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La madrugada del sábado 3 de diciembre marcó un punto de quiebre para Venezuela y para la política internacional. En una acción militar de alta complejidad, Estados Unidos ejecutó un operativo secreto que incluyó ataques selectivos y el despliegue de fuerzas especiales, con un objetivo central: capturar a Nicolás Maduro y sacarlo del país.
La operación, confirmada horas después por el presidente Donald Trump, desató una crisis diplomática inmediata, generó denuncias de invasión armada desde Caracas y dejó múltiples interrogantes abiertos sobre el futuro político venezolano y el alcance real de la intervención.

Una operación nocturna coordinada con ataques selectivos en puntos clave
El operativo se desarrolló durante la madrugada, en un contexto de máxima discreción y sincronización militar. Vecinos de Caracas y de estados cercanos reportaron fuertes explosiones, vuelos de aeronaves a baja altura y columnas de humo en zonas estratégicas.
Según fuentes estadounidenses, los ataques tuvieron como finalidad neutralizar instalaciones clave y garantizar el ingreso seguro de una unidad de élite encargada de ejecutar la captura.
Desde el gobierno venezolano denunciaron que las acciones alcanzaron tanto objetivos militares como áreas civiles, y declararon el estado de alerta máxima. En paralelo, comenzaron a circular videos en redes sociales que mostraban detonaciones y movimientos aéreos en plena ciudad, alimentando el clima de tensión e incertidumbre.

Donald Trump confirmó la captura y habló de un “punto de inflexión” para Venezuela
Horas después de los ataques, Donald Trump confirmó públicamente que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados y trasladados fuera de Venezuela en una operación que calificó como “exitosa”. A través de un mensaje difundido en redes sociales, el mandatario aseguró que la acción representa un “punto de inflexión” para el futuro del país sudamericano.
Desde Washington adelantaron que Nicolás Maduro deberá enfrentar cargos penales en territorio estadounidense, mientras que funcionarios y legisladores republicanos remarcaron que la intervención respondió a órdenes judiciales vinculadas a investigaciones por delitos federales. La Casa Blanca anticipó una conferencia de prensa para ampliar detalles sobre el operativo y los pasos a seguir.
Denuncias de invasión, vacío de poder y alarma internacional
La reacción desde Caracas fue inmediata. El ministro de Defensa calificó la operación como una agresión directa contra la soberanía nacional, mientras que la vicepresidenta Delcy Rodríguez afirmó desconocer el paradero de Maduro y exigió pruebas sobre su estado y ubicación. La falta de información oficial profundizó el desconcierto interno y abrió un escenario de incertidumbre política.
A nivel internacional, la captura generó una fuerte conmoción. Gobiernos de la región y potencias globales reclamaron respeto por el derecho internacional y advirtieron sobre el riesgo de una escalada regional. Organismos multilaterales evalúan convocar reuniones de urgencia ante uno de los episodios de intervención militar más graves en América Latina en las últimas décadas.













