La usuaria de TikTok @cloclomiron2, una joven rubia de alrededor de unos 20 años, hace un "haul de Shein" frente a cámara. Son más de tres minutos de video en donde la influencer muestra las compras que hizo en la plataforma. Abre con devoción el paquete que acaba de recibir y saca una prenda detrás de otra. Enumera a medida que las luce para su público virtual: polleras, shorts, remeras, gorras, 24 push-ups para el corpiño, 12 vinchas, mallas, accesorios. "Esta compra fue muchísimo más grande que la anterior, estoy super superemocionada", dice a sus 107.000 seguidores en el video que tiene más de 40.000 vistas.
Hace su review. Opina sobre los talles, la calidad, los modelos y hasta los olores que trae la ropa del minorista chino. No es la única. En las diversas redes sociales como TikTok, Youtube, Instagram y Facebook se multiplican los posteos de millones de usuarios -sobre todo jóvenes- que explican cómo comprar en Shein desde la Argentina, se prueban prendas, comparten tips para que los paquetes lleguen a tiempo y recomiendan cuáles son las marcas con mejor relación precio-calidad dentro de la plataforma.
"Me acaban de tocar el timbre con esta caja que pesa cinco kilos y medio y les voy a dar dos pistas de las cositas que pueden haber acá. La primera, tiene 34 artículos; la segunda, la etiqueta está en chino", dice una chica joven, con una caja en las manos que cubre la mitad de su cuerpo. En el living de su casa, sentada en un sillón rosa sobre el que se posa un cuadro rosa de Taylor Swift, la chica describe artículo por artículo el pedido que le llegó de Shein.
"Voy a mostrarles la expectativa versus la realidad", adelanta. Se emociona y se decepciona a la vez, a medida que va sacando cada compra: "Acá fui estafada: las medias más caras de tu vida, ni en Argentina me las hubieran cobrado así", dice. "Me tardó en total 37 días en llegar, cuando vi que estaba retenido en Aduana pensé que el paquete no iba a ver la luz. Gasté menos de u$s 400 así que no tuve que pagar nada", resume.
En Facebook se ofrecen todo tipo de grupos de ayuda como "Shein Argentina", con 22.000 miembros, o "Loc@s por Shein", con 10.000. Las consultas se multiplican: "Cuánto demora la entrega desde que el estado del envío se actualiza a ‘su paquete está en camino'?; "Hola alguien compró por SHEIN una planchita o secador para saber si llega o no?"; "Buenos días, desde el 30 viene viajando mi paquete a mi ciudad, ya es lunes 6 y aún no me ha llegado! Alguien sabe dónde se puede reclamar o llamar para ver por dónde va?" ; "Chicas tengo ropa de Shein para vender por error de talle, lo vendo al precio que compré para no perder plata".
Entrar por primera vez a la página de Shein es meterse en el mundo de las ofertas y de los pop-ups que se suceden en la pantalla del navegador a cada minuto: 45 por ciento de descuento sin mínimo de compra para nuevos usuarios, por tiempo ilimitado; 57 por ciento si se supera el monto de $ 34.000 y envíos gratis desde los $ 23.999. La variedad es infinita, una vidriera online de ropa, accesorios, maquillaje, decoración, electrodomésticos, elementos para mascotas, material escolar, artículos para el hogar. Un petit paraíso de precios para el consumidor que puede conseguir remeras por $ 7000 y zapatillas por $ 45.000 en menos de 30 días.
Fundado en 2008 en Nanjing, China, por Xu Yangtian -cuyo patrimonio neto se estima en u$s 9000 millones-, el coloso chino tiene presencia en más de 160 países y oficinas en los Estados Unidos, Brasil, Francia, Inglaterra, Singapur y China. Si bien no hay datos oficiales, se estima que la compañía publica alrededor de 7000 nuevos modelos por día, lo que equivale a más de 2.500.000 de nuevos productos al año. Para 2022, Shein ya se había convertido en la empresa de moda más grande del mercado estadounidense y su aplicación de compras había superado incluso a Amazon.

"La sociedad argentina está deseosa de acceder", dice Fernando Moiguer, CEO de la consultora homónima. Detrás de este consumo -explica- hay una búsqueda de estatus, una representación de la apertura de la Argentina al mundo, después de un período de políticas nacionales más restrictivas y proteccionistas. Es, también, una manera de acceder a mercadería ultrabarata frente a una oferta local que es percibida como "distorsionada" y que muchas veces puede triplicar los valores de sus países vecinos.
Durante el gobierno anterior, los precios de los productos textiles aumentaron significativamente por encima de la inflación, siendo el rubro de mayor crecimiento. Siguió en ese rango en 2024, con un alza del 84,5 por ciento en una inflación del 117,8, una disparidad que alienta el concepto de que los precios de la ropa en la Argentina están sobrevalorados respecto a su costo real.
A esto se sumó que las restricciones aduaneras y el cepo cambiario provocaron escasez de productos, redujeron la oferta y elevaron aún más los precios. La eliminación de estas restricciones y la apertura comercial generó que los productos importados estuvieran, de pronto, al alcance de la mano y a mitad de precio que los productos argentinos.
"Antes había dos grandes restricciones. Por un lado, no se sabía si la mercadería iba a llegar al domicilio o no; era una especie de lotería. Por otro lado, el precio del dólar en términos internacionales es mucho más bajo que hace dos años, lo que lo vuelve más competitivo, sumado a que las plataformas mantienen una estrategia constante y agresiva de ventas", apunta Moiguer.
Los números dan cuenta de este fervor: las importaciones por courier alcanzaron u$s 408 millones en los primeros siete meses del año, casi el doble de lo importado por esa vía durante 2024. Este aumento exponencial, combinado a una falla en un nuevo sistema informático, hizo que a mediados de septiembre el aeropuerto de Ezeiza -puerta de entrada para las importaciones en la Argentina- desbordara su capacidad instalada.
Apenas un año atrás, esta reacción era, todavía, impensada. El furor en la Argentina por Shein se profundizó después del 15 de noviembre de 2024. "Queremos que todos los argentinos puedan acceder a precios más competitivos, no solo los que tienen la oportunidad de viajar y traerse ropa, juguetes y/o pequeños electrodomésticos del exterior", posteaba esa tarde el ministro de Economía Luis "Toto" Caputo en su cuenta de X.
Ya lo había anticipado ese mismo día el vocero presidencial Manuel Adorni en conferencia de prensa: "Los argentinos podrán importar más productos a un mejor precio, especialmente aquellos ligados al sector tecnológico y textil, como sucede en los países normales".
El Gobierno anunciaba así la ampliación del límite de compras online en el exterior a u$s 3000 por operación y una exención de aranceles hasta los u$s 400 para importaciones de uso personal. En la práctica, esto implica que, por debajo de ese monto, las compras dejan de pagar derechos de importación y la tasa de estadística, y pasan a pagar únicamente el 21% del IVA.

"Con el Gobierno anterior se podían importar tres envíos de un máximo de US$ 1000 dólares por persona y 50 kilos en total. Pero nadie lo hacía porque era un gobierno más proteccionista, había muchas trabas aduaneras y era muy probable que la mercadería terminara retenida. Con estas nuevas medidas, y bajo el régimen particular de courier, se permiten cinco envíos por año por persona de hasta 3.000 dólares cada uno y 50 kilos por bulto", explica Juan Pablo Bastero, director General de Jidoka, empresa especializada en logística y comercio exterior que concentra el 85 por ciento de sus operaciones en China.
Asimismo, en marzo de este año el Gobierno oficializó la reducción de impuestos para la importación de ropa, telas y calzado en el marco de las operaciones comerciales habituales, con la que se espera que represente una baja en la inflación del rubro textil y en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que mide el INDEC. En lo que respecta a prendas y calzado, el arancel disminuyó del 35% al 20%; para los tejidos, del 26% al 18%; y para los hilados, del 18% a tasas de 12%, 14% y 16%, según el tipo.
Sin embargo, el volumen de este movimiento es menor: la importación de indumentaria representa alrededor del 1 por ciento de la totalidad de las importaciones argentinas.
Una amenaza se cierne
Mientras los consumidores se vuelven locos por los precios extremadamente bajos, la amenaza de una competencia extranjera desleal echa sombra sobre la industria local. Particularmente la industria textil y de la indumentaria ve en el cambio de las políticas comerciales un golpe directo a la producción nacional que, combinado con una economía recesiva y una baja en el consumo, teme que derrumbe sus cimientos.
Desde principio de año, el sector vive un momento complejo. Según detalla un informe de la Fundación ProTejer, las ventas de indumentaria cayeron un 30 por ciento en los últimos dos años. Como consecuencia, seis de cada 10 compañías realizaron recortes en su estructura durante 2025 y cinco de cada 10 registraron una caída en sus ventas.
"La diferencia de las plataformas online que llegan a la Argentina, en comparación con otros países del mundo, es que acá se les ha liberado de una parte muy importante de aranceles y de impuestos. Cuando venden, tal como está reglamentado por el actual Gobierno, lo único que pagan es IVA", dice Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), socio de Jazmín Chebar y fundador de las marcas Vitamina y Caro Cuore, etiquetas que luego vendió.
Drescher compara: tanto el fabricante como el comerciante local deben pagar impuesto a las ganancias, derecho de exportación, impuesto al cheque, impuesto a los ingresos brutos, cargas sociales, IVA. Shein, solo este último -siempre que no supere los u$s 400-.

"Antes se controlaba que los productos que llegaban al país cumplieran con ciertos requisitos en cuanto a su composición, sustancias y estudios. Se trata de las mismas exigencias que tenemos que cumplir quienes producimos localmente. Pero ahora, no solo no hay control y no se sabe en qué condiciones se produce, sino que los productos pueden venir con sustancias tóxicas, que son mucho más baratas, y están prohibidas en la Argentina", explica Luciano Galfoni, presidente de la Fundación ProTejer.
Tanto Drescher como Galfoni hacen hincapié en que el problema no está en la competencia "con el exterior", sino en la imposibilidad de hacerlo en igualdad de condiciones. Para eso, en la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria empiezan a moverse para conseguir que el Congreso apruebe unaley Anti-Sheindespués de las elecciones legislativas del 26 de octubre.
Comenta Drescher que ya están en conversación con legisladores de diferentes bloques para establecer una ley que "organice, limite, controle e imponga impuestos a los productos que comercialicen las plataformas online". "No queremos que desaparezcan las plataformas; queremos que sean controladas y que paguen impuestos como lo hace la industria", dice.
Puntualmente, proponen arancelar en un 35 por ciento las compras internacionales en plataformas de comercio electrónico que comercialicen productos de moda ultra rápida, además de aplicarles una tasa del 3 por ciento para crear y financiar el Fondo Nacional de Sustentabilidad textil y Economía circular.
"Discutir una eventual ley Anti-Shein en Argentina tiene sentido sólo si se lo mira en un plano más amplio y se lo vincula al debate de cómo se ordenan las reglas de competencia en un mundo donde el comercio global ya es una realidad. La experiencia de otros países demuestra la actualidad de este debate y en general coinciden en regulaciones por categorías, umbrales de valor y volumen vinculadas al courier", señala Ernesto Sanguinetti, socio en PASBBA Abogados.
A nivel local, si bien en la Argentina, en términos absolutos, el volumen de ingreso de mercadería desde estas plataformas es bajo en dólares, en el primer semestre de 2025 las importaciones textiles crecieron un 97 por ciento en volumen con respecto al mismo periodo del año anterior. Según la CIAI, a datos de agosto, los argentinos gastaron más de u$s 1500 millones en ropa comprada fuera del país, un 136 por ciento más respecto del año pasado, y el canal puerta a puerta registró un incremento del 211 por ciento frente a 2024.

"Si uno mira las importaciones que se hacen por courier, este año van a ser menos del 1% del total de las importaciones de Argentina. Pensar que la forma de competir con Shein es sacando una ley para prohibirlo no tiene sentido, es la industria la que tiene que adecuarse. Lo que hay detrás de Shein son industrias que en un día producen lo que produce la industria argentina en un mes. Contra esa escala de precios no hay nada para hacer", apunta Dante Sica, socio fundador de Abeceb y exministro de Producción y Trabajo durante el gobierno de Mauricio Macri.
Se trata de una industria que va perdiendo competitividad y se encarece a lo largo de su cadena productiva debido a una mezcla de factores estructurales que arrastra desde hace años, a la que ahora se le suma el actual contexto macroeconómico. Gran parte de esta complejidad se la atribuyen a la carga impositiva "en cascada" que empieza a correr en cuanto la prenda cruza la puerta de la fábrica.
De hecho, el costo de producción de una prenda solo representa el 10 por ciento del total de su valor, explica Galfoni. Alrededor del 50 por ciento corresponden a impuestos, y el porcentaje restante se lo llevan la logística, servicios, alquileres, y la financiación.
"La ropa no es cara en la Argentina, se vende cara. Pero no pasa solo con la indumentaria, en Argentina todo es caro. Incluso una prenda fabricada en Vietnam cuesta el doble que en Miami, y yo no tengo nada que ver como productor nacional", dice Galfoni y remarca que el problema del país "no es producir, sino comercializar".
La diferencia de precios entre las prendas de una misma cadena internacional en la Argentina -donde pueden venderse hasta cuatro veces más caras que en el exterior- fue durante años uno de los puntos más cuestionados por los consumidores.
"El mismo jean que está en Santiago de Chile, en Argentina se vende más caro. Esto es así: en el país el producto paga 21% de IVA, 5% de ingresos brutos, 1,2% de impuesto al cheque, 1,8% de comisión de tarjeta, 16,4% por una financiación en seis cuotas. En Chile, paga únicamente un 19% de IVA", señala Claudio Drescher.
En esa misma línea, Dante Sica advierte que el mayor problema de la industria no es la competencia externa sino la informalidad que tiene el sector, "el contrabando y la falsificación" de mercadería. Mientras tanto, alude a su falta de escalabilidad para poder producir de manera masiva y ser competitiva a nivel internacional, como lo son otros mercados.
"Ante estos problemas, además de la rigidez laboral y la compleja estructura impositiva, la industria requirió de un conjunto de medidas paraarancelarias durante muchos años para seguir defendiéndose. Para que la industria cambie hay que resolver las cuestiones que hacen a la competitividad sistémica, que tienen que ver con la modernización del sistema laboral y la reforma de la estructura impositiva que permitan que las empresas no usen la informalidad como una forma de atenuar los problemas de competitividad que tienen. Y después también tienen que llevar adelante un fuerte proceso de inversión y de mayor integración de la cadena", apunta.
Las marcas salen a disputar
Para hacer frente a la crisis que atraviesa el sector, la ola importadora y la pérdida de competitividad, los comercios locales ya están adoptando diferentes medidas. Será exitoso entonces, quien logre la mejor propuesta de valor. Pero no es sencillo; las marcas, irónicamente, también comienzan a volcarse a la importación china para disminuir costos.
Le Utthe, la marca argentina del fast fashion que tiene más de 40 años en el país, comenzó a importar alrededor del 10 por ciento de su producción total desde hace dos años, cuando ya se hablaba de "la apertura comercial" a la que daría inicio el gobierno de Javier Milei.

"Hoy estamos haciendo un mix entre importación y fabricación local, lo que hizo que achicáramos la planta industrial de 1300 a 1100 empleados", apunta Carlos Bielsa, fundador y dueño de la compañía que cuenta con más de 50 sucursales en el país.
La histórica diferencia de precios que maneja Le Utthe en comparación con otras marcas nacionales se debe en parte a que la empresa se encarga de toda la cadena productiva: desde la cosecha de su propio algodón en Tucumán, hasta la confección en su planta de hilandería, tejeduría y tintorería, y la posterior venta al público -una producción anual de alrededor de 9 millones de prendas-.
Según Bielsa, frente a la recesión, la compañía decidió bajar precios para competir tanto con el mercado informal como con la mercadería importada que ingresa sin precios de referencia. "Pero lo hacemos sin rentabilidad, se está trabajando a pérdida. Ya no hay margen; el margen es achicarse", dice.
"Algunas marcas están metiendo kilos de ropa importadas que venden en $ 4000 y que ni siquiera son de colección. Entonces, hay una sobreoferta de mercadería en plaza que hace que los precios no existan. Con la recesión, la presión fiscal excesiva sobre la economía formal y las tasas de interés al 5 por ciento mensual, se hace muy difícil competir", subraya.
Bielsa se refiere puntualmente a Indian, la cadena uruguaya de fast fashion que a fines del año pasado desembarcó en el país bajo un modelo de negocio que se basa 100% en la importación y, por lo tanto, en el ingreso de prendas ultrabaratas.
En Buenos Aires, la empresa -que también opera en Uruguay y Paraguay- abrió su tienda insignia en la esquina de Florida y Perón, donde anteriormente funcionaba Falabella, en una operación que incluyó más de u$s 12 millones por la compra del inmueble. Según comentan en la empresa, Indian cuenta con oficinas propias en "varios puntos clave asiáticos donde se encuentra un equipo específico que evalúa todas las producciones", dicen.
"Hoy los costos hacen que no sea posible producir en el país, pero estamos en contacto con varias empresas de industria argentina para hacer esa evaluación día a día. A pesar de la coyuntura económica, vemos un espacio claro para marcas que ofrecen versatilidad y una experiencia de compra diferencial", indica Cecilia Paolino, gerente de Marketing de la compañía.

"Hoy las marcas de indumentaria están haciendo lo que pueden. El problema más grande que tienen actualmente es la caída del consumo, a lo que se le suma nuevos jugadores, que en general son importadores que comienzan a traer indumentaria porque es un gran negocio. Las marcas en ese contexto se tienen que adaptar, en algunos casos lo hacen importando parte de lo que producen, en otros reinventando sus tipos de productos para tener una oferta diferencial y otros directamente se funden", señala Luciano Galfoni.
Un ejemplo de esto es Perramus, la marca argentina especializada en pilotos y outerwear, que anunció una alianza con la firma internacional Hunter para comercializar oficialmente sus productos en el país. La decisión se tomó luego de que la empresa sufriera una caída del 10 por ciento en sus ventas durante el primer semestre del año, lo que la llevó a reducir su producción y diversificar su oferta comercial.
La compañía opera con 18 locales, una planta de producción propia en el barrio de Constitución y más de 180 empleados. Históricamente, el 80 por ciento de su producción siempre fue nacional y solo el 20 por ciento importada. Hoy, esa proporción se ajustó a 70% y 30% respectivamente y, hacia fin de año, proyecta que importará tanto como produce localmente.
Equus, etiqueta de ropa masculina, anunció una baja de hasta el 40 por ciento en los precios de sus productos alcanzando números similares a los de 2024. Pedro Wolfsohn, CEO de la compañía, dijo tras el anuncio que la medida tiene como objetivo "acompañar a nuestros consumidores en este momento clave de recuperación económica con precios accesibles al mercado local".
La marca Etiqueta Negra también anunció baja de precios, algo que nunca había hecho. Actualmente, la compañía importa más del 80% de lo que vende en sus locales en la Argentina. "Decidimos bajar los precios. Nos adecuamos a la nueva normativa de los aranceles y se los trasladamos al consumidor. En promedio los bajamos un 10%, que es algo totalmente inédito", dijo Federico Álvarez Castillo, CEO de Etiqueta Negra en una entrevista a un medio local.
Por su parte, uno de los principales grupos de indumentaria femenina dueña de tres de las marcas más importantes aseguró que "hoy importamos el 80% desde China", tres veces más de lo que importaban hace solo un año atrás, debido a que "la carga impositiva nos ahoga y nos cuesta por lo menos 50% más barato importar que fabricar en talleres del país", comentó.
Hay quienes también se reinventan. Martín Gándara, dueño de Atomik, comentó en una entrevista a El Cronista que "hay que ser más eficientes, con mejores ideas de marketing y de productos. No hay que querer hacer todo: producimos localmente en lo que somos muy buenos y compramos afuera en lo que no", dijo sobre el negocio que proyecta crecer un 30 por ciento anual. En 2024, Atomik vendió 2 millones de unidades de calzado y 160.000 prendas. En indumentaria, apuntan a cerrar el año con 400.000 unidades vendidas este año, tras posicionarse como el nuevo proveedor de San Lorenzo.
Fenómeno mundial
El debate sobre la expansión del minorista chino en la Argentina no se limita al escenario local. La consolidación del negocio fast fashion de Shein encendió las alarmas en muchas regiones del mapa global.
En Francia ya se está discutiendo en el Congreso una ley destinada a regular a las plataformas de ultra fast fashion que incluye un impuesto ambiental por prenda, restricciones de publicidad y la obligación de informar el impacto ecológico de cada producto. En julio de este año, el país europeo multó por 40 millones de euros a Shein, una sanción récord, por engañar a los consumidores sobre reduccioes de precios y compromisos medioambientales.
México incrementó los aranceles para bienes de bajo valor importados desde China y se reforzó la supervisión de envíos por courier, con el objetivo de proteger a la industria textil local y garantizar el cumplimiento de obligaciones fiscales.
Es que Shein maneja un modelo de negocio agresivo y "bajo demanda, a diferencia del modelo tradicional basado en la oferta", tal como definen en la empresa. A través de sus socios de fabricación en China, la compañía produce y prueba miles de artículos diferentes simultáneamente. De hecho, el minorista global confirmó que primero lanzan pequeños lotes iniciales que contienen de 100 a 200 artículos y analizan la respuesta de los consumidores en tiempo real para ver si funcionan.

La expansión de su modelo fue replicando a escala global las dinámicas del comercio electrónico chino, donde las compras en línea funcionan como una experiencia de entretenimiento, como ventas flash y un sistema de puntos en donde se recompensa a los compradores por comprar, dejar reseñas y participar en minijuegos.
Hace dos años, la compañía se asoció con Sparc Group (actualmente Catalyst Brands), dueño de marcas como Forever 21, Aeropostale y Brooks Brothers. Tras esta operación, Shein adquirió un tercio del grupo, mientras que Sparc Group se convirtió en accionista minoritario de la empresa china. Ese mismo año, Marcelo Claure, empresario multimillonario boliviano-estadounidense, fue nombrado vicepresidente del grupo y presidente de Shein en América latina.
Claure es conocido por haber sido CEO de Sprint Corporation, compañía que lideró hasta su fusión con T-Mobile en 2020, de donde proviene gran parte de su fortuna, y por su rol como director de operaciones de SoftBank Group. Actualmente, además de su rol en la firma china, posee participaciones en Shein a través de su oficina familiar Claure Group.
Según Reuters, el minorista chino no posee ni opera ninguna fábrica. En cambio, obtiene sus productos de alrededor de 5800 fabricantes contratados por terceros, principalmente en China. Y ahora, debido a la guerra arancelaria de Donald Trump, el gobierno estadounidense eliminó su política «de minimis» que permitía la entrada libre de impuestos a paquetes con un valor inferior a 800 dólares, lo que comienza a afectar el negocio de la firma. Allí, Shein enfrenta, además, una demanda por prácticas antimonopolio y robo de secretos comerciales presentada por su competidor, Temu.

Ante las políticas que están adoptando los principales mercados del mundo, la compañía empezó a mirar a América latina como una región estratégica dentro de sus incipientes planes de expansión. Tal es así que Claure anunció en 2023 una inversión de u$s 150 millones para producir localmente en Brasil, mediante acuerdos con 2000 fábricas.
El plan de Shein es "básicamente enviar materia prima a Brasil y localizar nuestra fabricación en el país", dijo a Reuters. En ese sentido, alrededor del 85% de las ventas que se realicen en suelo brasileño deberían provenir de fabricantes y vendedores locales hacia fines del año que viene.
Actualmente -en los reportes más recientes-, Shein ya tiene 336 fábricas asociadas en Brasil, de las cuales unas 213 están produciendo localmente. La llegada de Claure marca un antes y un después en los planes de la compañía. Bajo su gestión, la firma busca consolidar un modelo de producción y distribución más cercano a los mercados locales y proyecta convertirse en un centro exportador para América latina dentro de un año.
La apuesta por Brasil revela el nuevo tablero del gigante chino: si el modelo logra consolidarse en la región, su alcance podría extenderse al resto del continente. Resta ver si esa expansión terminará reconfigurando el mapa de los negocios en la Argentina.














