Los empresarios argentinos del agro ya miran más allá de la coyuntura. “El sector está viviendo un muy buen momento”, coinciden.

Ahora, para sostener el crecimiento y competir con Brasil y Estados Unidos, plantean que hay que volver a poner el foco en la eficiencia y resolver las trabas que encarecen la producción local.

“El agro se olvidó de ser eficiente”. Con esa definición, Ignacio Lartirigoyen, presidente de la empresa que lleva su nombre, resumió uno de los principales desafíos que enfrenta hoy el campo argentino: después de años en los que el negocio financiero tuvo un peso central, las empresas deben volver a concentrarse en producir al menor costo posible. El diagnóstico apareció durante el Foro Nacional de Agronegocios organizado por LIDE Argentina en el Alvear Icon Hotel.

Asimismo, agregó que uno de los problemas actuales del sector es el costo logístico. “Necesitamos adaptar la logística y tratar de ser más eficientes en el uso de los tiempos y la descarga en los puertos”, apuntó.

Alejandro Elsztain, CEO de Cresud, reconoció que está cambiando la lógica de producción del agro y deslizó que hoy la región tiene la potencialidad de convertirse en un abastecedor mundial de alimentos. “Es una región relativamente pacifica, con poblaciones chicas y grandes superficies productivas. Es un gran buffer de comida al mundo. Pero todavía no está aprovechando esta ventaja al 100%”, dijo.

En ese sentido, destacó el crecimiento del agro brasileño que, en dos décadas, triplicó la producción argentina. Allí, la empresa tiene presencia desde 2006, momento en el que comenzó su expansión internacional.

“Es un negocio al que se le dio trascendencia en todos los gobiernos. Van y hacen trabajos de millones de dólares de manera rápida, no dudan al momento de invertir, como los argentinos. El agro brasileño tiene ritmo industrial y una ley nacional muy clara que se respeta. Con esa previsibilidad, producen”, dijo.

Así, Brasil empieza a tener un mayor peso en las empresas argentinas. Por caso, a Grupo Don Mario (GDM) ya le representa alrededor del 70% de su negocio, mientras que el mercado local lo hace en un 10%. En Argentina desarrolla propiedad intelectual con un marco que, según sostuvo, quedó obsoleto.

“La ley que regula la propiedad intelectual sobre semillas es de la década del 70 cuando casi no había producción de soja. Argentina podría usar tecnología mundial para producir más y mejor; pero mientras el país no haga un cambio regulatorio de semillas, la tecnología no va a llegar. Es una herramienta que va a necesitar para seguir compitiendo con el mundo”, sostuvo.

A pesar de eso, coincidió en que “el campo vive una situación positiva” y que la empresa se encuentra trabajando en el mejoramiento genético que podría cambiar el desarrollo de semillas.

“Estamos tratando de identificar las combinaciones de genes asociadas a determinadas características de las plantas. Una vez que se define el código y el ADN, se puede sintetizar la semilla. Esto va a generar desarrollos mucho más customizados para determinadas demandas y usos”, explicó.