

La bodega boutique Riglos, destinada a vinos de alta gama y controlada por Darío Werthein y Fabián Suffern, está por sumar un nuevo accionista minoritario. Se trata de Rafael Calderón, quien asumió como CEO de Riglos en septiembre de 2010, luego de estar al frente de Bodegas Salentein durante tres años.
Mi ingreso como accionista significa involucrarme de otra manera con el proyecto. La calidad de los productos por sí sola no garantiza el éxito de una bodega, por eso Darío busca también invertir en management y en el aspecto comercial, explicó Calderón.
La bodega, nacida en 2002, tiene 72 hectáreas, 40 de ellas con vides en Gualtallary, Tupungato, con uvas de alta calidad, de las cuales elabora el 30%. El resto las vende a bodegas para vinos premium. Produce 40.000 botellas al año, con marcas de $ 80 a $ 200, con el asesoramiento del enólogo Paul Hobbs. Destinamos el 90% a exportación y el 10% al mercado interno, pero el objetivo es vender el 30% en el país, mejorando la distribución. Siempre es bueno vender en el país donde uno produce y, además, por la inflación, hoy también es más rentable, explicó Calderón.
Por el momento, los vinos se elaboran en bodegas de terceros con alta tecnología. Planeamos tener una bodega propia en tres años, cuando prevemos vender 60.000 botellas, explicó. Riglos factura u$s 600.000 al año.









