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La tensión estratégica en Asia volvió a escalar tras la llegada del portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln al Mar de China Meridional, una de las regiones más sensibles del tablero geopolítico actual.
La nave estadounidense realizó maniobras con fuego real y operaciones aéreas avanzadas en una zona que China considera propia, pero que Washington define como parte de las rutas de navegación internacional.
El movimiento fue leído como una señal política y militar directa en medio de las crecientes disputas por el control del Indo-Pacífico.
Un relevo estratégico en una de las zonas más disputadas del planeta
El USS Abraham Lincoln llegó desde la costa oeste de Estados Unidos para reemplazar al histórico USS Nimitz, que completó su última misión tras medio siglo de servicio y se prepara para su retiro definitivo.
Este recambio no es solo logístico: marca un refuerzo cualitativo del poder naval estadounidense en una región donde convergen intereses comerciales, militares y diplomáticos de múltiples potencias.
Qué es el USS Abraham Lincoln y por qué importa su presencia
El buque es uno de los portaaviones más grandes y sofisticados del mundo:
- Desplazamiento de casi 100.000 toneladas.
- Capacidad para más de 5.800 tripulantes.
- Puede operar hasta 90 aeronaves simultáneamente.
- Funciona con propulsión nuclear, lo que le permite permanecer años sin repostar combustible.
Su despliegue es interpretado como un mensaje de disuasión estratégica, especialmente en un mar donde China construyó islas artificiales y bases militares.
Ejercicios con fuego real y aviación de combate
Durante su ingreso al área, el grupo de ataque ejecutó simulacros de defensa activa que incluyeron:
- Pruebas del sistema Phalanx, diseñado para neutralizar amenazas aéreas y misiles a corta distancia.
- Operaciones aéreas constantes con cazas F-35C Lightning II, aeronaves de quinta generación con capacidades furtivas.
- Maniobras de reabastecimiento en alta mar mediante helicópteros MH-60S Sea Hawk, que trasladaron suministros desde barcos logísticos sin necesidad de tocar puerto.
Estas prácticas buscan garantizar que el portaaviones pueda sostener operaciones prolongadas incluso en escenarios hostiles.
El mensaje político detrás del despliegue
Desde el Pentágono explican que el objetivo es asegurar un “Indo-Pacífico libre y abierto”, en referencia a la defensa de la navegación comercial internacional frente a intentos de control unilateral.
Para Pekín, en cambio, estas acciones son vistas como provocaciones militares en aguas que considera bajo su soberanía histórica.
El despliegue ocurre en un momento de:
- Mayor competencia entre Estados Unidos y China.
- Incremento del gasto militar en Asia.
- Conflictos latentes alrededor de Taiwán, Filipinas y el sudeste asiático.
En ese contexto, el envío de un portaaviones nuclear al Mar de China Meridional funciona como una demostración de poder, pero también como un recordatorio del delicado equilibrio que sostiene la paz regional.