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El mar de China Oriental vuelve a situarse en el centro del tablero geopolítico. En los últimos días, datos de seguimiento marítimo y fotografías captadas desde el espacio evidenciaron la presencia de hasta 2000 embarcaciones chinas concentradas cerca de la línea media que separa a Pekín de Japón.

El movimiento se produjo tras la detención de un pesquero chino por parte de Japón dentro de su zona económica exclusiva, a unos 170 kilómetros de Nagasaki. El capitán fue arrestado después de negarse a una inspección, en un contexto de fricciones diplomáticas que incluyen cruces verbales sobre Taiwán y advertencias de viaje emitidas por China.

Lo que aparenta ser actividad pesquera masiva coincide con un momento de alta sensibilidad estratégica. Las embarcaciones permanecieron más de 24 horas prácticamente inmóviles, alineadas a lo largo de cientos de kilómetros y separadas por distancias muy cortas, incluso bajo condiciones meteorológicas adversas.

La milicia marítima y la estrategia de presión indirecta

Medios económicos asiáticos han señalado que buena parte de estos barcos integran la denominada milicia marítima china, una red de carácter civil que coopera con el Estado y el Ejército en operaciones que se mantienen por debajo del umbral de un conflicto armado abierto.

Se trata de una herramienta de presión ampliamente ejercitada por China (Fuente: Wikimedia Commons).Wikimedia Commons

Esta fórmula permite ejercer presión sin desplegar oficialmente fuerzas navales, lo que complica una respuesta militar directa.

Analistas consideran que estas concentraciones podrían funcionar como:

  • Ensayos de control de rutas.
  • Saturación de espacios marítimos estratégicos.

Taiwán y el pulso en el Indo-Pacífico

Las maniobras se producen mientras Japón advierte que una eventual crisis en el estrecho de Taiwán afectaría de forma directa su seguridad nacional. Pekín, que considera la isla parte de su territorio, mantiene una postura firme y no descarta el uso de la fuerza en determinados escenarios.

Para varios expertos en seguridad regional, la capacidad de movilizar miles de embarcaciones civiles en poco tiempo demuestra un modelo de fusión civil-militar que refuerza la influencia de China en el Indo-Pacífico, sin necesidad de recurrir a un enfrentamiento directo.