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Estados Unidos volvió a poner en el centro del debate público la forma en que sus ciudadanos se alimentan. Las nuevas guías dietéticas federales 2026, publicadas por los Departamentos de Salud y Agricultura, introducen cambios profundos en las recomendaciones de consumo diario.

Entre las novedades más comentadas están la reducción del consumo de azúcar añadido, el aumento de proteína animal y la reorganización completa de la tradicional pirámide alimentaria.

Este giro normativo fue impulsado y defendido con firmeza por el secretario de Salud de EE. UU., Robert F. Kennedy Jr., cuyas declaraciones han sido clave para entender el espíritu detrás de estas directrices.

Estados Unidos actualizó sus guías alimentarias

El secretario de Salud aseguró que el objetivo principal de la actualización es “poner la comida real en el centro de la dieta estadounidense”. Para Kennedy Jr., las recomendaciones buscan retomar patrones alimentarios que favorezcan alimentos poco procesados y minimizar aquellos asociados con enfermedades crónicas.

El secretario de Salud aseguró que el objetivo principal de la actualización es “poner la comida real en el centro de la dieta estadounidense”. Imagen: archivo.
El secretario de Salud aseguró que el objetivo principal de la actualización es “poner la comida real en el centro de la dieta estadounidense”. Imagen: archivo.

En una conferencia en la Casa Blanca, el funcionario fue tajante: “Nuestro Gobierno declara la guerra al azúcar añadido”, y añadió que los productos con altos niveles de azúcares, aditivos y exceso de sal “dañan la salud y deben evitarse”. Estas frases se convirtieron en el núcleo del mensaje oficial y reflejan el cambio de rumbo respecto a décadas previas de orientación nutricional.

Kennedy Jr. también defendió el retorno de ciertos grupos alimentarios antes considerados polémicos, justificando que una dieta equilibrada puede incluir proteínas animales y grasas naturales, siempre que se combinen con un estilo de vida activo y equilibrado.

La pirámide alimentaria invertida: una imagen diferente de la dieta ideal

Una de las imágenes más llamativas del nuevo documento es la pirámide alimentaria invertida, que pone en su parte superior —y por tanto con mayor presencia—:

  • carnes y proteínas animales,
  • lácteos enteros,
  • frutas y verduras,
  • grasas etiquetadas como “saludables”.

En contraste, los cereales integrales y otros granos quedaron en la base, recibiendo un papel comparativamente menor.

El secretario insistió en que la representación gráfica “refleja mejor las necesidades nutricionales actuales”, especialmente en un país donde una gran parte de la población sufre de obesidad o enfermedades metabólicas.

Proteína animal y apoyo a la producción local

Kennedy Jr. ha destacado una dimensión económica y social junto a la nutricional. Según sus declaraciones, las nuevas guías también buscan fortalecer la producción agrícola y ganadera estadounidense. El funcionario subrayó que “reconocer el valor de la proteína en cada comida no solo beneficia la salud, sino también a los agricultores y ganaderos locales que producen alimentos de calidad”.

El resultado es una recomendación de consumo de proteína que puede aumentar entre un 50 % y 100 % con respecto a pautas anteriores, invitando a los ciudadanos a priorizar fuentes proteicas en la mayoría de sus comidas.

La posición oficial sobre el alcohol y su consumo

En torno al consumo de bebidas alcohólicas, el secretario de Salud fue deliberadamente conciliador, aunque sin ambigüedades: mencionó que “menos consumo de alcohol es mejor para la salud” y recomendó expresamente no beber en contextos como el desayuno.

Kennedy Jr. destacó que, en especial, grupos vulnerables como embarazadas o personas en recuperación por problemas de alcoholismo deben evitar por completo estas bebidas.

Si bien el documento no traza límites específicos, la postura oficial es clara: el alcohol no debe formar parte del patrón diario y su reducción está alineada con la mejora de la salud pública.

Menos ultraprocesados, menos azúcar añadido

Una de las metas centrales de las guías promovidas por el secretario es la reducción drástica del consumo de alimentos ultraprocesados y de azúcar añadido, elementos que han pasado a representar una gran parte de las calorías diarias de la dieta estadounidense.

Kennedy Jr. explicó que “los ultraprocesados, con sus altos niveles de azúcares y aditivos, son un factor clave en el aumento de enfermedades crónicas”, y defendió la necesidad de minimizarlos para mejorar la salud colectiva.

Un cambio con impacto en políticas públicas y programas federales

Más allá de los consejos individuales, estas guías tienen impacto en programas públicos de alimentación, incluyendo:

  • comedores escolares,
  • subsidios nutricionales,
  • presupuestos de salud institucional.

El secretario de Salud subrayó que estas recomendaciones “orientarán la comida que se sirve en escuelas, hospitales y centros comunitarios”, con el objetivo de generar cambios estructurales en el sistema alimentario del país.