La gestión de los residuos sólidos urbanos (RSU) es un enorme desafío de política pública para los gobiernos municipales., donde, en general aún predomina una visión acotada que carece de una mirada integral de la gestión, que contemple todas las etapas, desde la generación hasta la disposición final, y que incluya la recuperación, el reciclado y la valorización de los residuos.
Según la Estrategia Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (ENGIRSU, 2005), la generación de residuos oscila en la Argentina entre 0,91 y 0,95 kilos por hab por día, con un máximo de 1,52 kg en Buenos Aires y un mínimo de 0,44 kg en Misiones.
Existen, sin embargo, limitadas instancias de recuperación y valorización de los residuos, y su disposición final se realiza generalmente con escasos controles ambientales. Los sitios donde finalmente se disponen los residuos -basurales a cielo abierto en ciudades pequeñas y rellenos sanitarios en grandes conglomerados- suelen ser zonas depreciadas sin controles estrictos, lo que redunda en graves problemas ambientales, como contaminación del suelo y de napas de agua o instalación en zonas inundables que generan graves problemas de salud.
Incluso en aquellos casos en los que el municipio solo recolecta los residuos y los desecha en un basural a cielo abierto, la gestión de los RSU representa un elevado porcentaje del presupuesto municipal. Sin embargo, no se contemplan los costos económicos y ambientales que supone una gestión integrada, y se desaprovechan grandes oportunidades para generar fuentes de ingreso legítimas y promover la inclusión social de los recolectores urbanos. Además, el mercado de materiales recuperados no está adecuadamente desarrollado: la comercialización se destina principalmente a mercados informales.
Es clave incrementar la demanda de los residuos recuperados y la capacidad de tratamiento en plantas, e impulsar nuevas tecnologías para reutilizar y reciclar los materiales recuperados. Además, es fundamental promover una mayor concientización sobre los beneficios de la reducción y la separación de los residuos en origen. Para los municipios, sería fundamental contar con el apoyo y estímulo de los gobiernos nacional y provinciales para promover alianzas entre gobiernos locales e incentivar la regionalización, de manera de permitirles escalar los costos de una gestión integrada de los RSU.
Es evidente la necesidad de revisar los mecanismos para actualizar y poner en práctica la ENGIRSU, el instrumento propuesto por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, para fortalecer a los gobiernos locales y las estrategias regionales de disposición de residuos. La escasa información disponible sobre la gestión de residuos en los niveles local y provincial es un desafío clave para avanzar hacia una gestión integral que permita aprovechar los beneficios de la coordinación regional.
La falta de articulación entre los distintos niveles jurisdiccionales -nación, provincias y municipios- y el sector privado solo profundiza la problemática, por lo que la reducción, reutilización y reciclado no conforman aún un sistema de gestión integral de residuos sólidos urbanos que brinde respuestas a un importante desafío social, económico y ambiental que atraviesan los municipios de nuestro país.
Frente al reto de la gestión de los RSU, los gobiernos locales deberían abogar por la articulación interjurisdiccional que les permita tornar eficiente y ambientalmente sustentable la gestión de los residuos. Es fundamental que busquen los medios para obtener información sobre el tipo, volumen y frecuencia de los residuos que se generan en su territorio, de manera de diseñar sistemas de recolección, tratamiento y disposición final adecuados a sus necesidades. Por último, puede resultar muy beneficioso promover el diálogo entre los actores públicos y privados que participan en la gestión de los RSU en el ámbito local y regional, para crear sinergias que conduzcan a municipios más saludables y con una gestión ambiental que mejore la calidad de vida.