirmó, “el costo del proyecto será de miles de millones. El costo de los daños será de billones”, una comparación que refuerza la urgencia de actuar frente a una amenaza climática sin precedentes.