

Bien al sudoeste del océano Pacífico, un archipiélago mancha de verde la superficie lisa y azul del mar. Sus dos grandes territorios, la Isla del Norte y la Isla del Sur, asoman exuberantes de vegetación, mezclando cadenas montañosas, territorios llanos, volcanes humeantes y glaciares.
Todo en Nueva Zelanda lleva el sello de la naturaleza. Desde los lagos del sector norte, hasta los Alpes que custodian el mar en la zona sur. Incluso la pujante ciudad de Auckland, la más industriosa y cosmopolita del país, es considerada como una de las más habitables del mundo, teniendo en cuenta su bajo nivel de contaminación y su horizonte de vida.
Está claro que para los neozelandeses no hay muchas aficiones más interesantes que la de practicar algún deporte. Es por esto que no existe población que carezca de canchas de rugby, que en los Alpes el esquí y sus derivados hagan furor, o que siempre haya a menos de 50 kilómetros un campo de golf. Al estar rodeadas por el océano, ambas islas saturan sus costas de actividades acuáticas; entonces los fines de semana las velas de windsurf, los remos del canotaje y los yates ocupan las orillas y allí ejercitan su acostumbrado rito de atravesar en todas las direcciones las aguas. Pero no sólo los seres humanos aman la serenidad marina; los 15.700 kilómetros de línea costera son también visitados por ballenas, pingüinos, delfines y varias especies de aves que ya no pueden verse en otros lugares del mundo.
Uno de los atractivos al que todo turista concurre en su experiencia por Nueva Zelanda es el spring and farm show (espectáculo de primavera y granjas). Se trata de una de las experiencias más directas con la vida silvestre que una persona de ciudad pueda tener. Caminar por la selva, ayudar a esquilar una oveja o alimentar un ternero son algunas de las actividades que ofrece este inmenso prado ubicado en Rotoura, en el sector insular norte. Muy cerca de allí, vale la pena detenerse en los balnearios termales, donde se mezclan los manantiales terapéuticos con los sabios secretos medicinales de la herencia maorí. En dirección a la Península de Coromandel, interrumpido por lagos y atravesado por ríos, se encuentra el Parque Nacional Te Urewera: la mayor extensión virgen de la región.
En las afueras de Auckland, la Bahía de las Islas se abre repitiendo pequeños cayos de tierra firme abarrotados de arboles, con playas escondidas que dibujan su límite claro y veleros que se desparraman acomodados a su alrededor. El escenario es soberbio; navegar con un fondo transparente repleto de corales como dispuestos para una producción fotográfica se muestra mágicamente sublime.
Hacia el sur
Christchurch, el corazón metropolitano de la Isla del Sur, va diseminando parques sembrados de mil colores a la vera de la Bahía Pegasus, ganándose con justos méritos el sobrenombre de "la ciudad de los jardines más bella del mundo". Toda esta zona austral de la pequeña isla se va haciendo cada vez más silvestre hasta tornarse por momentos selvática. Las vastas regiones de Fiordland y Southland se extienden entre siluetas de montañas y fiordos tallados en glaciares. Cerca de Queenstown, uno de los destinos turísticos más populares del país, varias playas se van hilando en la costa occidental con excelentes cuotas de belleza y de serenidad. z we










