

Una nueva investigación científica encendió las alertas sobre el riesgo sísmico en la costa oeste de Estados Unidos, tras revelar estructuras geológicas ocultas que no habían sido consideradas en los modelos tradicionales.
La advertencia surge a partir de un estudio publicado en la revista Science, que reconfigura el entendimiento sobre una de las zonas más activas del planeta y plantea escenarios de terremotos de mayor magnitud y complejidad de lo estimado hasta ahora.
La región analizada es conocida por su intensa actividad sísmica, pero los hallazgos sugieren que el peligro podría estar subvalorado. Esto tiene implicaciones directas para la gestión del riesgo, la planificación urbana y los sistemas de alerta temprana en una franja densamente poblada.
Un punto crítico bajo el océano Pacífico
El foco del estudio es la Unión Triple de Mendocino, una zona frente a la costa norte de California donde tradicionalmente se creía que interactuaban tres grandes sistemas de fallas tectónicas. Allí convergen el extremo norte de la falla de San Andrés, la zona de subducción de Cascadia y la falla de Mendocino.

Este enclave ya había demostrado su capacidad destructiva, al ser el origen del sismo de magnitud 7,2 que sacudió el condado de Humboldt en 1992. Sin embargo, los nuevos datos indican que su estructura interna es mucho más compleja y potencialmente inestable.
Cinco placas en movimiento y fallas ocultas
Los científicos determinaron que en realidad no son tres, sino cinco placas tectónicas las que interactúan en esta región, dos de ellas invisibles desde la superficie. Este descubrimiento sugiere que los modelos sísmicos previos no captaban la verdadera dimensión del sistema.
La coautora del estudio, Amanda Thomas, profesora de ciencias de la Tierra en la Universidad de California en Davis, advirtió que “si no entendemos los procesos tectónicos subyacentes, es difícil predecir el peligro sísmico”, subrayando la necesidad de revisar los supuestos actuales.
Cómo se detectó la amenaza subterránea
El hallazgo fue posible gracias al uso de una red de sismómetros distribuidos en el noroeste del Pacífico, capaces de registrar terremotos de baja frecuencia que ocurren a gran profundidad y no se perciben en la superficie. Estos movimientos revelan cómo las placas se rozan y deforman lentamente.

El autor principal del estudio, David Shelly, del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), comparó el conocimiento actual con “ver solo la punta del iceberg”, y explicó que la clave está en comprender la configuración que existe bajo tierra, no solo lo visible.
Placas fragmentadas y un riesgo mayor
El análisis confirmó que un fragmento de la placa norteamericana se desprendió y está siendo arrastrado junto a la placa de Gorda en el extremo sur de Cascadia. A esto se suma la identificación del llamado fragmento Pioneer, un vestigio de una antigua placa oceánica que ahora se hunde bajo el continente.
La geodesta tectónica Kathryn Materna, de la Universidad de Colorado Boulder, señaló que “se asumía que las fallas seguían el borde de la placa en subducción, pero este caso se desvía de ese patrón”, lo que explicaría por qué algunos sismos, como el de 1992, tuvieron un origen tan superficial y peligroso.











