El escenario regulatorio del mercado de trabajo argentino consolidó un giro histórico con la sanción de la Ley de Modernización Laboral 27802. Esta norma es el resultado de un largo proceso de marchas y contramarchas políticas que comenzó con el decreto 70/2023 y continuó con los debates de la Ley Bases. En este escenario, las compañías se encuentran ante un esquema que busca dotar de previsibilidad a las contrataciones y reducir los costos asociados a la conflictividad judicial.
“Tenemos la precuela; tenemos el capítulo dos; y este sería la tercera parte. Hoy la reforma está vigente en los artículos que afectan a las personas y las empresas, se están aplicando”, explicó Rodrigo Solá Torino, socio de Marval O’Farrell Mairal.
El especialista aclaró que mientras algunas disposiciones de regularización esperan reglamentación, el núcleo del vínculo diario ya opera bajo las nuevas reglas. “En lo que hace al derecho individual, hay modificaciones con respecto a la fórmula del cálculo de la indemnización. Hay muchos mitos; no se elimina la indemnización, sino que se ordena. De alguna forma recepta algunos parámetros más razonables”, detalló el abogado.
Uno de los avances más significativos para mitigar el riesgo corporativo se vincula con la tercerización de servicios. “Hay modificaciones en cuanto a la solidaridad. El empleador era responsable por las acciones del contratista o subcontratista; ahora la ley distingue entre la empresa que va a controlar el cumplimiento de las obligaciones de su contratista de la que no hace nada”, dijo Solá Torino.
Premiar las buenas prácticas
Esta distinción premia las buenas prácticas de auditoría interna y cambia las reglas de juego. “Le permite al contratante eximirse de responsabilidad cuando va y controla que quien le provee un servicio cumple con sus normas. Antes pagaban justos y pecadores”, argumentó el analista.
En el plano colectivo la ley abre una ventana hacia la descentralización de las discusiones paritarias. “El sistema previo a la reforma laboral desalentaba el convenio de empresa porque el piso era el convenio de actividad. Va a haber un poco más de espacio en la autonomía de la voluntad”, sostuvo el especialista. De este modo las pymes y grandes firmas ganan margen para adaptar los acuerdos a su productividad real.
Lejos de una precarización absoluta el cambio normativo se presenta como una actualización de las herramientas vigentes. “La reforma laboral no quita derechos, no elimina el sistema como fue concebido en Argentina. Sigue siendo un sistema protector, sigue habiendo derechos en la Constitución que ahora están reglamentados con alguna particularidad”, concluyó Solá Torino para llevar tranquilidad al mercado y remarcar que el espíritu de la ley busca avanzar hacia una verdadera modernización del mercado de trabajo.