La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) avanzan en un plan conjunto que apunta a instalar un reactor nuclear en la superficie de la Luna antes de que termine la década. La iniciativa busca garantizar suministro eléctrico constante para misiones prolongadas y futuras bases humanas fuera de la Tierra.
El proyecto se enmarca en una hoja de ruta más amplia de regreso permanente al satélite natural, con infraestructura capaz de operar en condiciones extremas. Según las autoridades, esta tecnología permitiría misiones sostenidas sin depender de la luz solar ni de las variaciones de temperatura lunar.
El desarrollo del reactor hace parte de los objetivos estratégicos impulsados desde la Casa Blanca, que priorizan el liderazgo estadounidense en el espacio y la consolidación de capacidades clave para futuras misiones a Marte. En este contexto, la política espacial de Estados Unidos vuelve a colocar a la Luna como eje central de su expansión tecnológica.
Energía nuclear para misiones lunares prolongadas
El sistema previsto corresponde a un modelo de energía nuclear por fisión, diseñado para operar directamente sobre la superficie lunar. De acuerdo con el Departamento de Energía, este tipo de reactor podría generar electricidad suficiente y estable para sostener bases científicas, equipos de investigación y sistemas vitales durante largos periodos.
Desde la NASA destacan que esta solución energética es esencial para misiones que no pueden depender de paneles solares. En palabras del administrador de la agencia, Jared Isaacman, “Según la política espacial nacional del presidente Trump, Estados Unidos se ha comprometido a regresar a la Luna y a construir la infraestructura para permanecer allí”, declaración difundida en un comunicado oficial de la NASA.
Un proyecto ambicioso con costos millonarios
La iniciativa también implica un desafío financiero significativo. El medio estadounidense NPR, citando estimaciones internas de la agencia espacial, señala que el desarrollo del reactor tendría un costo cercano a 3 mil millones de dólares, distribuidos en un periodo de cinco años de trabajo técnico y pruebas especializadas.
Aunque el objetivo es llegar a 2030 con el reactor operativo, sectores de la comunidad científica han advertido sobre los riesgos de un cronograma ajustado y el impacto presupuestal. Aun así, desde el Departamento de Energía defienden el proyecto como un hito histórico.
El secretario Chris Wright afirmó que “La historia demuestra que cuando la ciencia y la innovación estadounidenses se unen nuestra nación lidera el mundo para alcanzar nuevas fronteras”, resaltando el alcance estratégico de esta apuesta tecnológica.