

La mayoría de la población argentina pulsa que la economía está transitando por caminos vulnerables. Su sensibilidad le induce a pensar que en lo político existe pragmatismo y en lo social existirá un inevitable deterioro. Nos había entusiasmado el superávit fiscal y externo alcanzado años atrás, pero intuíamos que ello era en cierto modo forzado y beneficiado por factores externos. Subsistían desequilibrios económicos no resueltos, que eran las principales causas de la inestabilidad entonces vigente. Actualmente subsisten ... y aún se acentúan. Ante las múltiples imposiciones afloran adicionales presiones, solo coartadas por mayores regulaciones y adicionales normas fiscales.
¿Se solucionan los problemas con ello? No. En tanto persistan los desequilibrios del sector público, del sector externo, del sector productivo, del sector energético, las regulaciones impuestas por el Estado solo coadyudarán a la carencia de crecimiento y al castigo a la inversión productiva, Analicemos: según balances del BCRA el crecimiento del financiamiento fiscal del año 2011, por aumento de la tenencia de Títulos Públicos alcanzó a $ 43.064 millones y los Adelantos Transitorios al Gobierno Nacional a $ 20.950 millones. El total del financiamiento fiscal fue de $ 64.014 millones, importe representativo del 3,40 % del PBI. A ello hay que adicionarle el financiamiento externo al Tesoro y al BCRA. ¿Qué significa ello? El Estado continuó y acentuó su dispendioso gasto público (en 2003 el gasto público era del 18,2 % del PBI y en 2011 del 30,3 %), no obstante la mayor presión tributaria que soporta el contribuyente (19,2 % del PBI en 2003 y 30,0 % en 2011).
Lo racional hubiera sido la reducción frontal del gasto público. Para consolidar el crecimiento, los países deben tener como precepto la rebaja de los impuestos y el aumento de la productividad. Obtener el equilibrio fiscal a través de una mayor presión tributaria es involucionar. No hay nada progresista en tasas impositivas que desaliente a la gente a subir la escalera del éxito.
Al 30 de septiembre de 2011, la deuda pública total alcanzaba a u$s 175.324 millones. En su cotejo con el 31 de diciembre de 2010, la misma habría crecido en u$s 10.994 millones, importe que se habría acrecentado según el Informe del Balance Cambiario del BCRA el cuarto trimestre de 2011, en u$s 2.636 millones. Sin embargo, lo mas llamativo es el nivel de fuga de divisas de u$s 21.504 millones en el año. La dolarización registrada quedó solo a un paso del máximo de u$s 23.098 millones, del año 2008. Desde ese año, la fuga acumulada alcanzó a u$s 70.135 millones, cifra que se eleva a u$s 87.380 millones desde el año 2003. Las medidas de autorización de la AFIP, la obligación a importadores a exportar o el control de la Secretaría de Comercio Exterior realizadas para restringir la demanda de divisas son sus consecuencia de esto. Medidas totalmente desubicadas formal y económicamente.
Es de señalar que el 39,9 % de las importaciones argentinas, son bienes intermedios y bienes de capital, por lo que la carencia de fluidez afectará la producción nacional e incluso el nivel de ocupación laboral.
A lo anterior, debe adicionarse la poco eficiente política energética nacional, que ha transformado a nuestro país en dependiente del exterior, apreciándose un déficit comercial externo del sector, en el presente año, superior a los u$s 5.500 millones, aun con el opacamiento, que sufriría la actividad económica del país.
Para no ir más lejos (llegaríamos a cifras astronómicas de tomar como Año Base el 2003), en los dos últimos años, los Medios de Pagos aumentaron el 65,2 %, la Recaudación tributaria un 77,3 %, el nivel promedio de los salarios un 62,4 %, las Exportaciones un 51,7 %, las Importaciones un 91,4 %, el ndice de precios al Consumidor (IPC) un 21,8 % y la relación Peso/Dólar lo hizo en un 12,6 %. Sin duda, que con la alta inflación real (estimada en un nivel levemente inferior al aumento de los salarios), el país se ha encarecido en dólares, con el lógico incremento de las importaciones y la desconfianza en la moneda nacional
A ello debe atribuirse la verdadera causa de la actual carencia de u$s, que en la actualidad se intenta enfrentar con todo tipo de regulaciones y controles. Obviamente, elevada presión impositiva, altas tasas de interés (en términos de dólares), precios pautados, controlados, regulados, relación cambiaria acotada en su fijación gubernamental, no son campo propicio para la inversión, para el crecimiento, para el aumento del salario real y en definitiva, para el bienestar general. El estímulo del consumo, que ha sido la base y estrategia del Modelo, se estaría acabando y por las perspectivas de las cuentas nacionales brevemente repasadas, es de prever una paulatina, pero severa disminución.
Otros hechos se suman: 1-La indefinición y vacilación en la disminución de los subsidios vigentes que alcanzando el actual nivel del 5,4 % del PBI (2,8 %, en 2003). 2-Las marchas y contramarchas de la política petrolera, que muestra al referente del Gobierno (YPF) pagando desde el año 2008, en concepto de dividendos en efectivo Euros 3.273 millones, descuidando simultáneamente las necesarias inversiones y las reservas reales de petróleo y gas, importante aprovechamiento, que los funcionarios públicos no podían ignorar. 3-El mal ejemplo de Diputados y Senadores con el reajuste extraordinario de sus salarios. 4-Las andanzas, con presunción de realización de operaciones poco transparentes de un altísimo funcionario público nacional, reñidas con la ética de la actividad pública. 5-Los insólitos desplantes verbales de un importe Secretario de Estado.
Surge como corolario que las reglamentaciones, las regulaciones, el dirigismo económico estatal, que pretende dominar las acciones de la evolución económica, constituye el peor individualismo, ya que define la pretensión del hombre de dominar las leyes de la economía, que en su esencia y en sus principios generales, nunca podrán ser violadas, sin peligro para el enriquecimiento de los pueblos.










