Zonceras sobre cajas de seguridad colocan al país al borde de la Dimensión Desconocida

Consultados en los últimos 30 días los economistas que habitualmente dialogan con el periodismo, aquellos afines al oficialismo y también los presuntos opositores y neutrales, prácticamente 100% de las respuestas coinciden en que sería una locura pensar que el Gobierno podría capturar los ahorros de los argentinos guardados en las Cajas de Seguridad. Muchos coinciden en que ni siquiera sería necesario a nivel técnico, porque con las reservas del Banco Central y las futuras cosechas, Cristina Kirchner podría llegar a terminar su mandato con la economía débil pero sin arriar bandera, manteniendo el cepo y el control de cambios, y sin maxidevaluar el peso contra el dólar oficial.
De algo todos los observadores están seguros: nunca se adoptaría semejante determinación en un año electoral. Más contundentes son las opiniones de abogados y jueces. Nadie imagina un amparo legal, en tanto rija el Estado de Derecho, que permita a un Gobierno violar tan alevosamente y sin más la propiedad privada.
Aún con todas estas consideraciones, el tópico de las cajas de seguridad ha trepado en twitter, es motivo de consulta a cuanto periodista o falso influyente se presenta en una reunión social, y se incluye cada vez más en las reflexiones públicas y recurrentes de altos funcionarios y allegados al Gobierno, que no se sabe si hablan en calidad de libre pensadores, o repiten ideas que escuchan y discuten en la cúspide del poder. Naturalmente, la cuestión ya llegó a la tapa de los diarios y se debate en las redes sociales con sorprendentes aportes históricos y antecedentes. Una vez más en la Argentina se instaló el reino de la Dimensión Desconocida, el Twilight Zone, donde mucha gente cree que cualquier cosa es posible. Un país donde puede pasar cualquier cosa. Se explica el desánimo, la falta de inversión, la fuga de capitales, el aumento del desempleo y la pobreza
Tranquiliza bastante la reciente aclaración del jefe de la unidad anti lavado, José Sbatella, quien dicen que fue conminado por la Presidenta a explicar que no se abrirán las cajas de seguridad, luego de haberse referido con frenesí estabilizador a los dólares allí acumulados por sus compatriotas. Hace un año había confesado que la pesificación se administraría por las buenas o por las malas. No fue el único. Economistas y legisladores del oficialismo también reflexionaron sobre los dólares que están en las cajas y los que se guardan en las cuentas del exterior. La economista Fernanda Vallejos, de la oficialista Gran Makro, explicó por televisión que el blanqueo se realiza para tratar de que regresen parte de los dólares que se retienen por una minoría en el exterior, y que fueron obtenidos con el esfuerzo de todos los argentinos. Estos días, por las redes sociales, se recuerda el famoso decreto de necesidad y urgencia del presidente Franklin D Roosevelt, del 5 de abril de 1933 (foto). Agobiado por la crisis del 30 golpeando al país por tres años, prácticamente sin reservas de oro y ante una situación de emergencia nacional, Roosevelt obligó con la famosa Executive Order 6102, a todas las personas a entregar sus tenencias de oro a la Reserva Federal y les entregó dólares billete contra el oro de la población. Solo artistas, joyeros y dentistas se salvaron. El Estado pagó 20,60 dólares la onza, cuando en el mercado libre cotizaba arriba de 35. Aquella histórica pesificación de Roosevelt equilibró las cuentas externas y comenzó a sacar al país de la depresión: también se había meneado como excusa entre quienes defendían la pesificación de Eduardo Duhalde en 2002. La historia económica se ocupó de refutar tamaño ridículo, al marcar las diferencias entre el peso argentino y el dólar norteamericano. La inflación en EE.UU. fue algo más de 500% desde entonces a la fecha, mientras que en la Argentina llegaría a 150 billones por ciento, según recientes cálculos del economista José Luis Espert. Desde luego, la orden de Roosevelt se hizo cumplir con todas las de la ley en Estados Unidos, pero jamás se violó un domicilio ni una caja de seguridad sin orden de un juez.
Ni siquiera el crimen organizado hubo de preocuparse demasiado por la intimidad de sus cajas de seguridad. En 180 años de historia, solo una vez Scotland Yard obtuvo la autorización de un juez para abrir cofres (foto). Fue el 6 de mayo de 2011, cuando se abrieron unas 7000 cajas de seguridad en Londres, todas a nombre de una pareja que había creado la empresa Wealthy Lifestyles (Vidas de Millonarios), y que se dedicaban a cuidarles los botines a los delincuentes, incluyendo cuadros y joyas robadas, armas, estupefacientes y demás menesteres. Todo a cambio de 50 millones de libras, cambio chico para los relatos e intrigas locales de bóvedas y bodegas,
No estaría de más algún tuit de la Jefa de Estado sobre toda esta cuestión, aprovechando su reciente y correcta idea de remarcar las zonceras que recorren la Argentina, como para tranquilizar a la gente. Incluso el Gobierno podría, como en tantos casos, argumentar que esta zoncera de las cajas que genera inquietud en la población obedece una vez más a un acto presuntamente terrorista del periodismo crítico, y que en nada los funcionarios son responsables de toda esta locura.
En verdad, cajas de seguridad y cuentas de argentinos en Uruguay, Suiza y Estados Unidos hubo siempre. Blancas, grises y negras. Sin duda se multiplicaron estos años los usuarios, en buena parte porque los avances tecnológicos en telecomunicaciones acercan los servicios financieros a mayores sectores de la población con capacidad de ahorro. Pero no hay duda que en Argentina se aceleró la fuga de capitales desde que Cristina llegó al poder en 2007 y se multiplicó en su segundo mandato con el cepo y la persecución al dólar. Si el Gobierno, sin cambiar el ritmo de devaluación del peso en el mercado oficial, legalizara el Blue y permitiera la compraventa libre de divisas sin afectar las reservas del Banco Central, terminaría toda esta locura. No haría falta ni el blanqueo, ni el Cedin, ni los perros en la Aduana. Por cierto, tampoco habría que desmentir el delirio de los scanner y las cajas de seguridad.
Tampoco el actual Gobierno es el primero en instalar el control de cambios y el estatismo económico. Conviene recordar, justo en la Semana Billiken, que además de la llegada de los Kirchner al poder, este sábado se recuerda la Revolución de Mayo. Que fue precisamente una gesta por la libertad. Tanto que las primeras medidas económicas de la Primera Junta fueron eliminar el control de cambios y disponer la libertad de comercio. También la libertad de prensa que estabaahogada por la monarquía española, entonces en decadencia.
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