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Muchos conductores creen que negarse a soplar el alcoholímetro es una forma de evitar problemas si los detiene la policía. En Estados Unidos ocurre lo contrario: rechazar el control de alcoholemia activa, por sí solo, una sanción automática que en la mayoría de los casos implica la suspensión de la licencia de conducir.

No se trata de la decisión de un organismo en particular, sino de las leyes de consentimiento implícito que rigen en los 50 estados.

Qué es el consentimiento implícito

El consentimiento implícito es un principio legal vigente en todo el país: al obtener una licencia de conducir, la persona ya acepta de antemano someterse a un test químico de alcohol o drogas, de aliento, sangre u orina, si un oficial se lo requiere tras una detención por sospecha de manejar bajo los efectos del alcohol.

Dicho de otro modo, no hace falta dar el permiso en el momento: se considera otorgado desde que se tramitó la licencia, junto con la aceptación de las consecuencias automáticas de negarse.

La policía no puede, por lo general, forzar físicamente a alguien a hacer el test. Pero negarse tiene un precio legal propio, y es ahí donde entra la suspensión de la licencia.

En la mayoría de los estados, el conductor debe entregar la licencia de inmediato al negarse, y luego la agencia de vehículos del estado formaliza la suspensión.

Suspenden automáticamente la licencia a las personas que se nieguen a hacer el control de alcoholemia

Cuando un conductor rechaza el test químico, se activa una sanción administrativa, independiente de lo que ocurra después en la causa penal, cuyo resultado más habitual es la suspensión o revocación de la licencia. En la mayoría de los estados, el conductor debe entregar la licencia de inmediato al negarse, y luego la agencia de vehículos del estado formaliza la suspensión.

La duración varía según el estado y según si hay antecedentes. Algunos ejemplos ilustran el rango: en California, la negativa de un conductor sin condenas previas por DUI acarrea una suspensión de un año; en Nueva York, la suspensión automática va de seis meses a un año; en Massachusetts, es de seis meses para quienes se niegan por primera vez, y mucho más prolongada para quienes ya tienen una condena anterior por manejar alcoholizados. En general, los antecedentes agravan la sanción.